Amor mío, yo anduve ciego hasta que tus ojos me enseñaron a mirar. Después de tí todas las mujeres me parecen feas porque tu corazón es bello como una flor temprana, el remedio de tu alma me cura las heridas, y solo de tus trigales quiero al pan que me alimente hasta mi muerte.
Como compro lo que no necesito vivo endeudado, con libertad bajo fianza por contar la historia de mis fracasos en cien canciones que nunca escucho, y aunque busque tesoros frutales hundido en tu escote y mire de reojo al que no siente que el futuro recién comienza, me desvivo por cuidarte, por oírte y celebrarte; amada mía a veces en la vida sale el comodín, y te confieso que me siento menos solo desde que estoy contigo.
Amo tu boca, tu paladar, tu lengua, tu saliva, y esos ojos tuyos que me revelan cada profecia, cada giro o pirueta del destino, y tu pulmón que respira y el corazon que parpadea tu existencia, y tus oidos que me escuchan, y amo tus dedos que marcaron mi telefono para llamarme la primera vez cuando moría en mi horizonte la tarde llena de adioses.