Blogs:
Inicio Blogs
Crear mi blog
Escribir/Modificar
Ayuda
Los tops:
El Top 100
Los + activos
Los + comentados
Los + recientes
Los preferidos
Los vídeo blogs
Todos los blogs
Información Blog:Título:
MIS CONFESIONES


Por: kchondanna
kchondanna

Descripción:
SERAS TESTIGO DE TODAS LAS AVENTURAS SEXUALES EN LAS QUE HE PARTICIPADO

Categoría: Sexualidad

Noviembre 14
LMXJVSD
          12
3456789
10111213141516
17181920212223
24252627282930
Visualización
MIS CONFESIONES : Listado de los artículos con su título solamente
MIS CONFESIONES : Listado de los artículos enteros sin los comentarios
MIS CONFESIONES : Detalle de un artículo entero con sus comentarios
Últimos posts:
EN LA CALLE
DE VACACIONES CON MI MASCOTA
UNA PERRITA (FELIPE)
UNA PERRITA (MINI ORGIA)
UNA PERRITA (EXPERIMENTANDO)
EL RECUERDO DE MI PADRE
aventuras ( mi hermano)
MI CUÑADO RENE
JAMAS IMAGINE
ALGO QUE NUNCA PENSE
¡Noticia!
El blog de enFemenino.com El blog de enFemenino.com
MIS CONFESIONES
Y AHORA!!!! MI SUEGROCreado el 16 Enero a 21:10 
Y AHORA!!!! MI SUEGRO
Lo que me ha ocurrido, si me lo dicen hace algún tiempo, hubiera jurado y perjurado que sería imposible, pero me ha ocurrido y curiosamente, no tengo problemas de conciencia, me siento relajada, feliz, plena. Y todo eso, por haberme convertido en amante de mi suegro. Como decía, él viene a vernos con frecuencia. A mi marido no le gusta mucho la casa y unas veces con la excusa de hacer deporte, otras de tomar una copa con los amigos, otra el trabajo, se ausenta con frecuencia. Nos quedábamos por ello muchos ratos solos Manuel y yo.

Yo creo que todas las jóvenes tenemos un cierto morbo con los hombres mayores y aparte de eso esa travesura natural mía, me hizo conducirme con algún descaro. No tuve reparos en jugar un poco con él, unas veces haciendo como que se me había desabrochado algún botón de la blusa, otras con un cruce de piernas dejando ver más de lo recomendable. De reojo miraba su reacción, trataba de evitar mirarme, luchaba con él mismo, pero al final no podía evitar clavar los ojos en mi escote o en mis muslos. Me divertía y al tiempo me sentía muy mujer. Alguna vez comprobé que tenía una erección, porque en esas situaciones, sentados en el salón, recurría a un truco, que era ponerse un cojín encima para disimular. Yo reía para mis adentros. Esta situación nos llevó a un cierto grado de complicidad, de algún comentario insinuante, algún chiste, etc., pero llegar a más, hasta que ocurrió.

El día que se inició mi relación con mi suegro fue en una tarde de junio, calurosa, plomiza. Mi marido llamó diciendo que no vendría a comer y aproveché para llamar a mis dos amigas que hacía tiempo deseaban que hiciese un hueco en mi agenda para acompañarlas a comer. Avisé a Manuel que comería fuera, él me dijo que se apañaba bien solo, que comería y se echaría una buena siesta.

Tapeamos por una zona de bares, muy frecuentada, alternando unos buenos vinos y algunas cervezas. Bien colocadas ya, decidimos ir a un disco-bar, para tomar alguna copa y bailar algo. El local estaba bastante lleno y tras pedir en la barra, no tardaron en acercarse algunos chicos de nuestra edad, con ganas de ligar. Coqueteamos un poco con ellos, bailando algunas canciones. Uno de ellos se pegó bastante a mí, se notaba que le gustaba y buscaba marcha. Aprovechando el baile me dio algunos buenos estrujones, y en un momento en que me tenía agarrada por la cintura, bajo su mano hacia mi trasero, agarrándome bien. Educadamente le dije que era mujer casada, que me tenía que ir, dejé a mis amigas con los chicos, porque noté que me estaba poniendo mucho a tono y no quería problemas. Lo cierto es que entre las copas, la insinuación de aquel joven, que además era bien guapo, subí al autobús de vuelta con una buena calentura. Notaba bien mi excitación. De pie, agarrada a la barra, abrí algo las piernas. Me apetecía aire fresco entre ellas. Su hubiera podido me habría quitado las braguitas, que las notaba muy mojadas. Sentía mi sexo moverse solo, abrirse, expandirse. Necesito ahora un buen pito, me dije.

Llegue a casa en ese estado. Abrí la puerta, procurando no meter ruido y desde el pasillo me asomé a la habitación donde estaba mi suegro, pensando que ya dormía. La puerta estaba entornada, y me asome un poco. Manuel… duermes. No, hija, me contestó. He comido y me acabo de acostar, estaba leyendo. Tú que tal, te lo has pasado? Bien, bien. Voy a ducharme, hace un calor tremendo. Luego dormiré también un rato. Me fui al baño y tras ducharme me puse una simple camiseta de tirantes, que tapaba justo mi trasero, sin nada absolutamente debajo. No me había bajado la excitación y ya tenía previsto acostarme en mi cama y masturbarme con tranquilidad para relajarme. Lo solía hacer de vez en cuando, sobre todo en las ocasiones en que mi marido se ausentaba.

Vestida así, sin miedo a que me viese mi suegro, ya que pensé que no saldría de la habitación, me dirigí por el pasillo hacía mi dormitorio. Entonces fue cuando oí el primer trueno. Sonó como un tremendo estampido sobre nuestras cabezas. La típica tormenta de verano. Tengo auténtico pavor a las tormentas, debe ser algún problema que arrastro de la niñez. Una vez que estaba sola, llegué a meterme en un armario empotrado, y me quedé allí más de media hora. Asustada, me fui hasta la puerta del dormitorio de Manuel. No sabía que hacer, si entrar o no. Me quedé allí, temblando… Qué miedo tengo, que horror….¡¡¡ Él sabía bien de mi fobia a las tormentas. Se incorporó un poco y me dijo, ven, no tengas miedo, quédate aquí. Estaba echado de lado, sobre su costado izquierdo, mirando hacia mí. Hizo un gesto, apartando la sábana, invitándome a ponerme a su lado. Ni lo pensé… Me eché junto a él, quedándome en su misma postura, de costado y dándole la espalda. El subió la sábana tapándome con ella (menos mal, porque se me veía todo). Pero una vez que me arropó no retiró el brazo, sino que lo quedó sobre mí, como protegiéndome, abrazándome. No le di importancia y me dejé apretar un poquito contra su cuerpo. Resultaba muy agradable, era un hombre sumamente cuidadoso con su higiene, siempre perfectamente aseado, perfumado, con un aliento fresco que daba gusto.

Quedamos en silencio. Los truenos seguían sonando y el fogonazo de los relámpagos iluminaba la ventana. Yo me estremecía y él aprovechaba para apretarme algo más. Transcurrió un cierto tiempo y los truenos se fueron espaciando. Se está alejando la tormenta.. le dije. Creo que sí, me contestó, espero que no vuelva. Ninguno de los dos hizo nada por separarnos, seguimos allí en la misma posición. Yo miraba por un ojo entreabierto el reloj de la mesilla. Las 16:30 h. Ahora me comenzó a hacer algo de efecto el alcohol y entré en un sueño ligero. Abría de vez en cuando el ojo, ya que aunque con sueño, la situación era tan especial que tampoco podía concentrarme. Algo traspuesta, sentí que algo ocurría. Volví a abrir el ojo que tenía libre de la almohada. Las 16:45 h. Me había despertado por algún roce que sentía. Procuré centrarme saliendo de la somnolencia. Era la mano de mi suegro, sobre mi muslo, algo más arriba de la rodilla. Me quedé quieta, sorprendida, pero al tiempo me sentía bien. Nada dije ni nada hice. Pasaron otros cuantos minutos; por supuesto, ya nada de dormir, tenía el ojo más abierto que una ardilla, expectante. La mano de mi suegro subió lentamente, hasta recorrer casi todo el muslo, volvió luego a bajar, volvió a subir. Una mano grande, pero suave. La caricia era casi imperceptible, delicadísima, deliciosa. La quedó quieta otro rato, y la volvió mover. Estaba claro que estaba pendiente de mi reacción. Al ver que no me movía, que me hacía la dormida, subió hasta palpar toda la cadera. Ahí se quedó un buen rato, movió la mano en círculos, atrás, adelante… como sorprendido. Por fin caí en la cuenta……… que no llevo bragas………¡

Pero ya no había remedio, así que a aguantarse. La mano se animó ahora con movimientos más largos, recorriendo mi vientre, mi brazo. Subía hasta el comienzo del pecho, bajo la camiseta, pero no pasaba de ahí. Estaba realmente confusa, llena de emociones contrapuestas. Por una parte me sentía mal, era el padre de mi marido. Por otra, realmente halagada, el sentimiento que ponía el hombre en acariciarme era algo distinto a lo que estaba acostumbrada. Pasaron otros largos minutos, que yo contaba segundo a segundo, disfrutando del momento. Al final la mano se tornó más atrevida. Llegó a los pechos y ahora no se detuvo. Agarró de forma decidida mi seno derecho, que quedaba arriba. Tengo unas buenas tetas, pero la mano grande la tomaba entera. Apretó despacito, amasó el pecho, pasó la mano extendida por el pezón, poniéndomelo duro… Yo ya caliente como una perra, claro. Volvió a bajar, ahora palpando la cadera. Se retiró algo de mí, lo justo para meter la mano entre ambos y acariciar mi culo. Siempre muy suave, muy despacio, como si tuviera miedo a que saliera de allí rebotada. Ahora los dedos se abrieron paso entre mis nalgas. Las yemas de sus dedos rozaron ligeramente mi sexo, que estaba mojadísimo. Se mantuvo allí un poco, moviendo un poco la mano, disfrutando de mi humedad. Noté que su respiración se agitaba.

Se retiró en ese momento un poco hacia atrás, despacio, y noté que algo hacía con la ropa, incorporándose un poco. Ya sé, me dije… está quitándose la ropa interior, se está desnudando, mi suegro tiene intención de cogerme….¡. Estaba espantada, pero algo me retenía allí, clavada en la cama sin moverme ni cambiar de postura. Muy despacio otra vez, volvió a pegarse bien a mí. Me agarró las piernas por detrás de mis rodillas y las empujó un poco hacia delante. Entendí enseguida el mensaje: quería que encogiera las piernas. Así lo hice, subiendo las rodillas, casi en posición fetal y quedando expuesto el trasero a su voluntad. Ahora sí. Ahora sentí su miembro duro entre mis nalgas, que al subir las rodillas se habían abierto, dejando mi coño bien expuesto. Yo tenía la zona totalmente empapada, de forma que su polla resbalaba de atrás a adelante, lentamente, en un vaivén exquisito que me enloquecía. Se retiraba hacia atrás, y volvía a empezar, sin penetrarme. Noté por el contacto que era un miembro bastante respetable de tamaño. Lo encajaba perfectamente en mi coñito. Notaba como la cabeza del instrumento se abría paso entre mis labios íntimos, separándolos, abriéndolos, mojándose en mi jugo. Me estaba volviendo loca de gusto. Cuando llegaba arriba del todo, lo dejaba ahí a lo largo, entonces apretaba suave en la cabeza de su aparato, para estimularme el clítoris. Carajo con el maduro, decía yo para mí, sabe bien lo que es una mujer y como trabajarla.

En uno de esos deslizamientos yo moví un poco el culo en la forma apropiada, cuando pasaba el glande del nabo cerca de mi entrada, y zas………¡¡¡. Sin dificultad entró la cabeza y medio miembro. Nos quedamos los dos quietos, algo azorados. Pero la realidad era la que era, buena gana ya de disimular. Así que decidí ya afrontarla sin miedos. Me volví un poco hacia él, y musité despacio, con voz melosa: Manuel… ¿sabes una cosa? Dime, Leyla. Te estás cogiendo a tu nuera….. Sí, lo sé. ¿Y que opinas? Qué voy a opinar… Que soy un cabronazo. Lo reconozco. No, no. No me refiero a eso. Te pregunto si te gusta. Me miró algo sorprendido por mi pregunta. Y también con voz grave, emocionada, me dijo. Gustarme no es la palabra. Es mucho más. Es exquisito, cielo. Nunca pensé que una mujer me daría tanto placer, ni tampoco imaginé que iba a hacer el amor a un bombón como tú.

Me sentí muy bien. Sabía que no lo decía por adularme, era sincero. Y ya totalmente entregada, me di media vuelta despacio, quedando boca arriba y pegada a él. Pasé mi pierna derecha por encima de su cuerpo, abriéndome toda. Bajé los tirantes de la camiseta, dejando mis senos desnudos. Abrió los ojos admirado, observando mis senos que son hermosos y firmes, de aureolas grandes. El de lado, se acomodó bien entre mis muslos, y de forma magistral, de un solo empujón, entró en mí hasta el fondo. Sentí una sensación especial, deliciosa, como nunca había sentido. Muy excitada ya con los juegos preliminares, nada más sentir la penetración me llegó una especie de sensación de mareo, unas contracciones fuertes en la zona del sexo y exploté en un orgasmo tremendo, al tiempo que un gemido profundo, ronco, salía de mi garganta. Delicioso, que rico… Me salía solo un hilo de voz. Nunca me había corrido así, nada más metérmela. ¿Tú lo has sentido, Manuel? No cariño. Apenas me ha dado tiempo, has sido rapidísima. Además, me preocupa que te quedes embarazada. Tranquilo, que tomo la píldora. Puedes follarme sin miedos. Pero ahora, sácamela un poquito, que me relaje, ahora seguimos.

Me ocurre algo cuando ciento un orgasmos, se me queda el coñito algo sensible y necesito unos minutos para que se relaje. Así se lo pedí y mientras tanto me insinué con mi boca cerca de la suya. Entendió lo que quería y pasamos a una larga sesión de besos, dulces, sabrosos. Desde luego era un experto amante. Me acariciaba con pasión todo el cuerpo, sobre todo mis mejores curvas, el culo y los pechos. Mantenía una buena erección a pesar de su edad. Le pedí un favor: No te corras hasta que yo te lo pida.. ¿Podrás aguantar, Manuel? Creo que sí, cariño… lo intentaré. Quería que aguantase. Quería una tarde larga de sexo. Ahora, transcurridos unos minutos, mi chochito volvía a pedir guerra. Me volví a insinuar con descaro y entendió bien mi deseo. Comenzó besando mi cuello, bajó por mis pechos y mi vientre, recorriéndome con su lengua. Yo de espaldas, los ojos medio cerrados, concentrada en el place infinito que me daba aquel hombre. Mi suegro me tenía reservada la mejor sesión de sexo oral que nunca me habían dado.

Yo tengo los labios del coño grandes y más cuando se me hinchan si estoy caliente. Por eso se me forma un surco entre los labios y los muslos. Mi suegro recorría la cara interna de mis piernas, llegaba a ese surco, lo lamía, luego pasaba al otro, sin detenerse en mi coño. Me tenía en vilo, terriblemente excitada. Me preguntaba cuando se iba a decidir a comerme toda. Estaba tumbado entre mis piernas, totalmente abiertas, me sentía la más puta y eso me calentaba aún más. Comencé a jadear de deseo. Por mi boca salían cosas que nunca pensé que podría haber dicho. Sigue… sigue…. Fóllame toda….¡¡¡ Me vuelves loca… voy a reventar de gusto….¡¡ Yo le decía todo eso a mi suegro……..¡¡¡ Nunca pude imaginarlo. Pero ahí estaba, espatarrada para él, disfrutando como una posesa, cumpliendo el deseo oculto de follar con un hombre maduro. Era hábil para todo. Sacaba unas veces la lengua solo a medias, dejándola rígida, y con ella jugaba en la entrada de mi coño, y me penetraba un poco con ella. Otras veces la sacaba totalmente fuera, extendida, y así me lamía, abriéndome el coño con la lengua, succionando el clítoris. Otra vez las contracciones, los espasmos, comencé a dar saltos con mis caderas. El me abrazó fuerte los muslos sujetándome contra la cama para no perder el contacto. Otra explosión, otro orgasmo potente. Yo estaba acostumbrada a sentir dos con mi marido, pero el segundo siempre era más débil y me costaba algo de trabajo. Esta vez fue más fuerte que el primero, más intenso, más largo.

Quedé exhausta y él también agotado. Se dejó caer sobre mi pubis, relajado. Yo parecía flotar, medio desmayada. Sentí su voz, entre mis muslos, como lejana: Me encanta el olor de tu conchita, cielo…. No sé cuánto tiempo pasó. Era una sensación extraña de paz. Mi mente estaba vacía, como si fuese incapaz de pensar. Estaba allí, con la cabeza de mi suegro entre mis piernas, como si fuese lo más natural del mundo. A cabo de un tiempo volví a sentir que se movía. Ahora subiendo despacio por mi cuerpo, buscando mi boca. Volvimos a besarnos con pasión. Sentí mi propio sabor y no me molestó. Al contrario, volví a excitarme con la idea de que parte de mis jugos estaban intercambiándose con nuestros besos. Lo hacía todo sin prisas. Este era mi hombre. Diferente a los machos jóvenes con los que había cogido hasta ahora, muy potentes, que solo piensan en el poder de la picha. Esto era distinto. El morbo, la delicadeza del hombre maduro, tal como había oído comentar a algunas amigas que habían dado este paso, se cumplía plenamente.

Ahora se puso totalmente sobre mí, aunque sin aplastarme. Se apoyaba en parte en sus rodillas y codos. Abracé al hombre y noté su corpulencia. Es bastante más grande que su hijo. Yo, que como he dicho, soy algo pequeña, me sentía totalmente poseída. Aunque digan que la postura del misionero es demasiado clásica, es la auténtica para sentirse así, mujer dominada y disfrutada. Como prisionera del hombre que la tiene a su voluntad. Como contribuyendo a aumentar esa sensación, el me sujetó las muñecas por encima de mi cabeza, y ayudándose con las rodillas me abrió totalmente. Sentí como nuestros sexos entraban en contacto y de nuevo, con un golpe fuerte de sus caderas me penetró hasta el fondo. Sentí como golpeaban nuestros pubis. Sentí su fuerza. El coño me ardía, abierto al máximo. Ahora parecía quererme demostrar que también podía follar a tope, dejando a un lado la suavidad. Y me gustaba y mucho. A todas las mujeres nos gusta la delicadeza, pero también, que de vez en cuando nos follen a todo trapo. Ahora gemíamos los dos al unísono. Me abracé a su cuello como una perra en celo.

Subí las piernas todo lo que pude, de forma que la penetración se hizo profunda, me golpeaba la polla en el útero y tuve que bajarlas de nuevo, ya que me molestaba. No podía más….Parecía que me iba a partir en dos. Al final le rogué que terminara. Córrete, hazlo conmigo, cielo…. No esperes, siéntelo, amor. Y así lo hizo. Lo sentí perfectamente, el chorro de esperma en el fondo de mi recipiente. La culminación, la delicia final. Esa sensación de que el hombre se vaciaba en mi, fue como si me hiciese su regalo más especial, más intimo. Y sin esperar más, el tercer orgasmo me vino suave, más delicado que los otros, pero también delicioso. Mi suegro no dijo nada más. Se dejó caer sobre la almohada en una sensación de paz que me enterneció. Lo arropé ahora con la sábana, se había quedado dormido. Yo me levanté, menuda pero crecida al mismo tiempo. Desnuda me miré en el espejo de la pared y me sentí la más bella. La Mujeron con mayúsculas.

“Ya había dado el paso de convertirme en amante de mi suegro. Había ocurrido como saben de una forma no premeditada, un inicio casual, aunque existiese ya un fondo que nos incitaba a lo que finalmente ocurrió. Tras aquel primer encuentro en la cama, en aquella tarde de tormenta, entramos en un deseo mutuo, tremendamente morboso. En ocasiones tuve que pedir a mi suegro que dejara de visitarnos durante algunas semanas, ya que había que poner un freno en nuestra actitud, cada vez más atrevida. Pero al final, ya fuese uno u otro, volvíamos a caer de nuevo en nuestra relación tan viciosa y desvergonzada. El sexo se convirtió para mí en una necesidad, como la misma comida. Así que si mi suegro al final, haciéndome caso, demoraba algo sus visitas a nuestra casa, al final acababa yo llamándole, diciéndole que viniese. Otras veces, se presentaba él de improviso. Lo cierto es que nuestros encuentros sexuales en las ausencias de mi marido, se sucedían en cualquier momento y lugar. Siempre me cogía receptiva, no me negaba a nada, porque yo andaba todo el día por la casa como perra en celo. Por su parte, había recuperado a pesar de sus años el vigor sexual de la juventud. El deseo que por mí sentía lo hacía empalmarse con tremenda facilidad. Me poseía en el dormitorio, en el baño, por el pasillo. Era común en él abordarme de improviso, arrojarse a mis pies y bajarme la ropa interior, estando yo de pie por la casa. De rodillas pegaba su boca a mi coño, ya hacerme el sexo oral era su vicio favorito. Yo no podía resistirme, así que me dejaba caer un poco, doblando las piernas, apoyada en la pared, me abría para facilitar el juego de su lengua y allí mismo me corría. Otras veces me dejaba caer al suelo y allí mismo me penetraba. Podría contar muchos de estos encuentros, pero ahora se me viene a la memoria uno de los más morbosos que vivimos, ya que mi marido estaba cerca.

Yo ya estaba embarazada, de cinco meses. No de mi suegro, claro. Cuando mi marido y yo decidimos que había que tener un hijo, le pedí a mi suegro que se abstuviese de venir mientras me quedaba preñada. Me obedeció bien en eso, y no apareció en dos meses. Cuando le comenté que ya estaba encinta, que me falta la regla, volvió de nuevo y los encuentros volvieron a tener lugar, incluso con más pasión, ya que el hecho de estar preñada parecía que lo incitaba más. Me levanté aquella mañana del sábado sobre las nueve de la mañana. Era primavera, con un buen sol. Vivimos en una casa unifamilar, en una urbanización tranquila. La vivienda tiene un pequeño jardín en su parte delantera, separado de la calle por una pequeña verja. La cocina tiene una ventana a ese pequeño jardín. Yo me había ya duchado y para desayunar, y antes de vestirme de calle para salir a algunas compras, volví a ponerme el camisón de dormir, sin nada debajo. En la cocina, mi suegro preparada unas tostadas, que sabía que a mi me gustaban. Mi marido, que había madrugado algo más, estaba en la calle, conversando animadamente con algunos vecinos con los que compartía aficiones sobre deportes.. Se oían sus voces y risas a través de la ventana.

Mi suegro, sentado junto a la mesa de la cocina, esperaba mi llegada para comenzar el desayuno. ¿Has preparado ya las tostadas, Manuel? Sí, Leyla. Buenos días.. Te esperaba para comenzar. Ok. Yo ahora voy sirviendo el café. Retiré la cafetera y comencé a llenar las tazas. Estaba de pie, al lado de mi suegro. El, sentado, pasó la mano detrás de mis rodillas y fue subiendo. Es que no te puedes estar quieto… me vas a quemar con el café… protesté. No puedo evitarlo cielo, hace ya muchos días que no te tengo. Cierto era, mi suegro hacía ya un mes que no venía a visitarnos. Había llegado la noche anterior, algo tarde y no habíamos tenido oportunidad. Bueno, te paciencia, le dije, ya sabes que tu hijo sale a hacer deporte después de comer. No sé si podré esperar… Seguía sobando mis muslos y mis nalgas bajo el camisón… Me encantas cuando estás sin bragas, dijo ya totalmente salido. Yo me estaba ya mojando, como auténtica guarra. Siguió sobando mi culo, apretándome contra él, sin dejar que me separara. Quiero cogerte ahora, Leyla. No puede ser, está ahí tu hijo, en la puerta, puede entrar. Nos puede ver, no estoy a gusto. Tranquila, tiene para rato con sus amigotes. Apaga la luz. Cierra la ventana. Eso es… Con la cortina es imposible ver nada de fuera hacia adentro. Desde aquí los estamos viendo, si entra nos da tiempo a colocarnos.

Sin mas preámbulos, el muy cabronazo, apartó los trastes de la mesa. Me hizo inclinarme sobre ella, con el culo ofrecido. Me apoyé, cruzando los brazos sobre la mesa. Él me levantó por detrás el camisón y se bajó el pantalón del chandal que llevaba. Así de fácil. Con una mano separó algo mis nalgas y con la otra dirigió su tallo ya bien erecto a mi coño. No hizo falta preparación previa, yo ya chorreaba, necesitaba también una buena montada. De un solo golpe, hasta el fondo…¡ Sentí golpear fuerte su cuerpo contra mi culo. Llegamos a desplazar un poco la mesa. Menos mal que la ventana estaba cerrada, y los de fuera estaban polemizando algo sobre fútbol, con voces altas. De lo contrario hubieran sentido mis gemidos de puta… Era algo inusual, de películo porno. Allí, penetrada por el padre de mi marido, gimiendo de placer, mientras de fondo me llegaba la voz de mi marido. Pero yo había alcanzado ya un nivel total de degradación puteril, sencillamente, pensaba con el clítoris, no con la cabeza. Me corrí enseguida la primera vez, como era mi costumbre. Luego me relajé y seguí aguantando sus envites. La situación era realmente escandalosa. Su hijo, mi marido, allí a pocos metros y nosotros follando, poniéndole los cuernos sin reparo alguno. El morbo era tremendo, era un polvo más prohibido aún, arriesgado. Pero él siguió penetrándome. No teníamos prisa, a pesar de todo. Siempre queríamos disfrutar largo rato. En esa posición, incluso consiguió meterme un par de veces la cabeza del nabo por el mismo culo… Me quejé….ay…….¡¡. Ya me la había metido más veces por vía anal, pero con lubricante, claro. Ahora solo tenía mi humedad natural. No forzó la entrada total del miembro por esa vía, pero durante un largo rato me hizo disfrutar por ambas entradas. Decidimos terminar, parecía que los de fuera empezaban a despedirse. Me la encajó de nuevo en el coño…Apretó….sujetándome fuerte por las caderas, estaba a su voluntad. La penetración era profundísima, sentía la punta de su estaca en lo más íntimo. Volvieron de nuevo mis dulces sensaciones, una oleada de calor me invadía… Apriétame, cariño, así… no me la saques ya…. Voy a terminar… eso…..así, asíiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii.Dulcísimo orgasmo. Me sentí feliz cuando noté también su eyaculación, copiosa. El cuando se corría decía siempre mi nombre: Leyla, Leyla…….ahhhhh…..

Justo a tiempo. Escuchamos el “hasta luego” de mi marido y el abrir y cerrar la cancela del jardín, antes de acceder a la vivienda. Mi suegro rápidamente subió su pantalón y se sentó, componiendo algo la mesa. Yo me fui al cuarto de baño, a arreglarme algo y ponerme bragas, joder, lo único que faltaba es que sin ropa interior comenzase a gotear el regalo de mi suegro. Volví a los pocos minutos; mis dos hombres desayunaban charlando de sus cosas. De veras, que éramos mi suegro y yo dos actores insuperables. Saludé a mi marido, y ambos me invitaron a sentarme y compartir con ellos el desayuno: Vamos, Leyla, ahora tienes que comer por dos…. No solo es que tuviera que comer por dos, es que además, tenía que comer para aguantar las folladas de los dos…ajajajaa”

Tiempo después decidimos ir de vacaciones y alquilamos un apartamento en una zona costera. Siempre los tres, juntos, formamos buen equipo, en todos los aspectos. Nos habíamos ido a media mañana a la playa, con la intención de pasar varias horas e incluso comer algo, para regresar al caer la tarde. Llevábamos buen equipo de playa, para acomodarnos bien y estar a gusto. Entre ese equipo, una amplia sombrilla, que tal como hacía mucha gente que pasaba casi todo el día en la playa, se complementaba con una tela amplia, que ya estaba preparada para engancharla en el contorno de la sombrilla. La parte inferior se enterraba un poco en la arena, para evitar que la brisa la moviera y de esta forma queda montada una especie de tienda, donde los bañistas se refugiaban para resistir tantas horas de sol, para echar una cabezadita después de comer algo… y como no… para echar un buen polvete. Aquella misma mañana, nos habíamos reído un buen rato, viendo como bajo una sombrilla cercana, montada de esa forma, por la abertura que hacía de puertecilla, asomaban cuatro pies, dos con los dedos hacia arriba y los otros hacia abajo…ajajaa. Nosotros habíamos comido unos buenos bocadillos de jamón (siempre sabe riquísimo en la playa). De la neverita portátil, mi suegro y mi marido se habían bebido una botella fresquita de buen vino. Contentísimos los dos, como no. Así que algo apretujados bajo aquel tenderete, los dos hombres echaron un sueñecito. Yo quedé leyendo un poco, soy menos dormilona, salvo cuando me corro…

Mi marido, que parece el rabo de una lagartija y no se está mucho tiempo quieto, salió pronto a la playa. Y como le gusta un balón más que a un tonto un lápiz, pronto inició un partido corriendo por la arena con unos cuántos adolescentes. Mi suegro comenzó a salir de su letargo. Yo estaba en una de esas pequeñas hamacas de playa, que te permiten estar sentada a nivel del suelo pero con la espalda apoyada y erguida para leer o tomar el sol más cómodamente. Mi suegro, echado en la toalla, rebulló un poco, se estiró, bostezó… y comenzó a mirarme, cosa que solía hacer descaradamente si su hijo no estaba con nosotros. Yo llevaba un conjunto de baño, un bikini de color blanco. Me gusta ese color, aunque mi marido siempre me dice que más parecen unas bragas. Yo leía la revista, con el suegro tumbado al lado. La hora de la siesta se presta y si se han tomado unas copitas de vino, aún más. Así que el puñetero, comenzó a hostigarme. Leyla… Qué quieres, Manuel.. Estoy pensando, según te miro, lo buena que estás…. Ya me lo has dicho muchas veces, no debe de ser ya para ti una novedad verme. Pues es igual, siempre te encuentro estupenda… y te deseo.

Yo ya lo veía venir. La capacidad de mi suegro me sorprendía cada día. Como era posible que habiendo cumplido los 50 tuviera aquella potencia. Era un auténtico Príapo, siempre dispuesto. Él me decía que una jovencita como yo, lo merecía. Así que siguió dándome la vara. Me encantan tus pechos, es de lo mejor que he visto. Muchas gracias, Manuel, celebro que te guste. Déjalos fuera, Leyla…. Me relaja tanto… Tú crees que es momento para eso. Para deleitarse contigo siempre es momento. Está bien, le dije, te daré ese gusto. Metí la mano bajo el sujetador del bikini, sacando los dos pechos fuera, por arriba. Acomodé la prenda bajo el seno, doblándola para que no me molestase. Es un gesto que queda sexy, y que recomiendo a todas las mujeres. En esa posición los senos quedan desnudos, pero siguen levantados por el sujetador, quedando muy excitantes. Así que, mujeres, a nuestras parejas, darle esa sorpresa de vez en cuando, y hacer el amor con el suje puesto tal como les digo. Quedé con mis dos tetones fuera, exquisitamente ofrecidos. Él se había apoyado sobre un codo, mirándome mejor. Me devoraba con la vista. Es como si fuese la primera vez que me veía. Yo me hacía la tonta, la fuerte, la distraída, y seguía leyendo. Los pechos algo más claros que el resto de la piel, ya más bronceada. Los pezones sonrosados y grandes. Te haría el amor ahora mismo, Leyla… No lo dudo… Siempre estás empalmado, no me explico que comes…. Observé con disimulo su erección, ya bien notable bajo su traje de baño. Me sentía tan halagada, viendo el deseo del hombre… Pero quería resistirme, la verdad, allí, medio ocultos por la tela, mi marido a unos 50 mts… me parece más riesgo del que corríamos habitualmente. Pero el juego me divertía. Me haces otro favor, Leyla. Qué se le ocurrirá ahora, pensé. Quítate la braguita, hazme ya el favor completo. Manuel… no te cansas. Puede venir tu hijo de golpe, que pasaría si me sorprende desnuda. Manuel se asomó por la rendija de la improvisada tienda. Está disfrutando ahora con el partido, ni se acuerda que estamos aquí. Y si viene, lo vemos acercase y tú no tardas un segundo en ponerte el bikini… No sé que adelantas con eso, Manuel. Me tienes ya supervista, pero vale, lo haré, si me prometes vigilar lo que sucede fuera.

Saqué la braguita del bikini, dejándola a mano y colocada para ponérmela de inmediato si hacía falta. Ahora él cambió de postura, movió la toalla de sitio, quedándola a mis pies, algo atravesada. Se acomodó de nuevo y se puso a verme el coño como si estuviese viendo el mejor cuadro de Goya. De veras que es precioso, Leyla. Soy afortunado de disfrutar ese coñito tan especial, tan sabroso, tan dulce, tan caliente siempre. Creo que es un coño como otro cualquiera… Pues no… no lo es. Hay coños y coños. Todos apetecen, pero algunos se salen de lo común, como el tuyo.

Yo lo sabía bien, que mi coñito era algo distinto. Pero me gustaba que él me lo dijera de vez en cuando. Ya dije en el primer relato que mi sexo tiene los labios muy gruesos, gorditos. Llama mucho la atención a los hombres y les encanta jugar con ese bollito que sobresale descaradamente, sobre todo cuando me excito. Pues mi suegro solía hacer eso a menudo, jugar con mi coño, usando sus dedos en forma de pinza. Otras veces mordía esos labios con delicadeza y los succionaba, llevándome al éxtasis. Yo ahora seguía haciendo que leía la revista, pero sus ojos clavados en mi culo, me estaban ya alterando la sangre. Quería resistirme, pero ya notaba que algo se me abría por dentro. Al final se va a salir con la suya, pensé. Nunca consigo decirle que no, intentaré aguantar. Pero si yo misma era un buen putón, que descaradamente abría y cerraba las piernas para permitirle ver todo bien, como iba a aguantar. El puñetero se bajó ahora el bañador, dejando fuera su instrumento. Un buen nabo, como ya os he dicho anteriormente. Mi suegro, casi siempre muy serio y formal, cuando tomaba una copita se ponía tontorrón y alegre. Así que se dedicó a meterse conmigo como si fuera un chiquillo. Se cogía aquel tronco con dos dedos por la base y lo agitaba atrás y adelante. Leylaaaaaaaaaaa……… mira lo que tengo, es para ti, si lo quieres…¡ Menudo cachondo. Me reía para mi interior, aunque intentaba mantenerme seria, haciéndome la estrecha. Y le seguía el juego, como si fuéramos dos niños: Pues me alegrooooooo, cariño, que tengas todo eso….más de una se alegrará de ello. Solo es para ti, Leyla y quiero que lo tomes ahora. Manuel… que no puede ser, que no es buen sitio, date un baño, el agua está fría, te sentará bien.

No me hacía caso… y yo sabía que no iba a desistir. Una vez que se empalmaba no había forma de sujetarlo. Volvió a cambiar la toalla de sitio, poniéndola ahora junto a la entrada de la tienda. Se puso al revés, boca arriba, la cabeza junto a la entrada. Mira, Leyla, que fácil es. Tú ahora me montas, y me follas a tu gusto. Como estás sentada encima mío, mirando hacia la playa, podrás ver si viene. No puedo, me da miedo, de veras. Volvía a luchar conmigo misma. Notaba perfectamente que el flujo ya salía lentamente de mi sexo, resbalando por mi culito hasta la hamaca. Mi querido suegro me seguía provocando: Estás segura, cariño... Mira, por favor, como lo tengo, me estás haciendo sufrir, me hacen daño ya los huevos de hinchados que los tengo. Ten caridad, por favor…. Desde luego el cabron tenía buen humor. Eché otro vistazo a su polla, erecta como un mástil y ya no pude más. Imposible resistir mis ganas de follar, me tenía como revuelta por dentro. Así que eché una mirada a través de la pequeña abertura de la lona, tiré la revista a un lado y de un salto, como una gata en celo, me acomodé a horcajadas encima de la macana de mi suegro. Lo sorprendí totalmente… Ahhhhh, leyla, cieloooooooo…. Joder, que me aplastas, que susto…. No era esto lo que quería, cabronazo…? Pues toma hembra, toma….

Me senté encima de su pitote, pero sin metérmelo. Lo quedé en posición horizontal y lo encajé bien en mi chocho, a lo largo. Me encantaba hacer esto con mi suegro y mi marido. Mi movía hacía atrás y hacia delante, restregándome la abertura en toda su longitud. Cuando me echaba hacia atrás aparecía delante de mi pubis la cabecita del pollón, como si quisiera salir a respirar de la cueva encharcada. Luego me iba hacia delante y de nuevo desaparecía debajo de mí. Cuando hacía eso, me gustaba forzar la eyaculación del hombre, viendo el chorro de semen proyectarse sobre su barriga. Ahora comencé a gemir un poco sin control, a pesar de que había gente muy cerca. De vez en cuando miraba hacia delante para controlar a mi marido. Jugué así un buen rato, teniendo al suegro bajo mi control. Él se dejaba hacer encantado, en esa posición era yo la que mandaba. Yo decidía el final. El calor me subía de la entrepierna hasta el mismo cerebro. La boca se me abría ya por falta de aire y mis ojos se quedaban como en blanco, con la cabeza caída un poco hacia atrás. El placer era sublime, exquisito, inexplicable. Mi suegro me recordó donde estábamos: No te olvides de observar, cielo. Que yo no puedo ver nada así como estoy.

Menos mal que no perdía el control, mi follador, estaba en la realidad. Paré mis movimientos casi espasmódicos y eché un nuevo vistazo. Todo bien. Pero había que ir terminando. Mi suegro ahora agarrado a mis tetones me disfrutaba a tope. Aceleré el ritmo. Ya me apetecía metérmela, así que me eché hacia delante, buscando la mejor posición, y cuando noté que la estaca apuntaba a mi entrada, me eché para atrás de un golpe, clavándomela sin compasión. Me puse otra vez en posición vertical, dejándome caer con todo mi peso. Mi suegro me agarró por abajo las nalgas para separarlas bien, abriéndome toda. Sentí el pollón casi en el estómago. Mi suegro también acababa. Con toda su potencia levantó varias veces las caderas, elevándome en vilo. Estuve a punto de salir disparada por la abertura de la tienda. Me agarré fuerte a sus manos. Fue un orgasmo tremendo, simultáneo, explosivo. Habíamos aprendido a hacerlo coincidir y siempre lo conseguíamos. Cuando terminé, aún continué unos segundos con mi movimiento de atrás a adelante, arriba y abajo, como aprovechando las últimas sensaciones. Qué viciosa soy, me dije. Cada día más salida, más puta, pero que felicidad.

Después de aquellos orgasmos tan terribles me quedaba medio desmayada, sin conocimiento, como en una nube. Así me pasó ahora. Me dejé caer sobre al toalla, desnuda, vencida, agotada. En ese momento, no me importaba nada, ni siquiera si venía mi marido o no, ya que perdía la noción de la realidad. Menos mal que mi suegro estaba en todo. Medio aletargada, mi suegro limpió delicadamente mi sexo con un kleenex para quitarr el exceso de mi flujo y de su propia corrida. Me colocó bien el sujetador, y me puso la braguita del bikini. Era perfecto. Me tapó un poco porque la tarde se acababa y hacía algo de fresco. Cogió el paquete de cigarrillos y salió fuera de nuestro refugio. Con los ojos casi cerrados, observé que se sentaba en la arena, cerca de donde jugaba mi hijo y los otros chicos, encendiendo su cigarrillo. Oí las risas de todos y me quedé profundamente dormida.

La tarde playera había sido magnífica…. están de acuerdo
Lista de comentarios


Enviado por el 6 Noviembre a 4:24

que buena historia linda... pero el mundo da vueltas tarde o temprano saldrá a la luz o uno de tus hijos pagara ese pecado...


Página de comentarios :
1
Volver a la lista de blogs



###