Descripción: Empecé este paseo por mi conciencia en mi espacio anterior... ahora retomo mi blog, y sigo por donde iba... hasta ahora me ha sentado muy bien... así que ¿por qué dejarlo? No sé si os gustará, no lo hago por eso... pero me halaga que lo hayáis seguido tanto hasta ahora. Vuestros comentarios no he podido traerlos... si queréis volver a comentar algo, lo dejo a vuestro criterio.
Llevo desde el martes buscando la fórmula. Esa llave que me permita convencerla para que se replantee la idea que tiene en mente desde que habló con vosotros el lunes. Pero en este momento tengo que hacerme a la idea: lo más probable es que no lo consiga.
Lo más probable es que mañana sábado volvamos a entrar en vuestra casa, volvamos a veros las caras y volvamos a sentarnos con vosotros.
Lo más probable es que yo lleve un nudo en el estómago y los nervios bien sujetos y bien tensos. Con mil argumentos haciendo cola en mi garganta. Con toda mi atención en sus reacciones, en sus sentimientos, en su dolor.
Porque lo más probable es que lo resucitéis, lo reaniméis, lo reactivéis. Un dolor que ha estado llorando todos estos meses, año y medio... un dolor que muy lentamente ha ido amainando, como las tormentas... dejando charcos, árboles rotos, sótanos inundados, fango y hojarasca por todas partes. Frío y humedad.
Y ahora me enfrento a la certeza de que mañana sábado, todo eso volverá a empezar.
Lo más probable es que mañana no oigamos nada nuevo. Lo de siempre. Reproches y más reproches hacia vuestra hija y hacia mí. Cuando vayáis contra mí me preocupa estar a la altura. A ver si me explico: sé que estaré a la altura, porque para dejaros callados solo tengo que responder a vuestros reproches con una letra levemente sostenida:
- ¿¿¿... YYYYY ????
Y cuando me miréis con cara de "ehn?", solo tendré que añadir: "¿¿¿¿¿¿estáis diciendo que por eso habéis dejado de hablar con vuestra hija durante un año y medio??????"...
Y cuando el silencio os pinte la cara de rojo, sin esfuerzo alguno me saldrá por esta boca: "y encima lo que decís sobre mí es pura invención... ¿qué pretendéis? ¿qué buscáis?... Olvidaros de mí, y no le robéis más a vuestra hija el cariño que necesita y que se merece".
Y cuando diga todo esto, que para mí es estar a la altura, me preocupa la reacción que tendrán, y el daño que esta reacción provocará en ella.
Y a todo esto habrá que añadirle el dolor que le provocará presenciar o vuestro encabezonamiento con los reproches desde el ventilador, sin rastro de autocrítica ni arrepentimiento, o vuestra falsedad como si nada hubiera pasado y quitandole hierro a todo... claro... qué fácil... qué cómodo...
Es como el marido que maltrata a su esposa a palizas durante años y un buen día le dice... "mira, cariño, que hemos tenido nuestros más y nuestros menos pero total, vamos a dejarlo pasar vale? venga, sin rencores".
Y mañana sábado, de vuelta a casa, llorará de rabia, de impotencia, y de tristeza. Y recordaré este escrito. Y masticaré docenas de "lo sabía". Y de nuevo será mi hombro. Y de nuevo mis lágrimas caerán hacia dentro, inundando mi corazón. Encharcando mi alma. Llenando de humedad los sótanos de mi conciencia. Y la riada se nos llevará por delante más tiempo que nos pertenecía, más tiempo que nadie nos devolverá.
Y el martes... volveremos al trabajo. Y todo volverá a empezar.
Ayer hice una cuenta. Pongamos que el sábado vivimos unas 14 horas despiertos. Otras tantas el domingo. Y el viernes, saliendo de trabajar a media tarde, pongamos otras... diez horas?.
En total me salen 38 horas. 38 horas para vivir un fin de semana.
Me encantaría contaros que viví estas 38 horas a tope, con alegría, sin gritos, sin insultos, sin llantos, sin silencios eternos cargados de tensión, sin miradas huidizas, sin nervios a flor de piel, sin conversaciones repetidas una y mil veces... me encantaría contaros que fue un fin de semana estupendo, divertido, descansado y animado, donde hice muchas cosas que hace tiempo quería hacer, que disfrutamos...
Me encantaría, de verdad, creedme.
Me encantaría.
Pero no puedo.
Haciendo otra cuenta rápida, calculo que de esas 38 horas... las horas que hubo algo de tranquilidad, sonrisas y tequieros, serían unas... diez... no más. Quizá doce.
Doce horas de treinta y ocho.
Y las otras veintiseis? aquellas veintiséis horas de silencios, cabezas vueltas, gritos, nervios, insultos, algún golpe... qué pasa con aquellas horas? ¿alguien me podrá devolver alguna vez aquellas veintiséis horas?
No.
Jodido eh?.
Afortunadamente ya pasó... por mucha práctica que tenga siempre es muy duro, muy difícil, cada vez la tensión es más tensa, cada vez los nervios son más nervios, cada vez los gritos ahogan más al retenerlos en la garganta, cada vez el pulso se acelera más al no poder dar el manotazo en la puerta. Cada vez duele más. En todo el rato tengo la certeza de que pasará. Y no tardará mucho. Esta vez el problema ha sido la frecuencia y la cantidad, no la duración...
Je! Ojalá estuviera hablando de sexo.
Pero no.
Anoche otro amago. Controlado... sujetando las riendas con cuidado... hasta que esta mañana las aguas de nuevo calmadas...
Me siento como si andara por una cuerda, sin red, que atraviesa un barranco profundo. Y a veces sopla un viento racheado que hace que todo se balancee demasiado... y me da miedo caerme.
Sé que tengo que cruzar esa cuerda. Pero cada paso que doy, siento que me la juego.
Hoy es uno de esos días en que lo que me pide el cuerpo es mandarlo todo directamente al carajo. Pero sin ningún tipo de amargura, sofocación, ni griterío. Con suma tranquilidad, hasta lleno de paz diría yo, diría en un tono casi plano: "al carajo todo". Y acto seguido, lo mandaría todo.
Esta sensación de ser un bicho raro por tener la cabeza en mi sitio, los pies en el suelo, y unos principios profesionales y personales que no digo que sean perfectos, pero desde luego bien intencionados sí, y mucho... empieza a tocarme las pelotas de una forma considerablemente molesta. Como siga la cosa así me veo andando con las piernas separadas meciéndome de un lado a otro para no aumentar la hinchazón por rozamiento.
Vida personal y vida profesional. En estos tiempos todos estamos obsesionados con estos conceptos... vida personal y vida profesional.
Cuando la vida personal hace aguas, y no solo por lo que significa esa expresión, sino porque vivir durante años cada semana más de cuatro episodios de amargura, dolor, pena, llanto y sufrimiento en el ser que más quieres, y alguno de ira y furia, se hace muy muy duro. Rara es la semana que no aparece alguno de los dos.
Cuando la vida profesional te da puñaladas traperas, negandote el reconocimiento que te da quien no te paga, y construyendo desde la rumorología una imagen de ti demoledora y vergonzosamente falsa... pues uno se acuerda de la Campanario... la verdad.
Cuando una de las dos flaquea, siempre está la otra para refugiarse y apoyarse. Cuando las dos flaquean... lo que os decía: dan ganas de mandarlo todo directamente al mismísimo centro del carajo.
Porque estoy cansado de justificar mis decisiones. Estoy harto de escuchar juicios sobre mi trabajo emitidos por jueces con toga regalada, no ganada. Estoy cansado de tener que enderezar el timón que mis jefes tuercen, pero sin que se note mucho, porque te miran mal. Estoy harto de que con casi cuarenta años me sigan hablando como cuando tenía 25 años y entré en la empresa. Estoy harto de que a mi alrededor todo el mundo me felicite y me valore, pero que luego no se traduzca en absolutamente nada. Vacío. Falsedad. Mentiras.
Una vez un amigo me dijo que yo era como una especie de fuente positiva. Que contagiaba optimismo, que siempre veía el lado bueno de todo, que nunca flaqueaba ante nada, que todo lo afrontaba con buen ánimo y que eso lo contagiaba a quien se me acercaba. Me dijo que no lo aparento, pero que en cuanto se me conoce un poco resulta evidente.
Recuerdo aquella charla nocturna en aquel piso de estudiantes. Me impactó, porque venía precisamente del "amigo referente", ese que todos hemos tenido que parece eclipsarlo todo por su talento, y su liderazgo natural. Ese imprescindible en cualquiera fiesta, quedada o celebración.
Hoy tiendo a pensar que ya no soy tanto así. Me están convenciendo de que ya no transmito lo mismo. Y me entristece tan solo dudarlo.
Quizá los años de lucha erosionen más de lo que quiero aceptar. Y no me refiero al aspecto físico, sino al anímico. Quizá la mirada se ensombrece cuando has tenido que tirarte en las trincheras demasiadas veces. Quizá los ojos no brillan igual cuando han llorado por dentro tantas veces al ver sufrir tanto a quien menos sufrimiento le deseas. Quizá la sonrisa no brota con tanta intensidad cuando esa misma boca ha tenido que estallar de dolor, ansiedad y rabia muchas más veces de las que nunca hubiera pensado.
Porque, bien pensado... ¿qué tienen en común la vida personal y la vida profesional?... fácil: la vida.
Quizá es el momento de plantearse si la vida debe cambiar de dirección. Quizá es el momento de subir un poco la mirada y observar más allá de esos juececillos de pacotilla cuyo único mérito fue llegar antes que tú.
Quizá es el momento de dejarse de contemplaciones y mandar al carajo a quien me dé la gana.
Tenía ganas de escribir hace tiempo, pero el trabajo no me dejaba... Hoy sin embargo, cuando he llegado a mi puesto y he visto las cosas que tenía que hacer he vuelto a sentir esas ganas de escribir y me he dicho: