Despierto y sé que sigues aquí, adentro, en mi corazón. A pesar de todos los pensamientos oscuros de anoche, sigues intacto, tan fuerte como hace un año. Un año. Es entonces cuando noto que no es lo mismo en tu caso...
Tú has pasado por otras chicas, por otros dolores, por diferentes amores. Y tú, en mí, has sido único.
No sé si volver puede ser una opción. Tú piensas en singular, yo trato de encontrar un hilo que aún nos una. Y tengo miedo, y tengo frío y tengo desesperanza.
Quizá deba de aceptar la amistad... quizá deba de asesinar este sentimiento. Ya no sé.
Pero no es una opción -en definitiva-, el tirarme al piso y llorar de nuevo, mis uñas no lo resistirían esta vez.
Quizá si se me cayeran toos los dientes, o si encontrara esas llaves que lo abren todo. Tal vez si me aventara a un río y nadara eternamente...
Ya no encuentro dónde meterme para esconderte profundamente...
Siempre sales a flote... no entiendo por qué.
Ayúdame, ayúdame por favor, a comprender la razón de esta locura. Explícame porqué sigo amándote, a pesar de que no deseo hacerlo.
Dame la espalda, clávame esa mirada afilada, méteme en una caja de hielo, córtame la lengua, enciérrame en el olvido, entiérrame con tus sueños rotos. Conviérteme en una luna de un planeta lejano... quémame y después aviéntame a las aves...
Hazme algo que no me duela, para que tampoco recuerde el sufrimiento. Destrúyeme sin que me de cuenta, para que no te cuestione más.