Anoche encontré tu boca dibujada en mi cama, tu boca limpia, limpia de miedos estaba.
Anoche al abrir mi lecho, tropecé con tu cuerpo, tu cuerpo sabio, que se entregó sin demora.
Anoche tu cuerpo y tu boca me lamieron el alma y me dijeron luego al oído, como un secreto, como una caricia prohibida, como una promesa de salvación, aún... cuánto tú me amas.