Henos aquí amantes desnudos, bellos -y mucho- para nosotros mismos, soló cubiertos con hojas de párparos, recostados en una noche profunda.
Pero saben ya de nosotros, saben, estas cuatro esquinas, este quinto horno, esas sombras sagaces sentadas en las sillas y la mesa con su significado silencioso
Y saben los vasos por qué, en el fondo, el té se enfria sin que nadie se los tome. Swift ya no tiene ninguna esperanza, nadie lo leera esta noche.
¿Y los pájaros? No te hagas ilusiones: ayer vi cómo en el cielo escribian abierta y claramente el nombre con el que te llamo
¿Y los árboles? Dime qué quiere decir su murmullo infalible. Dices: tal vez el viento tenga a bien saber. ¿Y cómo supo el viento de lo nuestro?
Entra por la ventana una mariposa nocturna y con sus alas velludas ensaya despegues y aterrizajes zumbando terca sobre nuestras cabezas.
¿Acaso ve más que nosotros con la agudeza de tu vista de insecto? Yo no lo presenti, tú no lo adivinaste: nuestros corazones brillan en la oscuridad.