Es pues imprescindible, a todo el que pretenda comprender y tratar la mama enferma conocer su normalidad y ello empieza por un análisis de sus funciones: nutricia, simbólica, estética y erótica... De la antigua premisa anatómica que la “función hace la forma” también podríamos deducir que la forma nos indica las funciones. En la mujer el hecho de que la mama sea un órgano permanente y no sólo evidente durante la lactancia como en el resto de los mamíferos nos muestra ya la posibilidad de que ejerza otras funciones. La primera es que representa mucho más que un órgano meramente nutricio, Plutarco afirma que “la naturaleza ha dispuesto la mama de manera que, mientras le nutre, la madre pueda tener al niño, mirarle, hablarle y sonreírle”. Esta función catalogable como maternal es lo que para Ch. Gros diferencia la denominación mama aplicable a todos los mamíferos de la de seno propio de la mujer.