Has despertado en mí mis ansias de mujer, mis cenizas ya apagadas han comenzado a arder.
Creí un amor muerto dentro de mi ser, no habitaba en mí ni un razgo de ilusión, pero llegó tu amor y he vuelto a creer.
Mis manos tiemblan, mi adentro se revuelve en un mar de confusiones, mis sueños reverdecen con nuevas emociones.
Es como el agua que vuelve al río después de una larga sequía, como la suave brisa llega muy tibia después de una tormenta en la noche fría. Es como la muerte llega a los ruegos de aquel que agoniza.
Así llegaste tú, con esperanza, consuelo, silencioso y dispuesto, a darme vida como al sediento, mojaste mis labios que estaban muriendo.
Tomaste mi cuerpo que estaba dormido, le diste calor y se hizo fuego, era un letargo de amor perdido, y llegaste tú un amor tardío hambriento de besos, de los besos mios...