Cuando bajo las persianas del inventario azul de lo perdido: los viajes que no hicimos, los poemas que nunca te escribí, las canciones que debiste cantarme, las historias que pude contarte, las charlas, sin fin, frente al mar, los cines, los teatros, los guiones encantados, y el mirar en tus pupilas la autopista de tu melancolía tomándole examen a esa alegría triste que es tan tuya y que no todos perciben, porque los testigos no son, yo sé, de fiar. ¿Quién te dice después de tantas cosas que el día menos pensado, porque el destino es capaz de un disparate, yo me levante porque suena el timbre, y estés tú como en un viejo poster esperando que bese tus pies desnudos, y yo asombrado que no esté en un sueño, y tú, también...?