Descripción: Un blog de poesia...citas.....un poco todo lo que se me ocurra poner!!!asi veo yo mi vida, mi mundo, mi universo.... (La mayoria de los textos y frases no son mias....)
Tú miras hacia el mar en las playas de Diego Vasallo. Yo te miro a ti, como el que observa paciente la luz de un faro que trata de conquistar un cielo nublado. Te he contemplado. Te he adorado. Te he deseado. He llegado a quererte hasta batir todos los récords mundiales. Nos unieron la palabra sinergia, los coches de alquiler, los paisajes desérticos, los cines vacíos, los poemas de José Hierro, las ganas de frío en pleno verano y algunas personas buenas. Empezamos a fabricar los momentos sin pretenderlo, improvisándolo todo, partiendo de ALGO y añadiéndonos suerte y ganas. Tú me ayudabas poniendo tu mano en la mía sobre el cambio de marchas, recortando instantes al decirme "te quiero" con una naturalidad increíblemente especial. Ahora mis ojos tiemblan y resbalan sobre cada matiz de tus gestos y, por tu culpa, las palabras que no me gustan desaparecerán de los mapas. Hemos escuchado a los mismos locutores de Radio 3, esos que con su voz de canalla seductor te cuentan historias para hacer una buena siesta. Ahora tú me miras y yo te devuelvo cada uno de los abrazos que me regalas cuando despierto, como si fuera tan fácil. Me contemplas. Me adoras. Me deseas. Es más, nos queremos como nunca podríamos haber querido a nadie capaz de volar... y sí, también nos dejamos querer. Si te busco, me dejas pistas para que te pueda encontrar. Si me pierdo, sólo tú sabrás "y dónde y cómo y cuándo" me podrías hallar. Y nos tocan la fibra las mismas voces de las canciones que nos descubrimos mutuamente. Y entiendo que tienes los ojos grandes porque lo observas todo con el corazón más grande todavía. Que me das los besos más dulces y más intensos cuando me llevas de excursión a los rincones donde te preguntas sobre el sentido del sinsentido. De mi calle a la tuya, hasta la parada del autobús, y después allí, donde una lavadora de juguete centrifugó en un escaparate cualquier rastro de nuestro pasado, en la calle San Fernando. Yo me voy aprendiendo tu tacto y tu olor, por si me quedo ciego a estas alturas, y camino recorriendo tus pasos por el túnel que nos lleva hasta tu casa. Y tú, otra vez, me redescubres la vida, como un regalo sorpresa, cruzando sus pasillos laberínticos, hasta alcanzar una habitación con el número 7 en la puerta, detrás de la cual todo signo de tristeza se canjea por una felicidad generosa e infinita, detrás de la cual todas las películas pueden rozar el happy end tan complejo y tan anhelado de la realidad. Tus ojos esta tarde han vuelto a reír, al comienzo del invierno...