Descripción: ...con las ganas dispuestas para enhebrar historias, para ordenar recuerdos, para evaluar ¡cuanto! llevo recorrido y ganado... escribir como si hablara sola porque este es un espacio personal echado a volar
En esos tiempos la adolescencia pueblerina no tenía mucho encanto, muchas sorpresas... todo era más o menos previsible. Yo no salía a bailar a confiterías, mi padre no tenía confianza, en general significaba viajar a otro pueblo y el riesgo era mayor. Al único que le tenía confianza como persona era a Eduardo B., pero precisamente no era un joven al que le gustara la movida de salir a bailar... Conclusión: poco para contar, algunos amores platónicos como un tal Juan Carlos no me acuerdo el apellido, de una familia de la "periferia", de dudosos valores "sociales"... con algo de "raterismo", en fin, en ese personaje del tajo en la cara había puesto mis ojos... Sólo cambiamos miradas, saludos, una que otra conversación en el banco de la vereda de casa... y nada más. Los domingos venían a jugar los chicos de la escuela salesiana, ahí tenía dos amigos estudiando, Gabriel y Julio. Por ellos conocimos a un montón de varones, uno más bonito que el otro, y todos requete apetecibles. En el festival por una comunidad feliz (y capaz que lo era realmente)... ahora que lo pienso, que linda estampa en mi memoria el haber vivido estas experiencias pueblerinas, donde todo el pueblo iba detrás de algún emprendimiento que pusiera de pie a la comunidad... la verdad que mi pueblo tenía como Ascender!!!!... eran noches festivaleras de pura magia y folklore! Ahí conocí a Francisco. Qué bombón por favor, que dulce de leche!!! alguna corriente de conexión tuvimos aquella noche que hizo que perdurara en mí su olor... Recuerdo que mucho tiempo después seguía abriendo un cuaderno de espirales tapa marrón que tenía entre sus hojas amarillentas el mismo olor de aquella noche... Por esas cuestiones de los varones que se molestan y se provocan apareció en escena Daniel... un pícaro de siete zuelas que aprovechó mi simpatía y la suya para tenderme un anzuelo: con la excusa de conocer el Himno del Pueblo me mandó una carta por Julito... Qué tonta mal yo que le escribí!!! Se sucedieron las cartas, siempre con Daniel. De Francisco ni noticias, o por lo menos no la que quería yo. Me gustaba Francisco, pero no sabía como se seguía para adelante con ese sentimiento... La cuestión es que tuvimos que armar un festival, ni me acuerdo para que, donde actuaban los chicos de la salesiana, en el Cine; nosotros -los del Notre- éramos los organizadores... Era una oportunidad única porque era justamente el curso de ellos, era 3º de la secundaria para mí y el 4º año para ellos. Eran mis 15 años, era el salón de 3º dispuesto al revés, era Alicia Albertario como compañera, eran los casos de factoreo en Matemáticas, la incomprensible Contabilidad, el libro de Historia, Anatomía con el Dr. Blanco, el nacimiento de mi prima Lorena... 3º de la secundaria, eran dos profesores compartidos que nos hacían de correo... Maravilloso. Mucha magia. Esa noche se tornaba decisiva para mí, tenía las cartas echadas con los dos, si venía Francisco sería Francisco... si venían Francisco y Daniel, sería Francisco... si venía Daniel sería Daniel... Era esa noche. Cuando le robaron algo a Finito Torrea.