Como compro lo que no necesito vivo endeudado, con libertad bajo fianza por contar la historia de mis fracasos en cien canciones que nunca escucho, y aunque busque tesoros frutales hundido en tu escote y mire de reojo al que no siente que el futuro recién comienza, me desvivo por cuidarte, por oírte y celebrarte; amada mía a veces en la vida sale el comodín, y te confieso que me siento menos solo desde que estoy contigo.
Amo tu boca, tu paladar, tu lengua, tu saliva, y esos ojos tuyos que me revelan cada profecia, cada giro o pirueta del destino, y tu pulmón que respira y el corazon que parpadea tu existencia, y tus oidos que me escuchan, y amo tus dedos que marcaron mi telefono para llamarme la primera vez cuando moría en mi horizonte la tarde llena de adioses.