Si tuviese en mis manos el don de hacer que la dicha te colmara siempre, no lo dudes, no dudes nunca, que serías eternamente feliz. Y si en mis manos, el agua no se deslizara en hilos finos, para caer y luego secarse, la conservaría, para darte una eterna fuente viva de luz y de esperanza.
Mientras tanto, seamos felices por ahora. Tartacha