Descripción: Empecé este paseo por mi conciencia en mi espacio anterior... ahora retomo mi blog, y sigo por donde iba... hasta ahora me ha sentado muy bien... así que ¿por qué dejarlo? No sé si os gustará, no lo hago por eso... pero me halaga que lo hayáis seguido tanto hasta ahora. Vuestros comentarios no he podido traerlos... si queréis volver a comentar algo, lo dejo a vuestro criterio.
Un hombre y una mujer han quedado para tomar una café. Nunca se han visto, solo alguna foto y pequeña. Han charlado mucho tiempo, de esto y aquello. De sus vidas, de la vida, de sus penas y sus alegrías.
El cariño ha surgido, y el deseo... de estar cerca el uno del otro. De dar sensaciones a las palabras leidas y oidas. De dar cuerpo a las voces oidas. De comprobar si la mirada desmiente o confirma lo dicho, si los gestos quieren aparentar o si son naturales. Deseo de comprobar el misterio de un ser desonocido con quien parece haber una atracción... quizá hueca. Deseo de despejar ese temor.
La tarde es agradable para pasear. El bullicio de la ciudad, el tráfico que pasa de largo agetreado, la gente que se cruza por las calles en todas direcciones, inconscientes del mágico momento que están viviendo un hombre y una mujer. Impacientes, nerviosos, curiosos.
Cada uno llega por su lado. Podrían haber llegado en el mismo metro. Quién sabe. En cualquier caso la hora se acerca y apresuran el paso. No quieren llegar tarde, no quieren decepcionar y no quieren perder la oportunidad, tantas veces comentada.
A medida que se acercan al punto de encuentro, van oteando a todo lo que se mueve. Aquel chico, aquella chica, ese que está sentado en la mesa solo, aquella que llega a paso ligero por aquella esquina. No, este no puede ser, es más bajo. No no, aquella chica no es, seguro. ¿Será aquel? ¿Será aquella?... dos miradas extrañas se cruzan por primera vez.
Sus mentes son ollas en plena ebullición... los pensamientos se amontonan desordenados... "será él?", "ostias, esa es", "me ha visto?", "me acerco?", "joder qué corte", "mírala", "es ella, seguro, viene hacia aquí", "es él, es él, tierra trágame"... hasta que un hombre y una mujer se paran frente a frente.
Y se miran.
Se sonríen.
"¿Eres tú?", repiten a dúo como si lo hubieran ensayado. Una sonora carcajada explota en ambos, ayudando a relajar la tensión del momento.
Y más risas acompañan sus besos de presentación. Uno en cada mejilla... rozando por primera vez su piel. Pero lo reciente del encuentro impida todavía evaluar ese roce, aunque no pasa desapercibido por ninguno de los dos.
Y ese hombre y esa mujer se sientan en una mesa donde el sol del atardecer enciende el color de sus ojos sin molestar sus gestos, y caliente tenuemente a medida que las luces de las calles y las tiendas van acercando la noche.
Cafés... cucharillas... tintineo de tazas y platos... y miradas. Conversaciones, silencios, risas y miradas. Muchas miradas. Ningún silencio es total, porque incluso en ellos se hablan con la mirada, con los gestos, con la forma de moverse, de reir, de respirar. De escuchar.
El hombre y la mujer se van relajando, se van sintiendo a gusto, los miedos empiezan a desaparecer, llevandose las dudas con ellos, y dando paso al placer. El placer de la buena compañía. Al placer de estar con un amigo y con una amiga. El placer de vivir en directo, en carne y hueso, las mismas sensaciones que tantas veces sintieron a distancia, con un teclado por medio, o con un teléfono. El placer de sentirse seguro, de sentirse segura, de saber que no hay maldad en el otro. De saber que todo lo que se contaron era real, era sincero, era puro.
Poco a poco van recordando sus conversaciones, sus problemas, sus risas, sus juegos... sus fantasías... El rubor llega mitigado por lo mucho que han comentado sobre ese encuentro. Ambos han imaginado aquello bastantes veces, y ninguna conversación resulta forzada. Saben que son un hombre y una mujer solos, fuera de sus circunstancias, por un momento libres de ellas y sus ataduras, por voluntad propia. De manera consciente y consecuente.
Y siguen hablando... siguen riendo... siguen imaginando... y empiezan a proponerse... a plantearse... a acercarse... a retarse... a probarse... a sentir el roce de la piel...
Cielo,la vida se compone de eso ,de momentos,de ratos de sensaciones,que tenemos que debemos difrutar,cada momento.es un momento de vida,una vida que tienes derecho y debes vivir,besos..Joa
.. por cierto.... te quedaste en lo más interesante... ¿ despues de besarse?..... ¿ ocurrió algo mas ?... o eso lo dejas solo a la imaginacion? besitos