Sin embargo, cuando entró en la iglesia, escuchó el órgano y vio las luces encendidas, la gente bien vestida, las familias unidas y los padres abrazados a los hijos, José se sintió la más miserable de las criaturas. Después de la comunión, en vez de volver a casa con el grupo, se sentó a la entrada de la capilla y se puso a llorar; aunque no conocía el amor, ahora entendía lo que era estar solo, desamparado, abandonado por todos. En aquel momento, vio a un niño a su lado, descalzo, que parecía tan miserable como él. Como nunca lo había visto, dedujo que debía de haber caminado mucho para llegar hasta allí. «Deben de dolerle mucho los pies a este chico . Voy a darle una de mis sandalias, así por lo menos, alivio la mitad de¾pensó¾ su sufrimiento.» Porque aunque no conocía bien el amor, José conocía el sufrimiento, y no deseaba que los demás sintieran lo mismo. Le dejó una de sus sandalias al niño y volvió con la otra; de vez en cuando la cambiaba de pie, para no lastimarse mucho con las piedras del camino. En cuanto llegó a casa, la tía vio que su sobrino había perdido una de las sandalias y lo amenazó: si no conseguía recuperarla antes de la mañana siguiente, sería castigado severamente. José se fue a la cama sintiendo miedo, pues conocía los castigos que le solía aplicar su tía. Se pasó la noche temblando por el miedo, apenas pudo conciliar el sueño y cuando ya estaba a punto de conseguir dormirse, oyó muchas voces en la sala de estar. Su tía entró corriendo en la habitación, preguntándole qué había pasado. Todavía atontado, José fue hasta la sala y vio que la sandalia que le había dejado al niño estaba en medio de la sala, cubierta de todo tipo de juguetes, bicicletas, patinetes, ropa. Los vecinos gritaban, decían que a sus hijos les habían robado, ya que no habían encontrado nada en sus zapatos cuando se despertaron.
Entonces, apareció apresuradamente el sacerdote de la iglesia en la que habían celebrado la misa; a la entrada de la capilla había aparecido una estatua de un Niño Jesús vestido de oro, pero con una sola sandalia en los pies. Inmediatamente se hizo el silencio, la comunidad alabó a Dios y sus milagros, la tía lloró y pidió perdón. Y el corazón de José se llenó de energía y del significado del Amor. (basado en un cuento de 1903, de François Coppée)
Es muy duro imaginar a ese niño sintiéndose tan solo cuando ve a los demás niños con familiares que los aman. Al final le llegó su recompensa por su noble corazón. Dios no se olvida de sus buenas criaturas. Gracias por tu sensibilidad. un abrazo.