¡Antes del sol has venido a mí tú, el más solitario de todos!
Así habló Zaratustra, Friedrich Nietzsche.
Del abanico de sus ojos partía alada, la sonrisa, con la complicidad de la mueca que tensa el aire y el momento en la quietud, punta de lanza que desgarra, con el silbo, la tormenta. Y una explosión de sol desde el ocaso, un último refulgir incandescente suscita lluvia de carbones y aceros incendiados, impúdico desdén del corazón que aniquila la tierra, la huella y la montaña, febril, en el sudor de muerte, homicida, en el estigma del abismo.
Cae el telón sobre la máscara, y la vida se consume, deshabitada, impura, en una conjunción de estrellas renaciendo entre cenizas.
Comopompasdejabón.
Por un momento, casi escribo que la esplendorosa versión de Luchino ViscontiMorte a Venezia en 1971 del libro de Thomas Mann, La Muerte en Venecia, lo supera, pues en ella el conde versó toda su sensibilidad en la exhibición más bella de la decadente Venecia para mostrarnos el ocaso, personal y de la sociedad que representa, de Gustav Von Aschenbach, caracterizando al personaje con la fisonomia y profesión de quien parece que inspiró , en el temperamento y ciertas similitudes de su vida, no en la homosexualidad, a Mann para el personaje, Gustav Mahler , dejando definitivamente unido a estas imagenes, el Adagietto sehr langsam perteneciente a la Sinfonia V del compositor.
Espero que lo disfruten y gracias por su atención.