Descripción: Sueña Que no existen fronteras y amor sin barreras no mires atrás vive con la emoción de volver a sentir, a vivir la paz.
Siembra en tu camino un nuevo destino y el sol brillará donde las almas se unan en luz la bondad y el amor renacerán.
Y el día que encuentres ese sueño cambiarás no habrá nadie que destruya de tu alma la verdad.
Ten fe es muy posible si tú estás decidido Sueña con un mundo distinto donde todos los días el sol brillará donde las almas se unan en luz la bondad y el amor renacerán.
Yasunari Kawabata. Nacido en el último año del sigo XIX, Kawabata intepreta con asombrosa precisión el modelo de representación oriental, aunque bajo una aparente economía expresiva -superficial como las finas películas de sudor que acompañan a sus personajes-, laten en sus personajes e historias incendiarias pasiones que traspasan el tiempo hasta acabar sometiendolo. Lo bello y lo triste, la novela que acabo de leer, narra la historia de Oki Toshio, un escritor que siente la necesidad de volver a visitar a un antiguo amor, Otoko. Esa necesidad despierta sentimientos en ambos que acabarán afectando trágica y decisivamente a las personas que rodean a Oki y Otoko
"El tiempo pasó. Pero el tiempo se divide en muchas corrientes. Como en un río, hay una corriente central rápida en algunos tramos y lenta, hasta inmóvil, en otros. El tiempo cósmico es igual para todos, pero el tiempo humano difiere con cada persona. El tiempo corre de la misma manera para todos los seres humanos, pero todo ser humano flota de distinta manera en el tiempo."
Flotar en el tiempo, cada uno de un modo diferente. Kawabata captura en unas pocas lineas un concepto universal, y lo prende a un estado de ánimo que se repite continuamente, como un Haiku sostenido, breve e inmutable.
"Al aproximarse a los cuarenta, Otoko se preguntaba si el hecho de que Oki siguiera dentro de ella significaba que esa corriente del tiempo se había estancado, en lugar de seguir su curso. ¿O acaso la imágen que ella conservaba de él habia flotado con ella a través del tiempo como una flor arrastrada río abajo? Ella ignoraba cómo había flotado su propia imagen en la corriente de Oki. No podía haberla olvidado, pero sin duda el tiempo había corrido de manera diferente para él. Las corrientes del tiempo nunca son iguales para dos personas, ni siquiera tratándose de amantes..."
A medida que la historia se enmadeja, el personaje de Keiko, la alumna de Otoko, cobra importancia. Quien haya leído a Murakami, el heredero de esta tradición literaria, descubrirá en Keiko a muchos de los personajes femeninos de sus novelas, mujeres hermosas, jovenes, obsesionadas y violentas que arrastran a otros a territorios peligrosos. Keiko conspira para vengar a la persona que ama, y conspirando destruye el precario equilibrio que sostenía todo. No hay manera de salvarse, y Kawabata lo certifica de un modo abrupto, entre lágrimas y un dolor que queda incorporado al tiempo que fluye dentro de cada uno de nosotros.
No sorprende que Kawabata, siguiendo una tradición milenaria, se quitara la vida en silencio, sin ruido ni explicaciones banales. Como Alfonsina Storni o Silvia Plath, como Hemingway; cada uno asistido por sus propias razones -el cancer, el desamor, la impotencia-. Lo que si sorprende aun hoy en día es el modo en que el sentimiento es uno, no importa el lugar o el tiempo en el que acontezca. Pasarán mil años y a las personas de entonces les seguirá quemando la vida como a nosotros nos quema en ocasiones. Y aunque para cuando eso suceda nosotros no seremos mas que sombras, todos viajaremos sobre ese sentimiento compartido.
Mas allá de estas elucubraciones vacacionales, el tiempo libre le concede a uno licencia para abandonarse a los mas bajos placeres: el domingo me zampé un pase doble de pelis de Tourneur -La mujer pantera y Yo anduve con un zombie-, y ayer descubrí otra obra maestra del gran Jules Dassin, "Noche en la ciudad", brutal y despiadada. Un gran director Dassin.