Y así, mirando plácida
tu majestuso tronco,
tu ramaje, que asemaja el arco iris,
por el colorido mágico, de tus hojas,
voy relajando mi cuerpo,
dejando que tu susurro fuerte
me arrulle, me lleve por ese mundo
en el cual todo es paz, todo es solas,
todo es frescura.
Un gran balzo amigo, me mira y yo lo miro,
me cuenta su dulce tarea de acoger en sus ramas
la vida de las aves que pasan de tránsito,
a lugares remotos, donde invernar.
Yo le cuento calladamente mis días
y lo bien que me siento ahora,
que tengo por compañía su sombra fresca,
el susurro de sus ramas.
Gloria C.