Descripción: Empecé este paseo por mi conciencia en mi espacio anterior... ahora retomo mi blog, y sigo por donde iba... hasta ahora me ha sentado muy bien... así que ¿por qué dejarlo? No sé si os gustará, no lo hago por eso... pero me halaga que lo hayáis seguido tanto hasta ahora. Vuestros comentarios no he podido traerlos... si queréis volver a comentar algo, lo dejo a vuestro criterio.
Estos días estoy muy ilusionado. Mucho. Por varias cosas. Hacía tiempo que no me sentía así. Sé que es arriesgado, pero también es una forma de sentirse más vivo. Cuanto más te ilusiones, más palos puedes llevarte. Cierto. Pero qué puñetas, si me los llevo, que me quiten lo bailao.
Por un lado está el concierto, me hace muchísima ilusión... una cosa bárbara. Aparte de que me guste más o menos, es que es un viaje en el tiempo a una época que quiero revivir y compartir con otros 15.000 locos en un sitio que además me gusta tanto como Barcelona. Una ciudad que me trae unos recuerdos imborrables, donde viví quizá el mejor año de mi vida.
Por otro lado está el empezar a conoceros. Sí, me hace muchísima ilusión. Hace un tiempo (ya lejano) no esperaba que llegara a dar el paso de conoceros, pero aquí me veis. Preparado, listo y ya!.
Por otro lado está la ilusión de sentir la amistad. La que este año me ha materializado muy adentro con algunas de las personas que conocí el año pasado en un chat demasiado distante. Una amistad que siempre valoré mucho en mi vida, pero que hipotequé casi sin darme cuenta hace muchos años. Una amistad de mujeres preciosas por fuera y preciosas por dentro. Una amistad que me hace sentir orgulloso por ellas y por mí.
También está la ilusión de ver que en tres semanas, hemos estado dos veces con mis padres y mi hermana. Esto no ocurría desde... a ver dejadme que lo piense... no ocurría desde... fácilmente más de cinco años. Casi seguro que más.
También me llena de ilusión el ver que sí, tenemos nuestros altibajos, sí. Son frecuentes, sí. Pero también son más cortos. Más dolorosos también, porque el cuerpo, el alma, los nervios, ya no aguantan tanto golpe como antes y uno cae con más facilidad a la lona, pero también es cierto que pasa muy poco tiempo hasta que las manos que tanto anhelo me vienen a aliviar y a levantar del suelo, dolidas en su conciencia y arrepentidas... tratando de recomponer ese trocito de alma que acaba de romper en mi interior. No sé explicarlo mejor, pero sabed que es un pequeño cambio que puede pareceros sutil, pero que a mí me ilusiona... hay evolución... hay lucha también en ella... no estoy yo solo...
Así que si estos días me notáis exhultante, especialmente loco, ya sabéis los motivos. Mi pecho late fuerte, siento profundamente, respiro a pleno pulmón, canto constantemente aunque sea mentalmente, silvo..., miro y veo, oigo y escucho. Río.
Y me acuerdo de vosotras CADA DÍA.
Seguid ahí... no dejéis que mi pecho deje de latir...
Cuando hace más o menos año y medio conocí a su madre, nunca pude imaginar que llegaríamos hasta este punto. En aquel momento yo era un hombre herido, muy tocado, desesperado, perdido. Mi mano se extendía casi a ciegas buscando alguien que me sujetara y me ayudara a no caer, que me ayudara a orientarme y encontrar el camino, a aliviar mi sufrimiento, a superarlo y levantarme para seguir adelante.
Nunca olvidaré nuestra primera conversación por teléfono. Jamás habíamos hablado, tan solo unos pocos encuentros por aquí. Pero en aquella primera charla me sentí tan cómodo con su voz, era tan fácil abrirse y confiar... su voz fue como una manta sobre mis hombros en un frío invierno. Me abrigó y me reconfortó. Me dio ánimos y energía, y me enseñó a ver dónde estaba mi camino. Alegró mi alma, alivió mi dolor y me dio fuerzas para seguir.
Pero ella también tenía sus penas, su dolor. Y poco después lo compartía conmigo, con la misma confianza con que yo le mostré mis heridas, ella me mostró las suyas. Y desde entonces ambos fuimos compartiendo ratos, charlas, caidas, correos y algunas llamadas. Cada uno en su camino, ayudándonos en la distancia.
Nuestros miedos salieron a flote. Nos enfrentamos a ellos. Los reconocimos, les hicimos frente y los dejamos atrás.
En mi caso, incluso en el momento más bajo siempre me mostró su apoyo.
En su caso, jamás perdí la esperanza de que alcanzaría su sueño.
En mi caso, aquí sigo, luchando por mi amor y mi vida.
En su caso... en su caso hoy he visto un ángel.
Es precioso, pequeñito, con una mirada limpia, amplia, sonrisa permanente, unas manitas diminutas de juguete, como sus piececitos... un ombliguito perfecto en una barriguita que pide comersela despacito a besos y pedorretas. Esos bracitos, esas rodillitas, esos hombritos... esa carita. Sí, sin duda hoy he visto un ángel. Lástima que no podamos ver sus alitas, pero seguro que era un ángel.
El ángel que ha venido a darme la razón, a acallar sus temores para siempre, a pintarle una sonrisa en el corazón imborrable, que algunos vemos sin necesidad de mirar su rostro. Un ángel precioso, perfecto, lleno de vida y alegría. Un ángel que trae un saco de felicidad... que reparte con cada sonrisa, con cada chapoteo y con cada mirada que nos regala.
A mí me ha regalado hoy un puñadito de esa felicidad. Hoy he visto un ángel. Y sé que, por mucho tiempo que pase, nunca lo olvidaré.
Jamás.
Este ratito debería haber estado revisando informes importantes y otras cosas muy urgentes que ponen serio a muchas personas... pero, ¿sabéis qué? AL CARAJO: HOY HE VISTO UN ÁNGEL, COÑO, Y ESO NO SE VE TODOS LOS DÍAS.
Como algunas de vosotras ya sabéis, me va a mí esto de meterme en un charco de los buenos... y lo que voy a contaros a continuación es como cuando Jesulín se encerró en una plaza de toros llena de mujeres y solo mujeres.
Vamos a ver, queridas mías.
Qué os pasa a las mujeres con las compras, a ver. Porque yo es que alucino y no lo termino de entender.
Cuando paso por delante de una joyería, o de un mostrador de joyas, de la marca que sea, me da igual, pues como mucho miro, y sí, mucho brillo (tanto como luces), y todo muy mono puesto, pero... ¿y qué? son PIEDRAS. Algunas muy bien trabajadas y todo eso, pero PIEDRAS. PIE-DRAS. Lo de llamar a algunas piedras preciosas es solo para justificar lo que cobran y para que el tío que lleva todo esto duerma con la conciencia tranquila. PIE-DRAS. Las hay con forma de un osito cutre, otras con formas varias para ir metiendolas en una pulsera que es lo menos caro que tienen... (pedazo de negocio, eso hay que reconocerlo), pero... piedras, queridas mías, son piedras.
Pero es que las mujeres... es curiosísimo observaros en esos momentos... los ojos como platos... os quedáis como hipnotizadas... y lo que ya es para estudiarlo a fondo es "el procedimiento estándar para probarse un anilo o una pulsera". Es para observarlo detenidamente. A ver:
1. cójase el anillo o la pulsera en cuestión y colóquese en la mano deseada. 2. incline la cabeza sucesivas veces a un lado y al otro en coordinación con el brazo para poder apreciar los brillos más rebuscados con el menor número de gestos posible. 3. haga girar la pulsera en la muñeca con un leve giro de brazo, o estire y recoja los dedos para que el anillo tenga más movilidad y por tanto más brillo. 4. busque la opinión de la chica que se lo quiere vender (¡¡¡ pero qué os va a decir !!!) y si hay otra cliente cerca, lo mismo. 5. si le acompaña un hombre, hágale la pregunta estándar "¿a que es mono?" que el hombre, si sabe lo que le conviene, contestará con la respuesta estandar: "mucho". 6. pregúntese a la vendedora por el precio del artículo, aunque venga perfectamente etiquetado y esté bien visible. 7. repítanse los pasos 2 a 6 sucesivas veces, hasta que se detecte en el tono del varón acompañante un cansancio, hartura, y desesperación tan profundas que prefiera pagar lo que sea con tal de salir de ese bucle. 8. Diríjase a la señorita que le atienda con una sonrisa suave y un estándar "me lo voy a llevar".
Está demostrado generación tras generación que ese procedimiento funciona en un alto número de intentos, por lo que se repite una y otra vez.
Pero dejemos eso, y miremos las figuritas de adorno. Sí, las figuritas... por ejemplo las de cristal. Pero vamos a ver, ¿no va a brillar? es cristal tallado precisamente para buscar todos los reflejos que pueda!!. Pero es CRISTAL. CRIS-TAL. No es nada más que eso: CRIS-TAL. Sin embargo os quedáis maravilladas... y si encima es cristal de colores entonces yaaaaa... vamos... al borde del orgasmo... De nada sirve comentarios como "a mí me dan el material adecuado y lo hago mejor"... es más, ese comentario suele pasar factura poco después de la forma más insospechada.
Pero en fin.
Ya tenemos por ahora piedras y cristal. Que digo yo que una piedra de la calle y un vaso de los que tenemos en casa ya valen no?.
Y los zapatos? pero qué pasa con los zapatos por Dios? nunca son suficientes??? pero cuántos pies tenéis??? tenéis alguno escondido y no nos hemos enterado???? por favor... que un hombre se avía con tres pares de zapatos y gracias... ¿por qué ley divina una mujer NECESITA tanto zapato??? ¡¡¡si no da tiempo de ponerselos todos!!!
Toootal, queridas mías... que con todo esto hace ya un tiempo que vengo yo rumiando una teoría sobre el origen de la crisis esta... sí. Y no me parece nada descabellada eh?...
Porque a ver, sed sinceras: cuando una mujer quiere comprarse algo, y dice: "solo eso, de verdad"... jeje... solo eso dice... jejejeje... solo dice... jejejejejejeje... cuando una mujer dice eso cualquier hombre medianamente informado se le descompone el vientre como mínimo... porque deberían saltar todas las alarmas del mundo al unísono.
Y precísamente eso es lo que ha debido pasar hace pocos años... seguramente en Wall Street se paseó una buena mañana cualquiera una mujer y soltó en medio de todos los broker aquellos que no paran de gritar y hacer señas... dijo... así bajito... sin despeinarse (por dios, con lo que cuesta la peluquería)... dijo... "voy a comprar solo eso... de verdad"...
Estoy seguro de que el pánico más infrahumano se apoderó de aquellos angelitos agentes de bolsa en un nanosegundo, y todo el mundo empezó a vender lo que tenía para intentar no perderlo todo... y claro, con todo el mundo vendiendo, nadie compraba, y se lió. El mercado colapsado, el dinero que no fluye... luego se enteraron en Londres, luego los japoneses,... y lo uno trajo lo otro y de aquellos fangos, estos lodos.
Pero seguramente esa simple frase fue suficiente... "solo eso, de verdad". El "de verdad" es demoledor... yo he experimentado ese miedo ancestral en la misma médula espinal cuando he oido esas palabras. No concibo un miedo mayor ni más profundo.
Y encima ahora, que, por si no os habéis dado cuenta, ya estamos en Navidad. Que no? aaaaanda que no... el ambiente que hay ahora es mucho más navideño que el que veréis en la recta final de diciembre. Y si no atentas.
Que si el mismo árbol de siempre, pero con caspa. Que si los mismos muñecos, con otra ropa. Que si las mismas bolas, con un color más raro y feo si cabe. Que si purpurina dorada por aquí, purpurina plateada por allá, purpurina azul, roja, morada... Bombillas cada vez más ortopédicas, que yo creo que quedan mal hasta en un camión trailer de esos... eeeeeeeen fin. Ahora, eso sí, me compadezco de los pobres trabajadores de esos centros comerciales que tienen que aguantar durante dos meses todos los días de sol a sol la dichosa musiquita navideña del muñequito tal, o de las luces pascual... Me imagino su casa en Navidad... ¡¡¡ NI UN PUTO ADORNO !!! y una escopeta recortada debidamente preparada por si asoma alguno por la puerta.
No quiero terminar este "post suicida" sin volver a otro evento especialmente curioso que he mencionado antes de pasada. La pelu.
LA PELU.
AYYYY LA PELU.
Pero vamos a ver... ¿¿¿¿hay algo más antierótico y cortapunto que una cabeza femenina cubierta de una especie de nocilla caducada y con trozos de papel albal por todas partes???? Esa imagen puede traumatizar a un hombre de por vida por el amor de Dios... eso no se hace joder... y venga pelo pallá, y venga pinza, y venga aire... y venga potingue... y venga calor...
Cooooño... un cepillo de toda la vida y a cepillarse por las mañanas con el pelito limpio y aireeeeeeeeeeeeee... jodeeeeeeeeeeeeeer... qué manía con la pelu de los cojons.... y lo peooooooooorrrrrr... que luego te cuelan un sablazo que te deja temblando varios días... ¡¡ y cuidado con no soltar varias veces algún tipo de "oh qué guapa", y cosas así !! ¡¡¡ OJITO !!!.
En fin queridas mías... que podría seguir y lo mismo lo hago otro día... el maravilloso y curioso tema de la compras... relacionado o no con las mujeres, pero en cualquier caso apasionante... un día de estos os hablaré del timo del pan de molde. Nos roban, y tan contentos oiga!!.
Bueno. Por ahora ya vale.
Cuando estéis decidiendo qué cuchillo tirarme, recordad que os quiero mucho vale?
Es curioso cuántos sentimientos caben en un fin de semana. Y si encima le damos un día de prórroga, entonces ya ni os cuento.
"En el capítulo anterior..." pudisteis leer mi preocupación por lo que tenía toda la pinta que sería un gran paso atrás, una claudicación en toda regla, disfrazada de todo tipo de buenos deseos y nobles propósitos, pero claudicación a fin de cuentas ante el orgullo y la soberbia. En mi horizonte solo creía adivinar la tensión, los puyazos, los llantos y las decepciones sobre heridas no cerradas que solo iban a provocar más dolor, más depresión, más lágrimas y más desesperación.
Pero debe ser que en ocasiones como esta en que uno juega a pitoniso, el destino se levanta y nos recuerda que es caprichoso, como un niño pequeño. Que puede ser hasta bondadoso, como un niño pequeño. Y que puede ser sorprendente, como un niño pequeño.
Y finalmente, ese fin de semana que se me presentaba de un color negro profundo, insondable... terminó siendo... una especie de exposición de sentimientos. Ha sido como visitar una galería de arte, donde los cuadros eran distintos sentimientos. Y como ocurre con las obras de arte que realmente lo son, sacuden el alma de quien las contempla de distinta manera, idealmente de la menera que busca el artista. En este caso, el artista ha sido el destino, y el alma zaranteada ha sido la mía.
El primer cuadro que vi en la galería, en la que entré pensando que era un túnel, era una mezcla del Guernica de Picasso y las Meninas de Velázquez. En ese primer cuadro se daban la mano la tensión y el dolor contenidos, y la superficialidad más forzada, donde todas las figuras miran al espectador como mirándose en el espejo, como mirándose a sí mismas, a su propia opulencia. Hasta había un perro. Tras ese cuadro me quedó una mezcla extraña de sensaciones: había un poco de rabia, un poco de alivio, un poco de pena. Ella venía a mi lado y sentía algo parecido, pero en su caso la rabia era mayor, y salió de aquel cuadro muy descolocada y desconcertada. No se lo esperaba. Ella esperaba ver un Guernica mezclado con un Fusilamiento del 2 de Mayo, de Goya. Pero no. Ese aire de Meninas la dejó, nos dejó, descolocados por completo.
El siguiente cuadro fue la sorpresa del fin de semana. Y además fue un cuadro que ambos presenciamos con sentimientos seguro muy diferentes. Ella lo contempló como algo práctico, vacío, incluso con algo de tensión. Yo lo contemplé con una callada alegría, que por momentos estuvo cerca de romper en lágrimas. Porque en aquel cuadro aparecía mi padre, aparecía mi madre, apareció brevemente mi hermana... y apareció también mi sobrina, que me recordaba y estuvo enseñandome juguetes... entre ellos, qué cosas, un león. En cuanto lo vi, claro está, me acordé de vosotras cinco. Aquel cuadro no lo esperaba en absoluto, y creedme si os digo, que me dejó una sonrisa pintada en el alma que todavía me dura mientras escribo esto.
Después de aquellos cuadros tan imprevistos, la galería daba paso a un patio de descanso. En el centro del patio una fuente cuyo sonido relajaba al visitante y refrescaba el paseo. Aquella sala no la esperaba tampoco, ahí, en medio del fin de semana. Esperaba que en ese punto el dolor fuera el protagonista, pero no, lo fue el murmuro del agua fresca y el eco de aquel patio.
Después de aquel sorprendente descanso, la galería doblaba una esquina para enfilar un pasillo muy iluminado, con muchos cuadros, pero muy repetidos. Las tiendas, los adornos navideños, la gente parandonos para recrearse en el perrito... y él dejándose querer, claro está. Lo mejor de aquel pasillo fue que transcurrió sin pena. A estas alturas de fin de semana yo estaba convencido que todo serían penas. Pero no. Nada de eso. Al contrario... ese último tramo estuvo impregnado todo el tiempo con el mejor aroma posible: el amor.
Y con esta borrachera de sorpresas, regresé a la rutina del trabajo diario, donde mis ángeles esperaban preocupadas por este león que salió a la selva esperando una cacería, y se encontró con un paseo por una tranquila y pacífica sabana, llena de vida, y con el mejor final que podía pensar.
Pasando la resaca me encuentro hoy, pensando egoístamente si no hubiera sido mejor, tal vez, enfrentarse a la cacería. Lo malo es que no se presentaron los cazadores, sino los turistas.
Porque cuando pasen las horas y los días, el escenario no habrá empeorado apenas, no... pero tampoco habrá mejorado.