Aquella noche te pedí, con manos temblorosas y la mirada entristecida, un poquito de tu ayuda. Parecía que a cada frase salida de ti, me encaminabas a reencontrar mi sendero, mi vereda abierta al sol y al viento... a mi acostumbrada libertad... Y entre más disfrutaba de tu cuerpo, de tu vibrar - entre mis manos - y la magia de tu voz, mas me enredaba en un mar de pasión que me ahogaba con la paz del ojo del huracán. Tuviste la capacidad de atraparme y de hundirme en un mundo de recuerdos del que siempre quise escapar...
Aquella noche, como después en muchas otras, te pedí que con tu voz y tu ternura me ayudaras a olvidar su piel, su aroma, su mirada, sus besos y su fuego: esa pasión que me consume y lastima en la distancia... pero no, solo me hiciste recordarla más y acrecentaste su amor en mí como la desgarradora ola que golpea los barcos en el muelle, sacudiéndolos con su poder.
No quiero tocarte nunca más... No quiero sentirte vibrar en mis manos ni cerca de mi pecho. No quiero y aunque pretendo rechazarte, en mi alma brota una clara verdad: Aunque me hagas recordarla y adorarla más, también te amo; sí, te amo igual que a ella, mi dulce guitarra.
Eres un artista en todo sentido... a tú guitarra sacándole gemidos del corazón desprendiendo sentimientos entrega insaciable de locura.. que por entre tus dedos es pura seducción... Gracias amigo por tus palabras..son melodías,son un halago en mi corazón.. Me encanta lo que escribes...me gustaría pasar más seguido por tu espacio... Besitos en forma de música....Verónica