Ya no estoy llorando, por que a escucha se quedaron mis palabras detrás de puertas cerradas. Pronunciada con el ardor varonil de un caballero que acaba de venir de ganar batallas de hacer sucumbir sus rivales y llevando a cuesta toda fortuna recaudada, todo llanto amargo de supervivencia y clemencia que pudo provocar.
A puertas cerradas hoy llora un caballero afligido, de coraza oxidada y maldita, de sentimientos puros y vanos en su propio pesar, de pasos agitados y lentos al pisar, y ¡hoy arrastra una amarga desdicha, su ejército rival!
Pero. Oh presumida luciérnaga que alumbra mi alma solo para ver mis heridas y mis llagas. No duerma en tu convencimiento de niña malcriada, no busques flores en bosques de espinas, pues sus pétalos hieren como el amor traspasa armaduras de acero y yelmos dislocados. Quiebran las lanzas más erguidas y atraviesan escudo como la lluvia a este aire fresco.