(Podrá ser muy fina la botellita estilizada, pero me gusta más el aroma que contiene y que permeabiliza mis alas de a la ¡libertad!)
Me enamoré de tus ideas que animan mi tarea y no de la forma de tu cabeza.
Me enamoré de tu miranda profunda, tierna y sensual y no de tus ojos.
Me enamoré de tu sonrisa que luego de la pasión dulce me besa y no de tu boca.
Me enamoré de tu grito rebelde y de tu susurro llamando a mis ganas no de tu voz y no de tu garganta.
Me enamoré de tu respiración huracán que anuncia éxtasis jubilosos que al final en suave brisa de suspiros se transforma y no de tus fosas nasales.
Me enamoré de tu audición que bebe del murmullo de un poema que hice para ti y no de tus orejas. Me enamoré de tus caricias y abrazos y de tu puño en alto, testimonio de tu presencia y compromiso no de tu tacto y no de tus brazos.
Me enamoré del tatuaje que el Ápice agitado de tu par dibuja sobre mi pecho o en mis manos o mis labios y no de tus senos.
Me enamoré de tu caminar firme y raudo cuando asistimos a la marcha rítmico cuando es hacia mí que avanzas y no de tus piernas.
Me enamoré de tu piel porque deja que mi pluma de caricias escriba sobre ella en el lenguaje que entiendes y asumes porque me interpretas y no de tu epidermis.
Me enamoré del sinuoso recipiente en que sirves vino para mi sed de pasión donde bebo hasta embriagarme sobriamente y no de tu ombligo.
Me enamoré de tu vientre que soñamos ver crecer con el sueño de vida Valentina y no de tu panza.
Me enamoré de tu Venus selva ardiente que provoca a mi brújula marcar por norte el sur y no de tu pubis.
Me enamoré de tu danza cadenciosa cumbia Colombia, Azteca y tapatía vaivén telúrico imparable en momentos eternos y no de tus caderas.
Me enamoré de la desembocadura que ofreces a mis ríos caudalosos de éxtasis improrrogables y de semillas puerta de llegada al mundo del sueño de vida Valentina y no de tu vagina.
Me enamoré de los tambores de tu corazón que me convoca a la marcha o si fuere preciso a la revuelta a la ternura, a la pasión y de nuevo al amor en esa insoslayable sumatoria y no de tu miocardio.
Me enamoré de la mujer, ese ser igual, libre y actuante por sus ideas por su mirada su sonrisa su respiración su grito y susurro su audición, caricia, abrazo y puño su caminar las páginas de su piel la copa a mitad de camino su vientre, su Venus su puerta de llegada al sueño de vida Valentina los sonidos de tambor.
Me enamoré de todo en suma de todo su contenido me enamoré de la mujer no del recipiente porque ¡eres más que un cuerpo!
Por eso hay un amor que nace y se hace A diario... ¡Para ser eterno! AUTOR: Hernando Ardila González. Colombia, 2006.