Empieza un día como otro cualquiera.
El desayuno con la mala leche de antes del café
Y un par de tostadas echando humo…
Medio día.
Hora de comer,
Un lugar lleno de encanto, en el centro de la ciudad,
Ella le espera con alegría,
pero el, no va a poder llegar…
Frente a la silla vacía,
Se come su soledad,
Con un vasito de vino y un cigarrillo al terminar.
Al acercarse la tarde, el teléfono sigue sin sonar,
Una porción de silencio, para merendar.
Llega la noche,
Y aparece puntual.
Para cenar, una ración de quejas,
Para no hablar de las cosas bien hechas…
De postre un par de muecas, que dicen,
-Esto, me va a sentar mal.
Hora de acostarse.
Una vez en la cama,
El, como si no pasará nada,
Y, previo cambio de actitud,
Le hace la pregunta inevitable…
Ella entonces, muy amable,
Le responde sin acritud...
-Gracias cariño, no tengo hambre…
… pero mañana viene tu madre.
Y... apaga la luz…