Amor, como dios niño,
es vivo, inquieto, alegre;
y atrevido y artero
los peligros no teme.
De pecho en pecho vuela;
y ora rinde un rebelde,
ora un soberbio oprime
y ora un tibio enardece.
Así se goza y burla
y a un tiempo a todos prende.
De la inconstancia nace
y en la firmeza muere.
Ni el orden de las cosas
inmóvil es, que siempre
con sucesión süave
el cielo nos las vuelve.
Tras la rosada aurora
ya corre el sol fulgente,
mientras su negro manto
la ciega noche tiende.
Sigue al nubloso invierno
plácido abril, y cede
julio al opimo octubre,
corona de los meses.
Su aljófar cristalino
no solo el alba llueve
sobre la rosa, o sola
con el verano crece.
El valle que cubierto
se vio de escarcha y nieve,
loco ya con sus flores
nos descubre la frente.
Los chopos que desnudos
se quejan del diciembre,
y mustios y ateridos
los ojos nos ofenden,
bien presto coronados
de pompa y hoja verde,
nido a las dulces aves
en grata sombra ofrecen.