Puente Genil se celebra de una manera muy particular: La gente participa en las procesiones vestida "a modo bíblico", y salen figuras del Evangelio del tipo de la Verónica, el Cireneo, María Magdalena, Poncio Pilatos, y todos los Santos Apóstoles habidos y por haber (incluso los no tan santos, como Judas), además de que hay romanos por todas partes. En fin, todo un espectáculo (creo que declarado de interés turístico) que encanta y hace las delicias de todos, tanto de los vernáculos como de los forasteros que tienen la suerte de aterrizar por allí en esas fechas.Antes de seguir, conviene aclarar que las "legiones romanas" tienen sus cuarteles (así los llaman, en serio) en bodegones donde comen y beben como leones, y claro está, el vino corre generoso y rico, con las consiguientes cogorzas. En pocas palabras: ¡Se ponen hasta el plumero!Pues bien, una vez llegados a Puente Genil nuestros dos buenos inspectores del fisco, fueron llevados y agasajados por los romanos (léase sufridos contribuyentes) de cuartel en cuartel y en esa inspección se llevaron todo el día. Como es natural, al llegar la noche estaban "impresentables", pues cogieron eso que por aquí llaman "una tajá como un piano". Para concluir: Sobre las 2 o las 3 de la madrugada pasaba entonces un tren correo, procedente de Málaga y con destino Madrid, y en él montaron los pontanenses a los dos inspectores, vestidos de romanos y durmiendo el feliz sueño etílico de una enorme borrachera, sanamente conseguida libando el vino de Montilla-Moriles. Al día siguiente, los dos personajes llegaron a Madrid y despertaron en Atocha... ¡Vestidos de romanos!