Descripción: Aunque estoy casada, para mí el matrimonio por amor es un imposible con el que de momento sólo he podido soñar, pero por fortuna, encontré el amor fuera del muro invisible que forma una alianza. Muchos hombres han pasado por mi vida, ¡muchos! Y aunque he aprendido bastante sobre su modo de ser, aún conservan aspectos que me suponen todo un enigma, y a mayor misterio, mayor atracción; como un círculo vicioso que me roba el corazón ;)
Y aquí sigo. Es como magia. Sabes lo que quieres que pase pero no lo que va a pasar, y cada palabra pronunciada es como una encrucijada en la que decidir, una apuesta a rojo o negro sobre el destino final y a mí... me quedó bastante lacrimógeno.
Ella roza el agua con la punta de sus dedos, añorando, soñando con que llegara flotando una botella que contuviese un mensaje de él, pero no hay nada, y no se puede exprimir eternamente los recuerdos, ni aún visitando el lugar donde ocurrieron con la esperanza de que de algún modo hubieran quedado permanentemente grabados en la tierra, cual yacimiento para emergencias del corazón.
Oye su nombre, Sinmarah, y aunque supone que es el susurro del viento en las ramas; le embarga el miedo. De pronto le parece que es la voz de su marido, que acaba de descubrirla allí, y si se gira, se encontrará su rostro, pétreo de furia y una tromba de preguntas pronta a derramarse sobre ella.
Cuando lo oye por segunda vez, un escalofrío le recorre los brazos poniéndole piel de gallina. Ha sonado más alto y ha distinguido el timbre inequívoco de su voz. Asustada, gira lentamente la cabeza. ¡Til! Cuando le ve, su cerebro se protege con una intensa descarga de adrenalina, como una sacudida desde su interior.
Se incorpora lentamente, su respiración repentinamente lenta y profunda. ¡Es él! Y el intenso azul de sus ojos brilla como ascuas en la distancia. De pronto, cae un telón y se hace la noche. Ha llegado el actor principal y comienza el primer acto. Sinmarah juraría que casi en una nebulosa puede verse a ellos mismos, sobre el suelo, desnudos. Y después, la cámara cambia de posición y le ve encima de ella, su cuerpo, su pecho sus brazos esculpidos con martillo y cincel. Y un nuevo cambio de escena, que esta vez muestra el dolor. Una patada de agonía en las entrañas, Til huyendo, corriendo, apartándose de ella, y un daño irreparable del que aún no ha conseguido curarse plenamente.
Por nada del mundo quiere volver a sentir ese dolor, pero ahí está él, a no más de cinco metros de distancia, inmensamente poderoso y capaz de hacerla añicos de nuevo.
Camina hacia atrás, queriendo huir, nerviosa, sin saber qué hacer. ¿Qué hace él allí? Una llamita de esperanza surge en su pecho. ¿También habrá ido a rememorar? ¿También la echa de menos?
Cautelosa, otea el horizonte detrás de él, buscando la figura de su novia, sin cesar de moverse hacia el sendero que la apartará de allí.
-¿Por qué estás aquí? –le pregunta en un murmullo, y al instante se arrepiente.
Sólo hay una posible respuesta a esa pregunta que pueda salvarla de un intenso ataque de pena, y no es la que Til va a darle. ¡Hay que impedir que responda!
-Yo…- le dice llevándose una mano a la cabeza y notando un ligero vahído- Volver a verte tan de repente… No me encuentro muy bien y… y de todos modos ya me iba.
Logra concluir la frase y se echa a correr, lejos, lejos, lejos de él, aunque con cada metro que interpone es como si se le desgarrara el alma. No quiere irse, no quiere quedarse, y sobre todo, no quiere comprobar si él la sigue, ya que si se vuelve y descubre que él se marcha, también quedará expuesta a un golpe tan fuerte de dolor que las lágrimas se derramarán de sus ojos hasta dejarla seca. La máquina de tortura se ha puesto en marcha, removiendo viejos sentimientos y dotándolos de su energía original. El encuentro ha reiniciado el engranaje, y el amor y la necesidad de él son dos cilindros que no cesan de aumentar de revoluciones y potencia.