- Te parece vaya un ratito hoy? - Si claro, te dejo abierto como siempre. Te espero...
Listo ya quedo arreglada la cita para esta noche. Ambos veníamos de fines de semana agotadores, por lo cual el encuentro duraría algo más de una hora, pero no mucho mas.
Me dispuse a tomar un baño relajante, de esos que siempre nos hacen falta a mitad de la semana, pues aún faltaba más de una hora para el encuentro. Me puse ese camisón de seda azul marino, entalladito que se le encanta, pues deja ver muy sutilmente mis encantos femeninos y eso lo enloquece. Aún quedaba tiempo, así que opte por hidratar mi piel con una deliciosa crema de rosas, mientras me servía una copa de uno de mis licores favoritos.
Como siempre oigo tus pasos acercarce y el pestillo de mi puerta que se abre, dejando ver como entra tu silueta a una nueva de mis fantasías. No teníamos mucho tiempo, entonces decidí sin consultarte tomar el control yo esta vez.
Tome tu mochila y la tiré al piso y acorralandolo entre la pared y mis labios comencé a quitarle sus prendas desenfrenadamente, haciéndole ver que estaba a mi merced. Obviamente no opuso resistencia.
Dejé deslizar mis manos en su torzo desnudo lentamente como intentando memorizar cada milimetro de su piel, e inevitablemente mis labios pedían turno para saborearle, sin dejar de lado ningún sitio.
Con un poco de su ayuda nos desprendimos del resto de las prendas y se recostó boca abajo sobre mi cama. La visión era monumental, verlo ahi tendido, desnudo, inmóvil, entregandose. Ahí estaba él, desnudo completamente a mi merced.
Me senté sobre él y acariciandole el cabello, comencé a besarle lento lento su nuca, siguiendo por su cuello y terminando en sus oídos. Eso le estaba gustando, lo pude saber por los pequeños suspiros que dejaba escapar. Seguí recorriendo con tímidos pero húmedos besos su espalda, siguiendo el surco de besos que le fui entregando con mis manos, sedientas de su suave piel.
Sin que lo notara derrame por su espalda un fino aceite relajante; un escalofrío lo recorrió por completo pero le gustaba. Mis manos estaban satisfechas y solamente deseaban recorrer y acariciar y disfrutar de ese hombre. Frote mi pecho agitado con el aceite y unimos nuestros cuerpos de la manera mas sensual que se pueda imaginar, ese momento era mágico. Mis masajes le volvian loco, mis manos no dejaban lugar de su cuerpo sin recorrer.
Rápidamente olvidamos que él estaba a mi disposición y que yo era la que pedía y controlaba, y giró bruscamente colocándose sobre mi. Nuestras bocas se fundieron en un beso desesperado, anciado...
...y nuestras lenguas se fundieron en una...
...y nuestros cuerpos... ...deseosos... ... y humedos... se entrelazaron en una envidiable comunión...