Descripción: Aunque estoy casada, para mí el matrimonio por amor es un imposible con el que de momento sólo he podido soñar, pero por fortuna, encontré el amor fuera del muro invisible que forma una alianza. Muchos hombres han pasado por mi vida, ¡muchos! Y aunque he aprendido bastante sobre su modo de ser, aún conservan aspectos que me suponen todo un enigma, y a mayor misterio, mayor atracción; como un círculo vicioso que me roba el corazón ;)
Josh no ha dado señales de vida. Supongo que le afectó que me tomase tantas confianzas con él por escrito y eso le ha hecho poner distancia para estar a salvo. ¡Qué raro es! Puedes hablar de todo con él por teléfono o en persona, pero si se lo escribes, parece que le da tiempo a rumiarlo y a asustarse.
Alan se ha tomado muy a rajatabla lo de no molestarme. Mejor. Pero a mí me fastidia tanto que me pueda andar vigilando en el tuenti, que me da como grima pasarme por allí y que ande pendiente de mis movimientos. Prefiero comprobarlo todo desde el email y si debo responder a alguien, también lo hago con mensajes. No publico nada sólo para que él no lo vea. Lo malo es que debo preguntarle algo y no sé cómo se lo va a tomar. Y es que, esa noche cuando quedamos, yo recuerdo que no se le levantaba y que él quería hacérmelo todo con dedos y boca, pero, y ¿después? Del después no me acuerdo. Supongo que, como siempre, me dormí y él se fué.
Últimamente me duermo en cualquier lado. Pero ha empezado a preocuparme la idea de que después sí que se le levantara y... Ya sabéis. No sois niños. Y yo andaría medio dormida, medio grogui, y no comprobaría el tema del preservativo, que de por sí, excepto Josh, la mayoría de hombres insisten en saltarse. ¿Por qué hacéis eso, chicos? Sobre todo si la mujer os dice que hay riesgo de embarazo. Tengo una amiga que ya esta harta de que cada mes, su amante ocasional decida desobedecer y quitarse el preservativo al final prometiendo correrse fuera. ¿Creeís que eso sirve de algo? ¿Qué? ¿Os hace sentir muy machos dejar a mujeres preñadas a diestro y siniestro? Supongo que sí, ¿qué se le va a hacer? Es lo que la naturaleza os ha grabado en los genes, ¿no? Lo de Alan me preocupa porque preferiría no haberlo hecho con él a todas todas. Pero, ¿cómo se lo digo? Lo más probable es que me mienta, para salvarguardar su autoestima, y ya que yo no recuerdo, se inventé que por supuesto que tuvo una erección. bah, casi mejor olvidarlo y pasar de preguntar, ¿no? Mejor sigo con la fantasía sobre Til...
La tenía delante, y su expresión, de miedo y sorpresa, también podía confundirse con la del primer ataque de un orgasmo. Por unos instantes volvió a verla debajo de él y sobre la arena, todo su empeño puesto en satisfacerla y triunfando. ¡Cuantas noches inciertas se había masturbado con esa imagen de su rostro, con el gozo de saberse un héroe para una mujer!
-No voy a portarme mal esta vez, no temas- dijo tratando de infundirle calma con una sonrisa.
Ella se echó de nuevo hacia atrás, apretándose cuanto pudo contra la valla. Quiso decirle que sí, que más le valía no hacerle más daño, pero recordó cuan poco le agradaban a él los reproches, y a falta de otra cosa que decir, prefirió callar y esperar.
Til tampoco sabía como continuar y mirando al suelo, apartó unos cuantos guijarros con la punta de su zapato, notando como otra vez caía en la trampa de pretender adivinar qué era lo que ella quería oír, y de elegir entre mostrar lo que de verdad sentía o de averiguar qué debería sentir como hombre en una situación así.
-¿Dónde ibas? –preguntó señalando con la barbilla al riachuelo que precedía a la cascada- ¿A saltarlo?
-Quería llegar a la playa del otro lado –repuso ella, acariciando el paisaje con sus pestañas al mostrarle con un mínimo gesto de sus ojos dónde estaba aquel otro lado.
Ya, como si pudiera olvidarlo. Era donde estaba la playa secreta, la playa recóndita, donde tuvo lugar la última noche grandiosa antes de que todo se acabara.
Ella había ido a verle por un par de horas, insistiendo en que él se marchase a las dos para no despertar al guarda, como acostumbraba hacer, a pesar de que esa noche Til había decidido que ya estaba bien de mirar por el bienestar del guarda, cuyo trabajo de todos modos era abrir la puerta a los huéspedes del hotel a cualquier hora de la noche.
-Ahora ya sé por qué te sentaba mal que me fuera a las dos –dijo.
Ella alzó las cejas.
-¿Ah, sí? –repuso súbitamente alegre, porque sus palabras le daban la certeza de que él también se había roto la cabeza analizando los hechos- Y, ¿por qué?
-Porque yo decía que era para volver antes de que el guarda se acostase a las dos, vamos, que era cuando echaba la llave a la puerta y si yo volvía antes de esa hora… -ya iba de camino por la mentira y se detuvo antes de decir que su intención había sido no tener que llamar para entrar sin ser visto y que así nadie hiciera especulaciones sobre lo tarde que regresaba. Tomó aire- Que sí. Que tú sólo podías venir cada dos semanas y era una sandez preocuparse por el Edu, que de todos modos se acuesta a las mil y llames o no llames te ve entrar porque su perro ladra.
¡Ya! ¡Qué bien quitarse un peso de encima diciendo la pura verdad!
Sinmarah también pareció tranquilizarse, dejando descender un poco los brazos a lo largo de su cuerpo, y sus hombros ya no quedaron tan rectos y tiesos.
-Sí, es cierto. No me hacía mucha gracia que no aprovecharas el poco tiempo que teníamos juntos. Habría querido que te quedases toda la noche a mi lado, por supuesto –sonrió nostálgica- O al menos, hasta las cinco de la mañana.
Se rascó la frente y se pasó los dedos por el pelo, recorriendo la cabeza hasta la nuca y dejando luego caer el dorso de su mano por su pecho.
Eso, lo de irse a las dos, era una minucia, ya que al menos quedaba con ella en vez de darle plantón, pero con el tiempo, había habido graves afrentas. A Sinmarah se le fue desdibujando la sonrisa al recordar la última. Dos horas y media llorando en la cama. Jamás en su vida había llorado tanto. Y todo por el modo en el que Til le había hablado, como si la repudiara, como si cumplir la orden de su jefe de ir a decirle que dejase libre Internet fuera peor para él que tener que limpiar los baños del bar en el que trabajaba..
Sinmarah se había quedado petrificada cuando repentinamente se abrió la puerta de la recepción, donde a ella le habían permitido usar el ordenador, y apareció Til, clavándole sus ojos como dardos envenenados de puro odio.
-Que ha dicho el jefe que apagues eso –dijo despectivo y arrogante, alzada la barbilla.
-¡Ey! –se quejó Sinmarah- ¡Él mismo me ha dicho que puedo estar aquí!
A Til le contrarió sobremanera que ella no acatase la orden.
-Ya- replicó huraño- Pero es que tienen abajo que pasar las cuentas y se les corta –concluyó mientras se marchaba.
-¡Espera un momento! –le retuvo Sinmarah, a quién algún bucle extraño entre sus neuronas le hizo albergar una súbita y vana esperanza- ¿Puedes quitarme esto? –le pidió extendiendo el brazo y mostrándole una pulsera tejida que llevaba en la muñeca.
Til respiró por la nariz, con sorna, como si él estuviera muy por encima de realizar tal tarea.
-Eso –pronunció como si se tratara de algo detestable- Mejor te lo quitas tú.
Y se marchó. A Sinmarah aún se le mantuvo el brazo extendido unos segundos, mientras la incredulidad cedía y se desplomaban sus tenues barreras para dar paso al espanto. Se sintió herida por todo el cuerpo, de pecho a espalda y de pies a cabeza. Desolada y maltrecha, apagó el ordenador y casi en estado de shock se encerró en su habitación, donde se tiró en la cama, lamentándose.
Resultaba que la pulsera era un hechizo que le había puesto una mujer en Brasil, una especie de desamarre amoroso para liberarse de Til. Y sólo había dos modos de lograrlo: esperar a que la pulsera se desgastara y cayera por sí misma, lo que podía tardar muchos meses, o pedirle al implicado que la desatara.
Más tarde, cuando el llanto cedió y comenzó una furia nacida de la incapacidad de comprender por qué él la trataba de manera tan miserable, cogió un mechero y lo acercó a la pulsera, pisoteándola sobre el suelo cuando cayó, anhelando su destrucción. Le lanzó mil insultos en pensamiento.
Y fue recordar esa escena y volver a la realidad, cinco años después, con Til junto a ella y con todo el poder para herirla de nuevo. No debía permitírselo.
talvez suena como un pretexto los hombres quieren mantener su hombria de pertenencia, por eso pineso que a los hombres no les gusta usar amiga estess bien!