La verdad es que estos días tengo un sabor agridulce en la boca porque durante estos días me han pasado cosas buenas y no tan buenas.
El viernes me uní al club de las casadas, aún me suena raro jeje. Fui un día muy feliz porque me casé con el hombre que más quiero y con el que quiero pasar el resto de mi vida. Me hubiera gustado haber podido hacer una ceremonia y una celebración como Dios manda, pero no fue posible, al fin y al cabo lo que importa es casarme con el hombre de mis sueños. Además la poca gente que pudo venir fue muy generosa con nosotros y nos dieron muchos regalitos (todos económicos porque son conscientes de la difícil por la que pasamos). No esperábamos que nadie nos regalara, pero aún así nos ayuda mucho y pensamos que gracias a eso podríamos estar al menos un par de meses tranquilos, sin estar tan ahogados como estábamos hasta ahora. Pero, como siempre, desde ese día todo han sido malas noticias y gastos inesperados, así que al final acabamos igual que antes. Trato de no agobiarme, pero es que es muy difícil veo que cada vez queda menos tiempo para que nazca mi niña y las cosas no se solucionan. Jesús y yo lo hemos intentado todo pero hasta ahora no ha sido posible, él sigue sin encontrar un trabajo y a mi en cuanto me ven la barriga me mandan a cagar (perdonando la expresión, pe pero es que a una ya le dan ganas de hablar mal y en plata). Me preocupa mucho no poder atender a mi princesita como es debido. Todo el mundo sigue con el típico “Dios aprieta pero no ahoga”, pues poco le falta porque ya no nos queda mucho aire. Y veo que el tiempo sigue pasando y por cada cosa buena nos pasan tres malas y así vamos capeando el temporal desde hace un año y medio. Creo que nos merecemos que afloje un poco los dedos. Sé que no debería hablar así, pero es que ahora mismo siento una mezcla de rabia, impotencia y tristeza: rabia porque las cosas no nos vayan bien; impotencia porque da igual lo que intentemos hacer, siempre nos sale mal; y tristeza por mi niña, por no tener medios para darle todo lo que se merece.
Sin embargo, siempre hay una flor entre las espinas, y esa mi niña. El lunes fui a revisión. Ella sigue creciendo sanita y fuerte, está un poquito grande, pero eso que importa es que esté bien. El día 19 tengo otra revisión, ya tengo ganas de volver a verla otra vez es una de las pocas cosas que me alegran en los últimos tiempos.
Jesús y yo seguiremos tratando de mantenernos de pie ante la tormenta hasta que las cosas empiecen a mejorar, no nos vamos a dar por vencidos y seguiremos intentándolo todo, por nosotros y por nuestra pequeñaja.