Descripción: Aunque estoy casada, para mí el matrimonio por amor es un imposible con el que de momento sólo he podido soñar, pero por fortuna, encontré el amor fuera del muro invisible que forma una alianza. Muchos hombres han pasado por mi vida, ¡muchos! Y aunque he aprendido bastante sobre su modo de ser, aún conservan aspectos que me suponen todo un enigma, y a mayor misterio, mayor atracción; como un círculo vicioso que me roba el corazón ;)
No os acordaréis seguro, pero igual os suena. Que el año pasado había un camarero (con novia) que me miraba mucho y tal y un día me dijo que sentía algo muy fuerte por mí, y me miraba como si hubiese visto a un ángel, y me pidió un beso, y no me pude negar, pero nos vio un compañero suyo y yo temía que se hubiera enterado la novia, por lo que incluso ahora sigo sin pasar por la tienda donde trabajaba la novia. Pero el otro salí y ¡muy fuerte! Me le encuentro, yo le explico, por amabilidad, porque no me había vuelto a ver el pelo, y me dice que cortó con ella y que ahora tiene piso propio y que vive solo. Y lo más bonito fue que al darme la cuenta, para que mi amiga no se enterara, me escribió su número en el reverso del ticket. Y hoy, voy y me le encuentro. ¡J00der!! ¿Por qué no me encuentro al doble de Til?
Y eso, que el chico este ahora trabaja en un lugar por donde casi es imposible no pasar, y hoy me ha saludado con amplia sonrisa y mirada de muchas esperanzas. Y el otro con el que también estuve, está en otro lado por donde también he de pasar quiera o no, y eso, ¡que me siento acosada! Voy a tener que mudarme lejos de aquí por seguridad, jejeje
Anoche estuve mirando por la ventana 12 minutos sin quitar ojo a ver si pasaba el doble de Til e intentando, cual detective, calcular las horas, pero es muy complicado. Todo apunta a que se tira una hora haciendo footing, pero... Igual planeo salir cada día a tirar la basura con un diferencia de 5 minutos, contando desde el día en que le vi pasar más pronto, a las 21:47, y así, hasta llegar al día en que le vi pasar más tarde, a 22:47. Y cuando le vea, si logro no hacerme notar y seguirle hasta su casa, luego la cosa será fácil. Hmmmm, ayyyyy, en fin, algo en lo que entretenerme, al menos.
Y aquí sigue mi historia inventada...
Habían pasado dos noches en ese hotel. Y la jornada del segundo día él se había portado horrorosamente mal, dejando a Sinmarah sola hasta las diez de la noche, a pesar de que no le tocaba trabajar, a pesar de saber que era una oportunidad que nunca más se repetiría, pues su marido la tenía estrechamente vigilada y rara vez la permitía irse sola y sin su hijo.
Llevaban saliendo el tiempo suficiente como para que hubieran surgido los primeros y educados reproches. Por parte de Sinmarah era que nunca la llamaba, que siempre se iba pronto, que no le daba un beso de despedida cuando le llevaba en coche, que no le regalaba su camiseta, que no le decía cosas románticas o que no salía de la barra a acompañarla al parking cuando le visitaba en el bar. Y por parte de él, que le hiciera esos mismos reproches, pues le recordaba a su madre, siempre sacándole faltas, y que las escasas veces que iba a verle, se pasase el día quién sabe dónde y quien sabe con quién, en vez de hacerle compañía y darle conversación al otro lado de la barra. ¡Ah, y que no le trajese el móvil que tanto le había pedido, ni el CD, ni una copia de sus fotos!
Ella, al menos esa semana en la que estuvo sola, solía aparecer por el bar no antes de las cuatro de la tarde a tomarse el primer café del día, y luego, simplemente desaparecía hasta la medianoche. Por supuesto, Til ignoraba que Sinmarah se marchaba para no resultar pesada con su presencia en el bar, y para no mostrar de modo tan evidente lo muy enamorada que estaba él, ya que, de ser por ella, nada le habría gustado más que transformarse en una bebida poco solicitada y pasarse las horas oculta en una botella, deleitándose con la belleza de Til.
Así, cuando él le preguntó qué había estado haciendo, le mintió, diciendo que se había encontrado con un grupo de amigos y que habían estado en uno de los lagos. Lo cierto era que había estado en una playa remota, sola y aburrida y pensando en él, pero Til la creyó, y por eso la castigó privándole de su compañía aquel día.
Cuando Sinmarah le recogió a las diez de la noche, le entregó una carta muy sincera dónde le explicaba su situación y porque necesitaba que él se comportara tal y como ella le pedía. Incluso le rogaba que aunque no lo sintiera, le dijera que la quería, esa noche al menos, porque pronto le tocaba regresar al vacío de su vida junto a su marido y para sobrevivir, quería atesorar la fantasía de su amor.
-No. Yo paso de decir cosas que no siento –se negó él sin asomo de lástima.
Y es que… ¡odiaba cuando ella sacaba a relucir lo de que tenía que volver con su marido! Siempre se despedía de él con la flotante amenaza de no poder regresar; de que lo intentaría pero no se lo podía asegurar. Y erróneamente, Til creía que cuanto más se hiciese el duro y el desapegado, más ganas le entrarían a ella de intentarlo, pero había estado tirando demasiado de esa cuerda y esa noche, se rompió. Lo vio claramente en los ojos de Sinmarah. Su brillo se apagó de inmediato.
-Está bien. No lo digas si no quieres –le dijo sin mirarle, parpadeando repetidas veces y tragándose con dificultad las lágrimas.
Fue la primera vez que Til se cuestionó su manera de actuar. Siempre había estado seguro de que para conquistar a una mujer había que darle caña, es decir, no llamarla jamás, no molestarse en pedir una cita, no mostrar pena ni gloria al contestar al teléfono por muchos días que hubieran pasado, no concederle ni la cuarta parte de sus caprichos y sobre todo, no pronunciar nada que mirado a través de cualquier prisma pudiera considerarse cursi o romántico. Y la verdad es que le repateaba que las mujeres fueran tan crueles como para darle a uno la patada si hacia algo bueno por ellas. ¿Qué tenía de malo que un hombre te quisiera, eh? Pues no, ellas tenían que destruirlo y destrozarlo y largarse en pos de otro. Pero Sinmarah… Ella era tan diferente a todas, que no le extrañaría que también fuera distinta en eso, pero cuando se decidió a arriesgarse y probar, pareció que ya era demasiado tarde. Era como si Sinmarah hubiera perdido la fe en él. Intentó recuperar la admiración que brillaba en sus ojos al mirarle. Se esforzó en no darse prisa en las despedidas, en besarla siempre que se separaban, en soltar alguna que otra cosa bonita a regañadientes, en caminar de la mano.
-Venga, Til, puedes irte –le decía ella con una sonrisa- Sé que no te gusta entretenerte aquí conmigo en el coche. ¡Vamos, sal, vete!
¡Qué furioso le ponía eso! ¿No tenía él razón? Dale a una mujer lo que te pide y te lo rechazará. ¡No había manera de acertar!
En eso tiene razón el camarero, q tú eres un angel... pero claro como estás en las nubes no te enteras :p Eso de ver a todo el mundo q no quieres ver y en cambio al doble de Til ni la sombra... dá rabia, eh? . Y tu historia inventada...... seguro q no es verdad??? porque me estoy haciendo un lio jajaja voy a terminar majareta perdido. Pues sí, parece q para conquistar a una mujer hay q darle caña.... pero porque? ainnsss q los q somos buenos no nos comemos un rosco :( Pero mira, supongo q es una estrategia, aunque creo q eso toca ser solo al principio, no? porque después cuando hay más confianza uno se suelta.... Es q vaya combinación: Sinmarah, q es única y Til, el hueso más duro de roer q hay jajaja Un beso reina