Pensaba hoy en la soledad. En sentirse libre. Sin responsabilidades, explicaciones...
Al salir de una relación nos quedamos como huérfanas, nuestra rutina desaparece y tenemos que inventarnos un mundo nuevo. Elegimos todos aquellos errores que no queremos repetir y nos empeñamos en huir de todo lo que se parezca a ellos. No toleramos que las demás personas hagan o digan lo que no te gustó en tu relación anterior. Por primera vez te enfrentas cada día a la libertad de tus decisiones: ¿qué cenar? ya no deciden por ti, ya abres el frigorífico y coges lo primero que te apetezca aunque no sea sano... total, todo tiene vitaminas, proteinas, todo te ayudará a seguir un día más viviendo.
Llega el fin de semana y piensas... ¿me voy aquí? y sólo tú decides si vas o vienes, sin explicaciones.
Se acabaron los horarios compartidos, las salidas organizadas, los planes de futuro... y te quedas tú. Y descubres que quizás tu compañía es un coñazo, que es más distraida con alguien más. Pero por otro lado, sientes paz.
No te gusta tu vida, pero tampoco te gustaba lo que tenías antes. Te falta algo. No sabes qué. Y piensas que mejor esperas a que ese algo se haga tangible, a que algún estímulo externo te de la pista de qué necesitas. Pero sigues esperando. Y te preguntas qué carajo te falta para ser feliz.
Te replanteas tu vida, y desde la perspectiva actual ves que siempre te faltó algo que nunca pudiste identificar.
Y piensas que la pareja ha sido un parche para tu búsqueda, te inventas ilusiones con un futuro para no pensar en ello.