Ha pasado ya tanto tiempo desde que él y yo terminamos que no recuerdo qué se siente que me observe con ganas de devorarme a mitad de la calle... sin embargo, yo aún lo siento.
Hemos crecido en muchos aspectos, y en todos esos aspectos ha alimentado mi amor por él. Ahora que lo veo, maduro, agradecido con la vida, con nuevas metas, con nuevos logros, caminando seguro hacia cualquier parte, me pongo celosa de la vida que comparte con todos, menos conmigo, claro.
Somos amigos, y yo quiero que me bese en la boca, que me busque por la tarde, que estemos más tiempo juntos. Deseo con fuerza cósmica que me abrace de repente en el metro, que me mire y sonría, que despertemos juntos y me toque la cara...
Siento mi amor por él recorriéndome por dentro, estirándome como si fuera de hule; siento este amor sin sentido, sin rumbo, sin meta en cada mirada que lanzo al cielo...
Escucho música todo el tiempo porque encuentro todas esas palabras que no le diré, porque prometí acompañarlo sin cuestionarlo más, prometí guardar sus secretos, me comprometí a ser la mejor amiga.
Él ha cumplido con su parte del trato... yo haré mi parte...