Descripción: Montaña fantástica, grandiosa. Que impone su servidumbre a todo el que intenta penetrarla. La gran caprichosa sólo se entrega a los que la aman.
Hoy alguien vino entre versos a decirme que me ama, y la vestí entre mis rosas y la recosté a mi cama. Hoy alguien vertió su llama de canción sobre mi pelo, y partimos con metáforas de amor en pleno vuelo.
Hoy alguien vino llorando entre versos que sin sentido, llenaban un papel ciego, solitario, sin amigos. Me pidió que en un suspiro sanara todas sus letras, pero yo no soy ni mago, ni músico, ni poeta.
Hoy alguien toco mi puerta con versos desesperados, escritos entre la prisa de los enamorados. Tocaba, tocaba ahogada, entre agitación y calma, llorando le abrí la puerta, pues eran versos del alma.
En los días claros, cuando el alma vibra y sube y sube, es tanta su luz, tan íntima y tan pura… que es entonces el regreso, un murmullo, un fuego en llanto, alegría serena, fragor divino de lirios y de rosas, porque es fuego y agua viva y en ese instante es cuando el corazón quema.