Hay gotas de la noche enjambrando
la moldura de tu cintura.
Esa cintura, que atada
en las caderas de la locura...
forman un cielo con su hermosa figura,
mientras la lluvia de verano
se precipita sobre tus labios.
Tus largos cabellos negros
se transforman pausadamente
en románticas noches de primavera
que habitan bajo la luna llena.
Tus dedos se asemejan
a cristales de cuarzo pulido,
ellos están adornados
con toda suerte de gema y oro.
Tus piernas son como
dos torres de marfil,
trabajadas una cada mil.
Una cada mil fueron trabajadas...
de modo que la hermosura de la luna
encuentra un fin.
El movimiento del viento
que respira sobre un manantial de pasiones
asido a un torrente de emociones...
se han vuelto tus pasos entre mi aliento.
Y tu sombra, es como la sombra
de árboles que se levantan
en unos diáfanos jardines,
éstos estan aromatizados
con toda suerte de lirios, rosas y alhelíes.
¡Entonces!... ¿Por qué me preguntas la razón
de hacerte esta poesía?...
¡Si tu cuerpo es poesía, y su ausencia...
es el verso que truena en mil elegías!