Descripción: Dos ingenios acordes en la noche desgarrando las cuerdas.. del alma, desangrando.. gotas de ausencias a ras de piel mientras danza el silencio con las sombras desiertas en un estante oblicuo,
y quebrantan el aire despegando del suelo ..... (rompiendo las cadenas) que aferraban sus alas, exentos de cordura se adentran sin remedio en lo prohibido empuñado a los labios ..... (la culpa incoherente), que la imaginación... cual pájaros libera en la carencia,
Encontrándose en la tierra de nadie donde los sueños son sinfonía de los sentimientos.
Como recodar que también fuimos niños... De vuelta al cole... Ese olor que se produce en casa, con los libros nuevos, me hace recordar tantas cosas, me pongo melancólico, por que yo también me siento niño. unto a la cuna aún no está encendida La lámpara tibia, que alegra y reposa, Y se filtra opaca, por entre cortinas De la tarde triste la luz azulosa.
Los niños cansados suspenden los juegos, De la calle vienen extraños ruïdos, En estos momentos, en todos los cuartos, Se van despertando los duendes dormidos.
La sombra que sube por los cortinajes, Para los hermosos oyentes pueriles, Se puebla y se llena con los personajes De los tenebrosos cuentos infantiles.
Flota en ella el pobre Rin Rin Renacuajo, Corre y huye el triste Ratoncito Pérez, Y la entenebrece la forma del trágico Barba Azul, que mata sus siete mujeres.
En unas distancias enormes e ignotas, Que por los rincones oscuros suscita, Andan por los prados el Gato con Botas, Y el Lobo que marcha con Caperucita.
Y, ágil caballero, cruzando la selva, Do vibra el ladrido fúnebre de un gozque, A escape tendido va el Príncipe Rubio A ver a la Hermosa Durmiente del Bosque.
Del infantil grupo se levanta leve Argentada y pura, una vocecilla, Que comienza: «Entonces se fueron al baile Y dejaron sola a la Cenicientilla!
Se quedó la pobre triste en la cocina, De llanto de pena nublados los ojos, Mirando los juegos extraños que hacían En las sombras negras los carbones rojos.
Pero vino el Hada que era su madrina, Le trajo un vestido de encaje y crespones, Le hizo un coche de oro de una calabaza, Convirtió en caballos unos seis ratones,
Le dio un ramo enorme de magnolias húmedas, Unos zapaticos de vidrio, brillantes, Y de un solo golpe de la vara mágica Las cenizas grises convirtió en diamantes!»
Con atento oído las niñas la escuchan, Las muñecas duermen, en la blanda alfombra Medio abandonadas, y en el aposento La luz disminuye, se aumenta la sombra!
¡Fantásticos cuentos de duendes y hadas, Llenos de paisajes y de sugestiones, Que abrís a lo lejos amplias perspectivas A las infantiles imaginaciones!
Cuentos que nacisteis en ignotos tiempos Y que vais, volando, por entre lo oscuro, Desde los potentes Arios primitivos, Hasta las enclenques razas del futuro.
Cuentos que repiten sencillas nodrizas Muy paso, a los niños, cuando no se duermen, Y que en sí atesoran del sueño poético El íntimo encanto, la esencia y el germen.
Cuentos más durables que las convicciones De graves filósofos y sabias escuelas, Y que rodeasteis con vuestras ficciones, Las cunas doradas de las bisabuelas.
¡Fantásticos cuentos de duendes y hadas Que pobláis los sueños confusos del niño, El tiempo os sepulta por siempre en el alma Y el hombre os evoca, con hondo cariño!