Descripción: Cuando en tu corazón habite el azul del cielo, la calidez del sol, el gorjeo de los pájaros, el perfume de las flores, la nostalgia del atardecer, el encanto de las mañanas, la serenidad de los lagos y la sonrisa de la ventura, recuerda que alguien ha tocado tu corazón con la varita milagrosa del amor...
Con qué derecho podemos juzgar, increpar o simplemente opinar?.
Cómo nos atrevemos a querer desacreditar a aquellos que no lo merecen, porque por el contrario, lo único que hacen o han hecho, es intentar excusar, justificar y perdonar.Cómo podemos exigir respeto, cuando nosotros mismos no respetamos a los que nos rodean.
Desde aquí me gustaría invitar, aquellas personas que de alguna manera tienen un comportamiento o actitud, que se puede cuestionar, a que hagan una profunda reflexión.
Debemos ser capaces de poder decidir dónde están los límites. Siempre he defendido que nuestra libertad termina donde empieza la del que está a nuestro lado (nuestro prójimo), ahí es donde están los límites.
Qué nos hace intentar hundir a aquellos que en algún momento han estado a nuestro lado?, por qué nos empeñamos en querer destruir todo lo que nos puede hacer bien?.
Sólo encuentro una respuesta, el vacío que impera en nuestras vidas, la imposibilidad de relación con los demás, el anhelo de lo que tienen los que pensamos lo merecen menos que nosotros, sin pararnos a pensar que nos hace decidir quien o por qué podemos llegar a creer que lo merecemos más que otro, Todo lo contrario, deberíamos alegrarnos de las cosas buenas que les pasan a la gente a la que apreciamos o queremos.
Tendemos a utilizar frases, palabras, que tenemos la total seguridad, que pueden dañar, nos equivocamos no ofende, ni lastima el que quiere, sino quien puede.
Las acciones de las personas son las que nos indican del calibre que son, por eso, no quiero a mi lado a alguien que hoy me aprecia y me quiere, y que sin saber por qué, mañana se dedicará a hablar mal de mí, a cuestionarme, a intentar destruirme y empañar mi futuro.
A esa persona le diría que no malgaste su tiempo en querer “vivir” mi vida, que ahorre esas fuerzas en hacer que la suya sea mejor. Que convierta esa ira, ese empeño, en conseguir objetivos que le hagan ir cambiando poco a poco un presente para forjar un futuro que le pueda ofrecer cosas que llenen su corazón de satisfacciones que se conviertan en bellos colores y que la opacidad que creo le puede embargar, se vuelva transparencia y claridad.
La belleza de nuestro interior se refleja en la bondad de nuestros sentimientos, en aquellos gestos que nacen desde el corazón, dar sin esperar nada cambio y mucho menos exigir lo que nosotros nunca estamos dispuestos a dar...
La verdadera belleza de cada persona radica en ser transparente, honesto y sincero, primero con uno mismo y luego con los demás, de nada sirve hacer creer que somos de una manera cuando en realidad somos de otra...
Una persona es bella por dentro cuando la felicidad de los demas es compartida, no se puede presumir de esa belleza interior cuando la felicidad de los demas se convierte en paranoia, ira, frustracion y envidia...