Atrincherados seguíamos oyendo los disparos. Eran aislados, pero constantes. Zumbaban sobre nuestras cabezas. Ayer, al caer la noche, llegó el momento. No recuerdo ninguna orden, solo sé que de pronto, mis compañeros iban delante de mí. Yo iba muy débil, el más débil, apenas podía con mi arma.
Fue curioso, pero no recuerdo cuándo nos cambiaron los fusiles antiguos que teníamos por estas armas automáticas. Disparabamos ráfagas aterradoras de sinceridad, respeto, desesperación y firmeza. El enemigo empezó disparando fuego de mortero, pero avanzábamos deprisa y calleron detrás de nuestra posición. Pasaron a las pistolas, pero poco podían hacer ante nuestro avance.
Entonces, salieron de sus trincheras, dispuestos al cuerpo a cuerpo.
Y en ese momento, ocurrió. En ese momento, vimos que aquel temible enemigo, que tantas bombas lanzaba, y tanto daño nos había hecho, era en realidad muy débil, asustadizo, tembloroso, casi iba con las manos desnudas, sus armas cayeron al suelo ante nuestro avance firme. Se leía en sus ojos el pánico abismal ante nuestro ataque definitivo.
Cayeron de rodillas ante nosotros... llorando... desesperados, entregados... sabían que era su final. Vieron que había llegado su hora. Entre sollozos y aullidos de dolor nos pedían piedad, nos pedían que paráramos, nos preguntaban por qué les atacábamos así, nos suplicaban a gritos un por qué. No lo entendían. Nos culpaban, se culpaban, se preguntaban por qué todo esto.
Mis compañeros y yo nos miramos aturdidos. Mi compañero Respeto se acercó al enemigo, bajando su arma. Se agachó junto a él. Y le habló. Le dijo: "Cuando el mar convierte un acantilado en una playa, no ocurre de pronto. Una ola, y otra, y otra... van comiendo la roca dura. Hasta que un día ya no hay acantilado, sino una playa. Y qué ola ha tenido la culpa? la primera? la última?"
El enemigo escuchaba todavía aturdido. Entonces mi compañero Compasión se acercó a él con su arma enfundada, y agachandose a su lado le habló con ternura: "Nos habéis hecho mucho daño, no os habéis dado cuenta? Nosotros no habíamos venido a luchar, habíamos venido a ayudar. Pero nos habéis bombardeado una y otra vez, sin motivo alguno... ¿por qué?"
El enemigo estaba muy perdido, atendía aquellas palabras, pero no acertaba a contestar... solo balbuceaba, perdido... aterrado.
Mi compañera Fe, herida como estaba, se acercó entonces a él. Y le dijo: "yo pensaba que os daríais cuenta, yo creía en vosotros. Creía en que os daríais cuenta de lo que estábais haciendo y creía que reaccionaríais; ahora os veo así, y vuelvo a dudar... ¿no lo veis? ¿nos oyes? ¡míranos!"
El enemigo levantó su vista. De sus ojos rojos por el pánico brotaban surcos de lágrimas de sangre que teñían de rojo su rostro desfigurado al ver el final ante él. Enfocó su mirada. Miró a mis compañeros. Y puso sus ojos en mí. Yo estaba más atrás, medio tumbado, sin fuerzas.
Mi compañera Fe me llamó: "Esperanza!, ven, acércate". Me condujo ante el enemigo, que no quitaba sus ojos de mí, a duras penas llegué hasta ellos, me senté frente a él. La Fe le habló así: "mira, observa lo que habéis hecho con la Esperanza. La habéis destrozado. No sabemos cómo sigue aquí, no tiene fuerzas, no sabemos si saldrá de esta. Por eso hemos atacado de frente, porque sin ella no teníamos ninguna oportunidad, ella es imprescindible, todos los somos, cuando uno desaparece está todo perdido."
El enemigo tembló de remordimiento, quiso ocultar su rostro de sí mismo, sintió nuestro dolor. Entonces nos habló: "Perdonadnos. Habladnos. Callemos las armas. No vamos a permitir que sufráis así por nuestra culpa. No lo vamos a permitir".
Me miró y me dijo: "ven, acompáñame, toma estos alimentos, bebe agua limpia; deja que saque esta metralla, deja que sane tus heridas, no dejaré que te vayas, no lo permitiré". Mientras me hablaba sus lágrimas cerraron algunas de mis heridas. Mientras me daba de beber y comer mis compañeros observaban sonrientes y emocionados. Mientras me hablaba sentí cómo recuperaba un poco las fuerzas.
Y entonces, me puse en pie.
"He vuelto, ayudémosles".
"UN GRAN AMOR, MERECE UNA GRAN OPORTUNIDAD" (gracias, angeblillo)
Todo amor merece una oportunidad en eso nos vasamos el ser humano,en ese poder inmenso como la canción,el poder del amor,tan grande tan fuerte que nada lo rompe,e intenso muy intenso,se feliz lucha por lo que quieres y si necesitas algo sabes donde estoy un beso y feliz año 2009 ,Joanna
hola Dani. Como me alegro...! . Eres increible y que verdad cuentas cuando dices que un gran amor merece una gran oportunidad. Suerte y si necesitas algo ya sabes donde estoy. un beso
Que decir ante tanto sentimiento, amigo? Te admiro y nunca me cansaré de decirlo y de gritarlo. Si alguien algún día pone en duda tu honestidad, tu nobleza y tu honor, se las verá con un enemigo muy duro. TE ADMIRO, coño TE ADMIRO. Un abrazo.