Descripción: Aunque estoy casada, para mí el matrimonio por amor es un imposible con el que de momento sólo he podido soñar, pero por fortuna, encontré el amor fuera del muro invisible que forma una alianza. Muchos hombres han pasado por mi vida, ¡muchos! Y aunque he aprendido bastante sobre su modo de ser, aún conservan aspectos que me suponen todo un enigma, y a mayor misterio, mayor atracción; como un círculo vicioso que me roba el corazón ;)
Pues como el tiempo apremiaba, porque Josh otra vez se va, de hecho, hoy mismo, me entraron las prisas, y ya que el me dijo que le llamase cuando quisiera, le puse en un sms que andaba corta de saldo, y que me hiciera una perdido y le rellamaba desde el fijo. Bueno, tuvo la cortesía de llamarme él directamente desde su móvil, y hablamos, sí. Pero era un mal día. Yo estaba matada de sueño y no me fluían las palabras. Y él iba en un taxi diciéndole al conductor muy a menudo cómo llegar. Y sólo hablamos de libros, carajo. Y al poco, me cortó porque tenía prisa para irse a otra parte.
En ningún momento me ofreció quedar, lo que por un lado me gusta. ¡Es fantástico que hable conmigo pero que no busque sexo! Que vale que desde el punto de vista de un hombre eso sea raro y exraño y que concebís relacionaros con una mujer con la que no os queréis acostar. Pero para mí, ¡es estupendo! No me siento utilizada. El tema, supongo, es que Josh anda de nuevo con la culpabilidad por estar yo casada, y se ha dicho que hablar conmigo se puede todo lo que se quiere, pero no tocarme. ¡Fenomenal! Y, además, estoy verdaderamente cansada y harta del sex0, chicos. Tantas veces me he prostituido, es decir, lo he hecho sin ganas, fingiendo placer, que mi cuerpo ahora dice que no puede más. Sí que ya me venía costando un gran esfuerzo, pero ahora se ha convertido en manía, en trauma, en fobia. ¡No puedo! Son tantos años esperando lograr que un hombre, a parte e f0llar, sea también un buen amigo, y tanto años de acostarme con todos ellos para nada, que he llegado a una calle sin salida.
En fin, eso por un lado. Y lo que pasa, es que ya que hablé con Josh, y recórcholis, llevamos 5 años hablando, pensé que teníamos un mínimo de confianza, me apetecía seguir hablando con él, así que, le "escribí" el resto de la conversación en 3 mensajes por una red social. Y no me ha respondido. Y eso me preocupa. Seguro que me he pasado, piensa que le he revelado algo que él no debería saber y he logrado que se aparte otra vez. Sí que le hablaba de que me quiero divorciar, cosa que he querido hace mucho. Pero lo que me molesta de Josh es que yo adopto el papel de eterna enamorada frustrada de él, y él, de caballero amable que me trata bien hasta que se me calme la pasión. Y claro, cada vez que menciono el divorcio, Josh se echa a correr, temiendo ser el culpable, el que lo ha provocado. Y no es así.
A mí Josh me gusta como persona. Lo de que sea hombre o mujer me da igual, la verdad. Que mola que se un tío atractivo que tiene mucha detrás, y mola su profesión, pero es que, aunque fuera mi vecina de enfrente, ¡me encantaría tenerle como amiga! Y eso quise transmitirle en la carta. No sé si me salió...
Mas, sí la había. Con el tiempo se dio cuenta de que una mujer casada no era como las veinteañeras que él frecuentaba, las que aún ni sabían qué tipo de novio querían. Y una mujer casada tampoco buscaba sexo, sino amor, y ese amor, si lo hallaba, le hacía desplegar un amplio abanico de erotismo, lo que podía confundirse con sexo, cuando en el fondo era que la edad y la experiencia le habían librado de absurdos tapujos y pudores en la cama. Y tampoco andaba tanteando con uno y con otro, sino que escogía al mejor de entre los mejores. No podía arriesgarse a menos, ya que un paso en falso podía provocar la ruptura de una familia.
¡Lástima que no lo viera a tiempo! Ahora estaba tan claro… Cuando le dijo que él lo era todo para ella, cuando cubría cientos de kilómetros sólo para verle un par de horas cada dos semanas. Tenía que haberlo creído, pero era demasiado bueno para ser cierto.
Sinmarah había dejado de exigirle nada para que él se sintiera más feliz, mas Til lo confundió con desapego, quiso de veras comenzar a esforzarse y… ¡una diabólica tsunami de mala suerte arrasó con todo! Por nada del mundo habría querido cometer otro error o hacer algo que la disgustase, pero ocurrió. De repente y sin aviso. Y cada uno, por su parte, lo interpretó mal, y Til siguió creyendo en su versión como la única válida, y a pesar de que fue Sinmarah la que rompió con él y regresó a pedirle perdón a las dos semanas, no quiso escucharla. Ni ese año, ni al siguiente ni al otro. Por eso corrió tras ella, para destapar viejos errores y mostrarlos como lo que eran, actos de amor, y para curarla del sufrimiento que sabía que la había causado, y para volver a encontrarse con esos ojos suyos de pura admiración con quien nadie jamás le había mirado.
Iba a gritarle que le esperase cuando vio que se detenía ante el cercado, por lo que aminoró paulatinamente su paso y se aproximó poco a poco, observando su figura, notando como un cosquilleo le encogía el estómago y como el telón del pasado descendía de nuevo transformando el paisaje, para azotarle con todas las sensaciones vividas tan pronto ella se giró y sus ojos se encontraron, azul con azul, llenando la atmósfera de electricidad.
No os acordaréis seguro, pero igual os suena. Que el año pasado había un camarero (con novia) que me miraba mucho y tal y un día me dijo que sentía algo muy fuerte por mí, y me miraba como si hubiese visto a un ángel, y me pidió un beso, y no me pude negar, pero nos vio un compañero suyo y yo temía que se hubiera enterado la novia, por lo que incluso ahora sigo sin pasar por la tienda donde trabajaba la novia. Pero el otro salí y ¡muy fuerte! Me le encuentro, yo le explico, por amabilidad, porque no me había vuelto a ver el pelo, y me dice que cortó con ella y que ahora tiene piso propio y que vive solo. Y lo más bonito fue que al darme la cuenta, para que mi amiga no se enterara, me escribió su número en el reverso del ticket. Y hoy, voy y me le encuentro. ¡J00der!! ¿Por qué no me encuentro al doble de Til?
Y eso, que el chico este ahora trabaja en un lugar por donde casi es imposible no pasar, y hoy me ha saludado con amplia sonrisa y mirada de muchas esperanzas. Y el otro con el que también estuve, está en otro lado por donde también he de pasar quiera o no, y eso, ¡que me siento acosada! Voy a tener que mudarme lejos de aquí por seguridad, jejeje
Anoche estuve mirando por la ventana 12 minutos sin quitar ojo a ver si pasaba el doble de Til e intentando, cual detective, calcular las horas, pero es muy complicado. Todo apunta a que se tira una hora haciendo footing, pero... Igual planeo salir cada día a tirar la basura con un diferencia de 5 minutos, contando desde el día en que le vi pasar más pronto, a las 21:47, y así, hasta llegar al día en que le vi pasar más tarde, a 22:47. Y cuando le vea, si logro no hacerme notar y seguirle hasta su casa, luego la cosa será fácil. Hmmmm, ayyyyy, en fin, algo en lo que entretenerme, al menos.
Y aquí sigue mi historia inventada...
Habían pasado dos noches en ese hotel. Y la jornada del segundo día él se había portado horrorosamente mal, dejando a Sinmarah sola hasta las diez de la noche, a pesar de que no le tocaba trabajar, a pesar de saber que era una oportunidad que nunca más se repetiría, pues su marido la tenía estrechamente vigilada y rara vez la permitía irse sola y sin su hijo.
Llevaban saliendo el tiempo suficiente como para que hubieran surgido los primeros y educados reproches. Por parte de Sinmarah era que nunca la llamaba, que siempre se iba pronto, que no le daba un beso de despedida cuando le llevaba en coche, que no le regalaba su camiseta, que no le decía cosas románticas o que no salía de la barra a acompañarla al parking cuando le visitaba en el bar. Y por parte de él, que le hiciera esos mismos reproches, pues le recordaba a su madre, siempre sacándole faltas, y que las escasas veces que iba a verle, se pasase el día quién sabe dónde y quien sabe con quién, en vez de hacerle compañía y darle conversación al otro lado de la barra. ¡Ah, y que no le trajese el móvil que tanto le había pedido, ni el CD, ni una copia de sus fotos!
Ella, al menos esa semana en la que estuvo sola, solía aparecer por el bar no antes de las cuatro de la tarde a tomarse el primer café del día, y luego, simplemente desaparecía hasta la medianoche. Por supuesto, Til ignoraba que Sinmarah se marchaba para no resultar pesada con su presencia en el bar, y para no mostrar de modo tan evidente lo muy enamorada que estaba él, ya que, de ser por ella, nada le habría gustado más que transformarse en una bebida poco solicitada y pasarse las horas oculta en una botella, deleitándose con la belleza de Til.
Así, cuando él le preguntó qué había estado haciendo, le mintió, diciendo que se había encontrado con un grupo de amigos y que habían estado en uno de los lagos. Lo cierto era que había estado en una playa remota, sola y aburrida y pensando en él, pero Til la creyó, y por eso la castigó privándole de su compañía aquel día.
Cuando Sinmarah le recogió a las diez de la noche, le entregó una carta muy sincera dónde le explicaba su situación y porque necesitaba que él se comportara tal y como ella le pedía. Incluso le rogaba que aunque no lo sintiera, le dijera que la quería, esa noche al menos, porque pronto le tocaba regresar al vacío de su vida junto a su marido y para sobrevivir, quería atesorar la fantasía de su amor.
-No. Yo paso de decir cosas que no siento –se negó él sin asomo de lástima.
Y es que… ¡odiaba cuando ella sacaba a relucir lo de que tenía que volver con su marido! Siempre se despedía de él con la flotante amenaza de no poder regresar; de que lo intentaría pero no se lo podía asegurar. Y erróneamente, Til creía que cuanto más se hiciese el duro y el desapegado, más ganas le entrarían a ella de intentarlo, pero había estado tirando demasiado de esa cuerda y esa noche, se rompió. Lo vio claramente en los ojos de Sinmarah. Su brillo se apagó de inmediato.
-Está bien. No lo digas si no quieres –le dijo sin mirarle, parpadeando repetidas veces y tragándose con dificultad las lágrimas.
Fue la primera vez que Til se cuestionó su manera de actuar. Siempre había estado seguro de que para conquistar a una mujer había que darle caña, es decir, no llamarla jamás, no molestarse en pedir una cita, no mostrar pena ni gloria al contestar al teléfono por muchos días que hubieran pasado, no concederle ni la cuarta parte de sus caprichos y sobre todo, no pronunciar nada que mirado a través de cualquier prisma pudiera considerarse cursi o romántico. Y la verdad es que le repateaba que las mujeres fueran tan crueles como para darle a uno la patada si hacia algo bueno por ellas. ¿Qué tenía de malo que un hombre te quisiera, eh? Pues no, ellas tenían que destruirlo y destrozarlo y largarse en pos de otro. Pero Sinmarah… Ella era tan diferente a todas, que no le extrañaría que también fuera distinta en eso, pero cuando se decidió a arriesgarse y probar, pareció que ya era demasiado tarde. Era como si Sinmarah hubiera perdido la fe en él. Intentó recuperar la admiración que brillaba en sus ojos al mirarle. Se esforzó en no darse prisa en las despedidas, en besarla siempre que se separaban, en soltar alguna que otra cosa bonita a regañadientes, en caminar de la mano.
-Venga, Til, puedes irte –le decía ella con una sonrisa- Sé que no te gusta entretenerte aquí conmigo en el coche. ¡Vamos, sal, vete!
¡Qué furioso le ponía eso! ¿No tenía él razón? Dale a una mujer lo que te pide y te lo rechazará. ¡No había manera de acertar!
En serio, últimamente estoy tan agotada que creo que mi cerebro esta buscando el modo de dormir como a medias, con lo que hago cosas que no merecen mucha atención y ¡ni me entero! El otro día simpletemente estaba escribiendo, y luego subiendo fotos, y estaba muerrrrta de sueño, pero quería aprovechar para un escaso rato libre que hay, y resulta que me dió por escribir a Josh y a Alán. ¿Seré estúpida? Yo que me había propuesto no ser tan pesada con Josh...
Y bueno, me dice que está muy liado pero que le puedo llamar cuando quiera. Si, ya. Con el rollo de cambiar la SIM, recargarla, gastarme más dinero y otra vez dejar que vea la de dificultades que tengo sólo para poder hablar.
Y a Alan le dije que qué bien, que en cuanto le digo que paso de sex0 desaparece. Y me dice que no es que desaparezca, pero que como estuve muy fría y seca con él, ha pensado que mejor dejarme en paz para no molestarme ni darme quebraderos de cabeza, lo que no indica que no quiera seguir quedando...
Vale, lo de Alan está bien. No me va a seguir agobiando, ¡mejor! En cuanto a quedar con él, ¡nunca más! Y con Josh, mejor me toca a mí proceder como Alan y no molestarle más. Total, lo del teléfono es un engorro...
Y mientras sigue sin ocurrir nada, continuo con mi triste fantasía inventada con Til, mi eterno favorito...
Medio centenar de metros más allá de donde comenzó su huida, se detiene, apoyándose exhausta sobre la gruesa baranda de madera que restringe el paso a la zona donde una laguna se vierte en otra en una cascada. Y allí, cuando su respiración se normaliza, se siente vencida. ¿Para qué luchar contra el dolor? El que lleva años sintiendo es fruto de momentos maravillosos, inolvidables e irrepetibles. El gozo da la medida a las penurias, al igual que el calor se la da al frío, y catapultarse en la mirada de Til es como arrojarse a una caldera de metal fundido, y en contraposición, la separación es como quedar rociada en nitrógeno líquido. Mejor eso, mejor eso que la neutralidad, se dice Sinmarah, y serenamente toma aire y comienza a girarse hacia atrás, aunque el aplomo se le desvanece en un delicioso temblor de adrenalina a medida que su campo de visión avanza.
Al verla echarse a correr, Til la maldice y aprieta los puños, dispuesto a marcharse de allí. Es como si las aristas de todo lo desagradable del pasado que el tiempo había erosionado volvieran a emerger como las púas de un puerco espín.
La vez que ella se fue. ¡Y no sólo esa vez! Porque de haber sido sólo una, el agravio no habría sido tanto, mas habían sido muchas las veces que se había ido dejándole en una insoportable incertidumbre.
Desairado, mira la falda de su vestido danzando tras ella y se da media vuelta, encendiéndose un cigarrillo y caminando hacia su coche. Sin embargo, algo le retiene, como una cuerda invisible atada desde uno de sus tobillos al lugar donde estuviera colocada la colchoneta, y de la escena sexual que allí tuvo lugar, cuando al fin, a la tercera vez, ella se fundió en tornó él, su pensamiento saltó a la habitación de hotel donde le esperaba su novia.
Había querido compartir con Elena la espectacularidad de aquella estancia, con sus tres pisos, la chimenea, el jacuzzi circular, el dormitorio con colcha y cortinajes de terciopelo. Era Sinmarah quién le había obsequiado llevándole allí, y fue como estar dentro de una película.
No sólo era ella inusitadamente sensual, sino que carecía de pudor y desnuda parecía sentirse en la gloria. ¡Y transmitía tanta felicidad! Con la ilusión que sólo la juventud de la que ella ya carecía puede experimentar, le mostró el regalo del hotel: champán francés en cubitera y dos largas copas. Y luego corrió escaleras arriba a enseñarle el dormitorio, y escaleras abajo a enseñarle el impresionante baño con el jacuzzi.
-¡Venga! ¡Vamos a meternos! –prorrumpió quitándose el escaso vestido rosa que lucía y quedándose en ropa interior.
¡Oh, qué bien lo recordaba! Llevaba un sujetador rosa claro y unas braguitas rojas, pero Til estaba un poco acorbadado, casi preocupado por lo que debía haber costado esa habitación. No quería que debido al gasto ella hubiera puesto demasiadas expectativas en él, para no tener que defraudarla.
-¿Seguro que tienes descuento aquí? –preguntó, deseando que de nuevo le mintiera.
-¡Claro que sí! Ya te lo dije. Mi empresa tiene descuentos en muchos hoteles. Se me ha quedado en treinta euros, no te preocupes –le convenció con su habitual voz alegre y cantarina, agudizada por el amor.
-Pero el champán… -objetó- Eso lo has pagado tú.
-¡No! ¡De verdad! Estaba aquí cuando llegué.
Era un poco incómodo salir con una mujer rica, casada y diez años mayor que él, pero Sinmarah, sin duda, sabía como ablandarle el terreno, ya que una cosa era dejarse invitar a lugares caros, y otra, simular creer que el sitio costaba tan poco que ofrecerse a pagarle la mitad habría resultado ridículo. Y él era pobre. Trabajaba de camarero de sol a sol, sin contrato, y su jefe se las ingeniaba para no darle el sueldo del verano hasta el otoño. Siempre tenía que estar mendigándole unos cuantos euros para tabaco.
Recordaba que se duchó y que Sinmarah le hizo una foto completamente desnudo y con sus atributos bien a la vista, lo que después le preocupó que ella tuviera en su poder, cuando llegaron los tiempos de tormenta entre ellos. Pero en el jacuzzi, tenerla en frente, con su bonito pecho acariciado y balanceado por el agua, era más embriagador que el champán y bastó con mencionar querer hacerle el amor para que ella se incorporara y se pusiera sobre él y le catapultara a las más altas cumbres de la felicidad, donde todo era tan perfecto que dolía rememorarlo.
Por eso, cuando le propuso a Elena darse un baño y ella accedió a regañadientes, procurando mantener el pecho oculto en la espuma y luego se negó a hacer el amor porque según ella, los dueños del hotel seguro que escuchaban el ruido de los chorros de la bañera y como ya llevaban más de diez minutos allí darían por hecho que lo estaban haciendo, y eso le daba muchísima vergüenza, a Til se le quitaron todas las ganas de emular el pasado.
-Anda, Til, aquí no. Que esto es un poco de pervertidos. ¿Qué van a pensar de mí mañana?
¡Dios, qué diferente era de Sinmarah! No prestó mucha atención a su novia después de sus palabras. Se puso en cambio a fumar con los ojos entrecerrados.
Y aquí sigo. Es como magia. Sabes lo que quieres que pase pero no lo que va a pasar, y cada palabra pronunciada es como una encrucijada en la que decidir, una apuesta a rojo o negro sobre el destino final y a mí... me quedó bastante lacrimógeno.
Ella roza el agua con la punta de sus dedos, añorando, soñando con que llegara flotando una botella que contuviese un mensaje de él, pero no hay nada, y no se puede exprimir eternamente los recuerdos, ni aún visitando el lugar donde ocurrieron con la esperanza de que de algún modo hubieran quedado permanentemente grabados en la tierra, cual yacimiento para emergencias del corazón.
Oye su nombre, Sinmarah, y aunque supone que es el susurro del viento en las ramas; le embarga el miedo. De pronto le parece que es la voz de su marido, que acaba de descubrirla allí, y si se gira, se encontrará su rostro, pétreo de furia y una tromba de preguntas pronta a derramarse sobre ella.
Cuando lo oye por segunda vez, un escalofrío le recorre los brazos poniéndole piel de gallina. Ha sonado más alto y ha distinguido el timbre inequívoco de su voz. Asustada, gira lentamente la cabeza. ¡Til! Cuando le ve, su cerebro se protege con una intensa descarga de adrenalina, como una sacudida desde su interior.
Se incorpora lentamente, su respiración repentinamente lenta y profunda. ¡Es él! Y el intenso azul de sus ojos brilla como ascuas en la distancia. De pronto, cae un telón y se hace la noche. Ha llegado el actor principal y comienza el primer acto. Sinmarah juraría que casi en una nebulosa puede verse a ellos mismos, sobre el suelo, desnudos. Y después, la cámara cambia de posición y le ve encima de ella, su cuerpo, su pecho sus brazos esculpidos con martillo y cincel. Y un nuevo cambio de escena, que esta vez muestra el dolor. Una patada de agonía en las entrañas, Til huyendo, corriendo, apartándose de ella, y un daño irreparable del que aún no ha conseguido curarse plenamente.
Por nada del mundo quiere volver a sentir ese dolor, pero ahí está él, a no más de cinco metros de distancia, inmensamente poderoso y capaz de hacerla añicos de nuevo.
Camina hacia atrás, queriendo huir, nerviosa, sin saber qué hacer. ¿Qué hace él allí? Una llamita de esperanza surge en su pecho. ¿También habrá ido a rememorar? ¿También la echa de menos?
Cautelosa, otea el horizonte detrás de él, buscando la figura de su novia, sin cesar de moverse hacia el sendero que la apartará de allí.
-¿Por qué estás aquí? –le pregunta en un murmullo, y al instante se arrepiente.
Sólo hay una posible respuesta a esa pregunta que pueda salvarla de un intenso ataque de pena, y no es la que Til va a darle. ¡Hay que impedir que responda!
-Yo…- le dice llevándose una mano a la cabeza y notando un ligero vahído- Volver a verte tan de repente… No me encuentro muy bien y… y de todos modos ya me iba.
Logra concluir la frase y se echa a correr, lejos, lejos, lejos de él, aunque con cada metro que interpone es como si se le desgarrara el alma. No quiere irse, no quiere quedarse, y sobre todo, no quiere comprobar si él la sigue, ya que si se vuelve y descubre que él se marcha, también quedará expuesta a un golpe tan fuerte de dolor que las lágrimas se derramarán de sus ojos hasta dejarla seca. La máquina de tortura se ha puesto en marcha, removiendo viejos sentimientos y dotándolos de su energía original. El encuentro ha reiniciado el engranaje, y el amor y la necesidad de él son dos cilindros que no cesan de aumentar de revoluciones y potencia.
Lo único útil del silencio de Alan, aparte de que me haya dejado en paz, claro, es que sorprendentemente, aunque él ni siquiera me gusta, cada día me digo: "¡J0der, y sigue sin decir nada!". Y esto me agrada, porque así, casi se puede acertar al pensar que Til también habrá estado todo el verano diciéndose: "Y no viene. Y no me envía sms. ¿Qué será lo siguiente?". Porque por supuesto lo que más pienso es que debe estar enfadadísimo, ¿no? Bueno, lástima que haya llegado el mal tiempo. Ya no tengo excusa para salir a ver al doble de Til haciendo footing. Y a falta de nada real que contar, os pongo el mini relato con el que me entretengo cada noche. ¡Es algo mágico! Me relajo, viajo mentalmente a las playas y allí aparece él y todo parece ocurrir tan de verdad, que me pongo de los nervios!!! Este es el comienzo...
Tras estar en el hotel con su novia, comprueba por enésima vez que es una relación que no le llena y excusándose, regresa de nuevo a la playa. Allí, los recuerdos parecen flotar al alcance de la mano y en ocasiones, meterse en su transparente niebla puede casi obsequiarte con un viaje a los buenos momentos del pasado.
Observa que hay un coche de gran tamaño, similar al que solía tener ella, pero han pasado tantos años, que no se detiene a comprobar el interior.
El cielo está tan cargado que las nubes parecen inmensos globos de agua apunto de explotar.
Til camina hacia la playa, respirando hondo y apartándose mentalmente del presente. Le falta pasar el último árbol para tener a la vista el punto exacto donde una noche ella colocara su colchoneta y yacieran tan juntos y entrelazados como es humanamente posible, protegiéndose del frío y del resto del mundo. Un paso más y todo el escenario queda frente a él, y en ese momento la ve, y en su mente no hay espacio para la duda. Aunque le mostraran su imagen la décima parte de una milésima de segundo y aunque hubieran pasado cincuenta años y no cinco, la reconocería al instante. ¡Es ella!
Su primer impulso es largarse. El pasado no es peligroso, pero ella, sí lo es. Sin embargo, algo le retiene.
Ella lleva un largo vestido negro de manga larga, y el cabello, rojizo, le lame la espalda cual lánguidas lenguas de fuego. No puede ver su cara; quizá sea eso lo que le impide marcharse.
La ve mirar al cielo y por cómo se alzan sus hombros, sabe que suspira. Luego, se acerca a la orilla, donde se agacha junto al borde del agua. Y su nombre le asciende desde las entrañas, sube y sale por su boca y se convierte en sonido.
¡Alan me ha dejado en paz! Oh, ya, demasiado bueno para ser cierto así, de buenas a primeras, ¿no? Pero la verdad es que mantiene un completo silencio desde el miércoles. No sé si habrá pensado que quizá lograse ser más persuasivo por teléfono, ya que ese día usé una SIM prepago, y tampoco ganas de abrir el móvil, cambiarle la SIM y comprobarlo. O también podría ser que se haya ido de nuevo de viaje, lo que no creo porque había regresado un día antes. Así que, todo puede que de veras apunte a que al fin me ha entendido y ha visto que no hay nada que hacer, aunque con él se lo haya tenido que decir tres veces.
Le dije: "Otra vez me pillas escasa de tiempo y ya llego tarde, asi que digo rápido que no estoy de acuerdo con tu modo de ver y que nunca he tenido intención de empezar una relacion a escondidas y que lo que ocurrio estuvo bien (esto es mentira, es para no ofenderle) pero que fue culpa de las copas que te lían lo pasad0 con lo presente ya una le puede dar por refrescar los recuerdos. Y no me da tiempo a decirte na' más. Me tengo que ir".
La otra cosa que se me ocurre es que todas sus palabras bonitas eran ¡mentira! Alan es muy clásico y además se las da de listo, y se pensaría que diciendo esas bobadas yo caería a sus pies. Ha visto que no me hacen efecto y que estoy que no y que no y que no en lo de iniciar un idilio, y ha decidido no perder más tiempo ni hacer esfuerzos vanos conmigo. Y la otra opción, mucho más preocupante, es que esté tan enfadado y cabreado que esté gestando una terrible venganza.
De Josh no sé nada, ¡y me estoy hartando! Ya hace cinco años que le conozco y siempre es igual. Paso de un tío que no puede ni comprometerse a responder 3 de 4 intentos de comunicación. Vale, él es así y está muy codiciado y solicitado. Y sí, si me hubiera respondido yo habría continuado y el cuento de nunca acabar y ya le pedí hace medio año que fuera amable y majo mientras yo, poco a poco, me desenganchaba de él o algo así. Así que, quizá por esa cortesía me contestó.
Y no os aburro más. El sueco ese, el que me preguntó qué habría pasado tampoco me ha contestado, o sea, ¡¡¡Sinmarah está de capa caída total!!! Si tuviera que echarme novio, con situaciones así como éstas, me desesperaría, leches!
Pues si hija, Shona, ya me lo decíais y ahora lo digo yo, pero me parece que si corto por lo sano (que ya he utilizado el rollo de que quiero a mi familia y marido y tal), se va a poner agresivo.
El último post lo tuve que interrumpir porque llegó mi esposo de repente. ¡Menos mal que antes de que se abriese la puerta le había dado a guardar y sólo me quedó cerrar el navegador, ufff!
Y anoche le respondí, para que no se ponga pesado, diciéndole que no me daba tiempo ayer pero que le escribía hoy. Pues, ¡¡ya a las once de la mañana está su mensaje apremiándome a que le escriba!! Se pone a disimular, con muchos piropos y tal, a hablar en plan jovial para hacerse el simpático, y no sé qué decirle que no le siente mal. ¿Darle largas hasta que se le pase un poco el mono? ¿O volver a insistir con que yo no quería ser infiel? Mejor esto último.
Ah, Poort, preguntas que dónde anda Josh. Pues no sé, la verdad. Al cuarto mensaje no me respondió. Como él es un alma tan libre, lo de contactar conmigo via email más de 3 veces a la semana ya es demasiado. Vamos, conmigo y con cualquiera. Ya le dije que si libraba en días laborables me diera un toque e íbamos juntos a la uni, así que... hecho está. Pero no me va a decir nada. Él nunca toma la iniciativa, y como ya me he pasado de la ralla, pues me toca dejarle en paz un par de mesecitos. A ver si luego, para diciembre o enero, asienta un poco el culo y se queda un tiempo en este país, grrr
Y si a Alan pudiera decirle la verdad, jaja, sonaría así: Mira tío, quedé contigo porque quien de veras me gusta estaba ocupado y no tenía nada mejor qué hacer. Y además me había dado la vena de encontrar a gente del pasado y ver cómo nos va a todos. Pero nunca ha sido mi intención mantener un idilio. Lo que pasó esa noche entre nosotros fue culpa de demasiadas pocas que confundieron el presente con el pasado. Yo paso de infidelidades y de vivir con nervios, y si quisiera quedar con alguien a escondidas, desde luego no sería contigo, sino con un hombre que me guste como futuro marido, por si las moscas, y tú no entras en esa lista. No me gusta tu cara, no me gusta mucho tu cuerpo ni tu manera de ser. Y verte me sirvió para confirmar que hice bien en dejarte.
Bueno, ¿qué os ha parecido? Muy fuerte, ¿no? En fin, ahora que me he desahogado, a ver si me sale decirle algo más flojillo.
Nada, hablo de Alan. Tiene unas ideas muy raras en la cabeza. Parece que con él no me va a funcionar el truco de "me siento culpable, tengo miedo, nunca más". Dice que no debo sentirme culpable, que yo tomé la decisión de encontrarme con él y que por algo sería. Me temo que él cree que mis razones son las mismas que las suyas, es decir, que he estado pensando en él durante estos doce últimos años. ¡Ya! Jajaja. Y dice también que me he convertido en una droga para él y que por desgracia no soy sustituible con metadona y que necesita volver a verme. Que mi marido no tiene porqué enterarse. Que con cuidado se puede quedar. Y que entiende que lo tengo difícil para hablar por teléfono, pero que ¡necesita! hablar conmigo y que por favor se lo permita; que basta con decirnos un día y una hora seguras y él me llamará. Y que le encantaría sacarme a cenar, llevarme al cine, ir de viaje, aunque sabe que lo último es imposible y bla,bla,bla.
Vamos, que Alan quiere un idilio en toda regla. ¡J0-derrrr!
Me enrollé con Alan. Sí. Ya sabéis que no era mi intención y que desde luego, tampoco era seguro ni aconsejable, pero... pasó. Primero, me lié a hablar con una amiga y se me hizo tarde. Después, encima, perdí un autobús y empezó a llover, con lo que ya, no sólo era más tarde de lo planeado, sino que iba a llegar con media hora de retraso, así que, llamé a Alan y le propuse encontrarnos en un punto entremedias. Fue justo salir yo a la calle y aparecer él en su flamante deportivo metalizado.
Estaba practicamente igual. En las fotos se le ve más mayor, pero al vivo, ¡para nada! Yo estaba en ascuas de excitación y de emoción, por lo prohibido y peligroso del asunto. Le llevé a un bar bonito y aislado donde aparte de nosotros sólo había otras tres personas. Hablamos y hablamos. No recordaba que fuera tan pequeñito, es decir, que no me gustan los hombres que son igual de altos que yo con tacones y tienen en apariencia la misma anchura de hombros. Vamos que... él está bien, y según mi amiga y consejera, también está bien, pero a mí no me hace tilín.
Me confesó que en aquel entonces cuando salíamos, yo le daba miedo. -Y ahora creo que me das más miedo aún -añadió riendo. ¡Jo! Justo como dicen en el libro de psicología. Me dejó por miedo. Desde luego... Y se puso a salir con una buena chica con la que casó, de lo que se arrepiente desde el primer momento. Dice que entre ellos ya no existe relación, pero entonces, ¿por qué toma precauciones con el teléfono?
En fin, supongo que mola cuando tienes enfrente a alguien que está loco por ti y lo quiere ocultar y a cambio usa los típicos píropos, pero no te engaña, porque la manera en que brillan sus ojos al mirarte y el estar prestándote toda su atención, ¡son pruebas inequívocas! Imagino que fue eso. Quería contagiarme de la imagen que él tenía de mí. De que había guardado las únicas cinco cartas que tenía de mí y las había releído muchas veces. Él es yo como yo con Til: años soñando conmigo y por fin el sueño que se le hace realidad. Así que, no quise ser egoísta ni mala y le besé y le desnudé. Lo gracioso es que no se le levantaba (¿los nervios?), así que estuvo dándome placer con manos y lengua. No estuvo mal, pero algo así es completamente prescindible, ¿no?
No sé de qué hablábamos cuando él dijo todo ilusionado: "¿De verdad que vas a querer volverme a ver?". "¡Por supuesto que sí!" le aseguré. Y no quiero, claro está. Menos mal que no le dí mi auténtico móvil, pero ya, al segundo día, me dice que se ha pasado el día pendiente del teléfono, por si le llamo. Le he dicho cuidadosamente que yo quería que pasará lo que pasó y que soy una esposa fiel (jeje) y que me asusta lo que he hecho, por lo que de momeeeento, seguimos hablando por Internet porque mi marido anda un poco mosca.
¡Qué diferente habría sido de ocurrir todo eso con Til! Y lo que me ha dejado más boquiabierta es que hoy, al abrir el correo, resulta que el sueco también me ha escrito!! Dice estaba fuera ese día, pero que la semana que viene está por aquí. ¡Ni de coña quedo con un tío alto, rico y mono por quién no siento amor! Y con Josh... uf, ya hablaré más tarde, cuando logre relajarme. ¡Besitos!
Pues al final, no sé!!! Estoy que ardo. Le propuse a Josh quedar, y no me respondía, y cómo no quería echar el día a perder y sólo me quedaban dos opciones: Alan y un sueco guapísimo que conocí un día pero por culpa de su jefe la cosa no salió, pues también les propuse a ellos quedar. Y el único que me contestó fué Alan, en plan que le encantaría tanto verme que ¡vamos! cancelaba clases, reuniones y lo que hiciera falta.
Y como no me podía decidir, he llamado a mi mejor amiga, quien me ha dicho que la vida es muy corta y que para no pasar un día libre en balde, que quede con Alan, a pesar del peligro. También me ha hecho ver que él también está casado y que él también se arriesga, lo que es buena cosa, ¿no? Y justo, me decido a quedar con Alan, cuando resulta que el bueno de Josh me había respondido por Internet, diciendo que le encanta mi plan pero que le han sacado de la guardia a trabajar. ¡Vaya, vaya! Josh respondiendo TRES veces seguidas. Según mi amiga, es que le intereso, jejeje. Así que a Josh le he dicho que a ver si para la semana que viene. Y mientras tanto, con Alan, ¡ay, Dios mío! Me queda hora y media para volverme a llamar y decirle dónde nos vemos. Y no sé qué hacer. No quiero acostarme con él, ¡¡no!!, de verdad, pero todo depende de lo que sienta al verle y es que... ¡¡han pasado 13 años!!
Desde luego, no quiero ni darle mi auténtico número de móvil ni mostrarle dónde está mi casa, por lo que, quizá me vaya en tren a la ciudad y me dé el capricho de citarle en el bar de un hotel de lujo, donde las habitaciones cuestan tanto que en modo alguno se le ocurra proponerme tomar una, aro, no me va a proponer irnos a un hostal, ya que su hombría y poder adquisitivo quedarían fatal, ¿no?
Bueno, a ver qué sucede. La otra opción es citarle en unos de estos Malls llenos de tiendas y cines.
Vale, rubilla querida, no te dejo con las ganas, ahora mismito os cuento lo que me ha dicho, y Poort, xfa, traduce desde tu punto de vista masculino!!!!! Ah, las fotos, no son de esas eróticas, ¡¡no, no!! jaja, no me atrevería a enseñárselas a Josh en la distancia. Son unas fotos de peluquería y maquillaje, nada más. Salgo muy mona porque estoy más retoca' que una famosilla de más de 50 años en el "Hola", ja, me parto...
Josh me dice... Bueno, yo le decía que quedáramos al salir de clase, ¿no? Y en plan broma le reprendía por estar enviándome un sms por el móvil en vez de atender al profe, a lo que me dice que lleva 4 días de clase y que está hasta los mísmisimos, pero que se va a obligar a ir... Y no sé. Esto es lo que me deja a cuadros. Yo le propongo que si no hace novillos, nos veamos en la facultad. Él dice que seguirá yendo... Y que este mes está de guardia y que el 30 se pira al quinto pino otra vez.
Así que, no sé!! Como los tíos son tan simples, si yo le he propuesto ir con él a clase y me dice que va a ir, puede que signifique: "Adelante! Cuando tú quieras!". Pero luego me viene con lo de las guardias ( es decir, que puede que sea una excusa para no saber qué día libra) y con lo de que se va... Vamos, a mí me parece que no tiene muchas ganas de verme, pero entonces, ¿para qué me escribe? ¿Porque siempre es muy caballeroso... las dos primeras veces? Ainsss, no sé qué hacer. Bueno, si tomárselo como que los tíos hablan claro: me está diciendo que podríamos quedar pero que no sabé que días va a ir y que el 30 se va, o sea, fecha límite. ¿Qué hago yo ahora? ¿Preguntarle qué hace mañana? ¿O directamente llamarle?
Bah, ya se me ha ido la olla y le he escrito. Le he ofrecido todas las combinaciones posibles y he dejado todas las puertas abiertas para que me llame o le llame yo. Y para acariciar su ego, le he dicho claramente que me haría por unas horas la mujer más feliz del mundo si nos viéramos un rato. ¡Toma ya! Ahí voy yo con mi sinceridad. Pero tiene truco. Si un tío que me cae bien pero no me pone a mil me dice eso, seguro que quedo con él, sólo por verme todo lo bien que me reflejan sus ojos.
Y es que, es eso: cómo te ves en la persona que amas. A mí ahora me sorprende lo torpe que fui con Til, creyendo que si le criticaba él me daría más, cuando el efecto es el contrario, y ¡cuando sabía! que con Josh funcionaba justo lo contrario. Una vez cambié de chip y empecé a decirle todo lo bueno que veía en él, él dejo de huír de mí. Y con Til lo hice bien el penúltimo día, pero no imaginaba que le sentaría tan mal que cancelase nuestra cita ante todos sus amigos. Destruí su imagen. Y vale que si él hubiera puesto sólo un poquito de su parte, no habría ocurrido nada de eso, pero él tenía sólo 21 años, y yo 30. Aún falta tanto por aprender... Adoro hablar con la gente mayor, pero no con los que pasan por la vida que ni fu ni fa, sino con los que han hecho conclusiones, que son pocos, la verdad. Y me apena que mi suegra, a su edad, y mi madre, sigan atrapadas en gilip0lleces como el qué dirán o con que los hombres son todos iguales.No son iguales, y antes de los 40, espero descubrir la fórmula para identificarlos.
Josh... tiene sus ventajas. Va a su rollo y no le importa la opinión de nadie, pero está claro que tiene algún trauma con eso de huír al hemisferio sur o tan pronto una novia le pide pasar más tiempo en casa. Suelen decir que es miedo a que les conozcan a fondo, por eso huyen antes de caer en el riesgo de dejarse ver. Quizá por eso Josh siempre esté en tensión conmigo, porque sabe lo que arriesgo quedando con él y se ha puesto un listón. Yo se lo he dicho: le adoro tal y como es, y él... se sorprende. Me dice que cómo puede ser, que me ha tratado mal... Pero no, también me ha hecho subir a las estrellas; casi más que nadie.
Amo a Josh, en serio. Sí, le quiero. Me encantaría que fuera mi hermano legítimo. No como Mark, no, ¿qué os creéis? Mark siempre es un fuego en ebullición. Aunque nos tiremos siglos sólo viéndonos y charlando sin acostarnos, siempre tengo presente que está cañón y que es una delicia verle, pero en el fondo, el sexo son unos minutos, y me ayuda mucho más estar en silencio en su regazo que sudar debajo de él. Y con Josh, es igual. Sus ojos brillan, no sé si por verme o por ver cómo yo le veo a él. Y puede que eso sea lo que me engancha. Cómo me siento cuando estoy con él. Cömo se torna tímido, afectado, nervioso, tenso, como si se le hubiera aparecido la cenicienta vestida para la fiesta... Oh, por eso adoro a Josh. Y xq pasa de estar cachas. Y por sus ojos azules. Y por el tono tan masculino de su voz. Y porque se depila... ahí, ¡sí! Y porque se lanzó con su boca entre mis piernas, lo primero que hizo, y eso me emocionó, nunca lo había él hecho antes, y porque me acompañó en su coche, y porque se aseguró de que yo supiera donde me hallaba, y porque me responde, y porque hablamos sin prisa y sin pausa y todo fluye cuando le llamo... Jo, amigas, si no estuviera casada, Josh sería mi principal apuesta!!!
Sí, yo también estoy algo desanimada, como os pasa a muchas de vosotras. A veces creo por eso escribo a Josh, para añadirle algo de emoción a mi vida, con eso de estar pendiente de sí responde o no. Pero claro, el cuerpo se acostumbra a todo. Le escribí el viernes y ha respondido sólo hoy. No me lo esperaba. Y sí, claro, me emocionado "algo" y he intentado exprimir la sensación, diciéndome, primero os leo, luego os lo cuento y luego leo su mensaje, pero ahora... Una de dos: o es un comentario sobre mis nuevas fotos y ni una palabra de vernos, lo que me temo, o por el contrario, la mejor opción posible: que mañana esté libre y me proponga dar un paseo juntos. Si es lo último, genial, ¿no? Siempre y cuando me libre del sexo, pero si sólo habla de las fotos, habré agotado mis mensajes por esta ocasión. Josh responde dos veces, pero nunca, nunca tres!! No sé por qué será...
Volví a ver al chico endiabladamente guapo, el que se parece tan increíblemente a Til. Llevaba una camiseta naranja sin mangas, como las de baloncesto, y era una gloria ver como sus marcados pectorales se unían a sus hombros. Me quedé sin respiración. Lo gracioso es que yo no estaba mirando hacía allí de donde él vino, pero fue aparecer en mi ángulo de visión y reaccionar al instante... ¡quedándome boquiabierta!
Al menos, ahora puedo suponer que el chico hace footing todas las noches. Un día le ví a las 22:27, el último a las 21:47... Muy tarde para andar yo por ahí esperando a que pase, y seguro, ¡seguro! que si voy a propósito a verle pasar, se pasa un siglo y no le vuelvo a ver.
de Josh, claro. ¿Os acordaís que él se había largado muy lejos y que regresaba a mediados de septiembre y que yo decidí apartarme y dejar paso a toda la avalancha de jovencitas desesperadas caza solteros locas por quedar con él? Uy, la verdad es que cada vez que me comunico con Josh me siento jugando a la ruleta rusa. ¡No es posible que siempre le pille "en casa". Es demasiada suerte!!! Bueno, esta última vez le escribí diciéndole que me encantaría charlar con él pero que no me atrevía desde el móvil. Y él respondió casi enseguida diciéndome a qué hora se quedaba libre. Sólo que no me molesté en mirar el correo... hasta hoy, que me he llevado la grata sorpresa de comprobar que me respondió. Acabo de decirle que quizá podríamos vernos un día al salir de clase. Pero no sé por qué lo hago. Josh me gusta mucho como persona, ya sabéis, pero sexualmente... No es que él no me atraiga, es que estoy harta del sexo. Me aburre inmensamente. Con quién sea. Excepto con Til, jajaja. Si para volver a verle tengo que pasar por la penuría de acostarme con él (si, sí, menuda penuría Sinmarah), pues me acuesto.
Y... en fin, que no sé por qué no puedo dejar en paz a Josh. Ojalá pudiéramos ser sólo amigos, pero seguro que no le interesa mucho verme si no es con sexo, aunque, a juzgar por la última vez que estaba tan en tensión... No sé. En manos del azar está. Ya le he propuesto vernos. Le toca dar el siguiente paso. Si no responde en unos días, ya probaré a llamarle dentro de un mes. Un mes, sí, habéis leído bien. Con Josh más a menudo es demasiado.
Alan sigue ignorando mis peticiones de no hablar en plan amantes. Parece que se lo tiene muy creído en cuanto a sus dotes de seductor, y se cree que con mis años me voy a derretir si alguien me propone una cena a la luz de las velas y un ramo de rosas, jaja. Claro, él probablemente que soy una buena esposa fiel que ha salido con tres hombres en su vida y con él tercero se casó. Si él supiera, jajaja!!!
Y a uno de mis exs, a un con quién no quiero estar ni quiero volver a encontrarme, se ha instalado permanentemente a 100m de mi casa, ¡maldita sea! Y siempre que me le encuentro, aunque intento evitar pasar por állí en todo lo posible, me mira con tal sonrisa de esperanza que me da pena. Yo le saludo sonriendo porque temo que se ofenda y venga a mi casa y monte en escándalo, y luego continuo andando a toda velocidad y ni loca me giro a mirar atrás... Ay, necesito mudarme a otro lugar. ¿Qué tal más cerca de Josh? ;)