Quizá me arrepienta algún día de haberme sentado a escribir esta historia, así como me llegué a arrepentir de haberme enamorado de Oscar.
Alguna vez supuse oportuno sentarme a recordar y a tratar de arma mi historia a su lado, pero simplemente llegué a estancarme al no recordar el momento justo en que caí en sus redes.
Veintiún años mayor que yo, a esos cuarenta y dos años de lujo, con una vida laboral exitosa, dos hijas de matrimonios diferentes- encantadoras y divertidas y yo entrando a trabajar al restaurante del cual era gerente.
Desde el principio mostró interés, pero al poco andar, descubrí que era algo que hacía con cada chica nueva que se cruzaba por ahí. Historias y más historias salían de la boca de sus conocidos que me prevenían de lo que intentaría hacer. Yo escuché siempre atenta, pero al final, mi espíritu aventurero y mis ideas de "no restricción" me llevaron a equivocarme una y otra vez...