Y me da por preparar discurso para posible muertes, imaginar que hará mi familia mientras están en duelo oyendo mi discurso, creo que es mi forma de estar lista para enfrentar al dolor y no me tome de desprevenida. Mas o menos, es parecido a cuando haces una lista de cosas que hacer, sitios que ir, ropa que ponerte, cosas en la cartera que debes ordenar…etc. Pero siempre hay algo que te jode los planes y tu planificación se cae; en el caso de las muertes es que no suceden cuando te imaginas y en el caso de las salidas no cuentas con el tráfico, atracos, manifestaciones o embarques de las personas.
Jamás le he temido a la muerte de mis seres queridos, mas allá de las de mis mascotas y de la mía propia, suena siniestro ¿no? Pero es la verdad. Admiro a quienes mueren en paz como si fuese su decisión el irse, a los que dicen sus verdades duélanle a quien le duela aun cuando muchas veces sea un acto hipócrita y de interés para entrar al llamado paraíso del cielo. Los que temen morir son los que sin hacer nada importante sienten que no han cumplido su misión y jamás tratan de averiguar cual es…jijijiji! Ocultado su temor en la necesidad de sentirse responsables por los que quedan vivos.
Los peores son los médicos que aun cuando saben que ya la enfermedad no tiene marcha atrás te quieren operar. Los bancos con sus absurdos seguros que a la final no cubren nada pues si no mueres de cáncer en la uña del dedo gordo del pies izquierdo el cual ha de estar pintado de color morado….y unas especificaciones así de idiotas, no te sueltan nada. Los brujos (sean de la rama que sean) te dicen que es una vaina hecha y que debes: hacerte santero, un mega baño en un río a la luz de la luna llena, en pelotas y rodeada de extraños que se “meten el cuento” de estar poseídos y esto solo te costara lo mismo que el funeral.