Descripción: *DICHOSOS los que saben reírse de sí mismos, porque no terminaran nunca de divertirse. *DICHOSOS los que saben distinguir una montaña de una piedra, porque se evitaran muchos inconvenientes *DICHOSOS los que saben escuchar y callar: aprenderán cosas nuevas. *DICHOSOS los que son suficientemente inteligentes como para no tomarse en serio: serán apreciados por sus vecinos. *DICHOSOS los que están atentos a las exigencias de los demás, sin sentirse indispensables: serán fuente de alegría. *DICHOSOS ustedes cuando sepan mirar seriamente a las cosas pequeñas y tranquilamente a las cosas importantes: llegaran lejos en esta vida. *DICHOSOS ustedes cuando sepan apreciar una sonrisa y olvidar un desaire: vuestro camino estará lleno de sol. *DICHOSOS ustedes cuando sepan interpretar con benevolencia las actitudes de los demás, aún contra las apariencias: serán tomados por ingenuos, pero es el precio justo de la caridad. *DICHOSOS los que piensan antes de actuar y rezan antes de pensar: evitaran muchas tonterías... *DICHOSOS ustedes sobre todo cuando sepan reconocer a Dios en todo los que se encuentran: habrán logrado la verdadera luz y sabiduría.
A buena altura sobre el bosque un día el sol y el viento seguían su discusión, que sostenían desde tiempo inmemorial, sobre cuál de ambos era más fuerte.
-¡Claro que lo soy yo! -insistió el sol-. Mis rayos son tan poderosos que puedo chamuscar la Tierra hasta reducirla a negra yesca reseca.
-Sí, pero yo puedo inflar mis mejillas y soplar hasta que se derrumben las montañas, se astillen las casas convirtiéndose en leña y se desarraiguen los grandes árboles del bosque.
-Pero yo puedo incendiar los bosques con el calor de mis rayos -dijo el sol. -y yo, hacer girar la vieja bola de la Tierra con un solo soplo -insistió el viento.
Mientras estaban sentados disputando detrás de la nube, y cada uno de ellos profería sus jactancias, salió del bosque un granjero. Vestía un grueso abrigo de lana y tenía calado sobre las orejas un sombrero.
-¡Te diré lo que vamos a hacer! -dijo el sol-. El que pueda. de nosotros dos. arrancarle el abrigo de la espalda al granjera, habrá probado ser el más fuerte. -¡Espléndido! -bramó el viento y tomó aliento e hinchó las mejillas como si fueran dos globos.
Luego, sopló con fuerza... y sopló... y sopló. Los árboles del bosque se balancearon. Hasta el gran olmo se inclinó ante el viento. cuando éste lo golpeó sin piedad. El mar formó grandes crestas en sus ondas, y los animales del bosque se ocultaron de la terrible borrasca.
El granjero se levantó el cuello del abrigo, se lo ajustó más y siguió avanzando trabajosamente.
Sin aliento ya, el viento se rindió. desencantado.Luego, el sol asomó por detrás de la nube. Cuando vio la castigada tierra, navegó por el cielo y miró con rostro cordial y sonriente al bosque que estaba allá abajo. Hubo una gran serenidad. y todos los animales salieron de sus escondites. La tortuga se arrastró sobre la roca que quemaba, y las ovejas se acurrucaron en la tierna hierba.
El granjero alzó los ojos, vio el sonriente rostro del sol y, con un suspiro de alivio, se quitó el abrigo y siguió andando ágilmente.
¿Ya lo ves? Dijo el sol al viento... A veces, quien vence es la DULZURA....
Moraleja: ¡¡SIEMPRE la "BONDAD" puede con la VIOLENCIA!!.
es cierto mi niña que la bondad siempre puede a la violenci, aaaah te dre que el color verde no se distinguen bien las letras las que son chiquititas,,,,, a lo mejor soy yooooooo jejeje besitos y cuidate