Un nudo en la garganta, náuseas y confusión. Todo en el mismo momento.
Estas frente a ella y no sabes que hacer, no sabes que decir para evadir lo que estas sintiendo. Piensas que vomitaras y ella te odiara por siempre.
Pero ella no lo nota, sigue hablando y tú aparentas prestar atención mientras tratas de contraer tus síntomas.
Luego, de un momento a otro, repentina e inesperadamente para ambos, la interrumpes. Sabes que lo detesta, pero no puedes evitar que todo salga... Te quiero, dijiste. Y un silencio quejumbroso se apodero del lugar; es como si el mundo se confabulara contra ti para escuchar lo que por fin te atreves a decir...
Ambos callaron también, el nudo en tu garganta se va diluyendo; y luego, cinco segundos después, ella toma la palabra a lugar de nuevo, sigue con el tema que tenía. Y entonces, tus palabras parecen insignificantes, la confusión vuelve a su lugar legítimo: tu mente. Te preguntas ¿cómo rayos pudo no haberle importado? ¿Lo dijiste o alucinaste? No sabes que más pensar! Estas hundido en un mar de pensamientos, y ella sigue hablando..
Tomas conciencia e impulsiva pero sutilmente te acercas a ella y susurras a su oído un ‘te quiero’ nuevamente. Puedes sentir que sus latidos se aceleran y ella siente tu respiración sobre su piel, el nudo desaparece y te sientes mejor. A la expectativa, pero mejor.
Entonces, ella voltea hacia ti. Sus miradas son ahora una sola. Te sientes incomodo, jamás habías estado así. Ella rompe el silencio y dice: ‘Te escuché. Y sabes qué? Yo también te quiero’. Ambos corazones laten rápidamente y pueden sentir la respiración del otro. Sin embargo, ella aparta su cara de ti, busca en su mochila algo, y tú tan sólo sigues mirándola. Anonadado de verla. Luego, saca una guía de su mochila, te la da y sigue hablando del tema anterior.
Parece que nada hubiese sucedido. Que tan sólo lo has imaginado. Pero esta vez entiendes. Te quiere, Lo dijo. Y en ese silencio que los rodeaba pudiste comprenderlo, pues solo una mirada basto para decir todo lo que con sus labios calló.