Si Dios tuviera un refrigerador, tendría tu foto pegada en el. Si El tuviera una cartera, tu foto estaría dentro de ella. El te manda flores cada primavera. El te manda un amanecer cada mañana. Cada vez que tu quieres platicar, El te escucha. El puede vivir en cualquier parte del universo, pero El escogió tu corazón. Enfréntalo, amigo: El esta loco por ti! Manda esto a cada "bella persona" que tu quieras que sea bendecida, y regrésalo a la persona que te lo mando. Dios no te prometió días sin dolor, risa sin tristeza, sol sin lluvia, pero El si prometió fuerzas para cada día, consuelo para las lagrimas, y luz para el camino
Existen las Almas Gemelas? Preguntaba una apoforista. Y me quede pensando...quisiera compartir estas reflexiones personales sobre el Amor que escribí..son reflexiones morales, que en algunas partes van mas allá del Amor de Pareja...
Hay un momento para todo y un tiempo para cada cosa
bajo del cielo: un tiempo para reír y un tiempo para llorar;
un tiempo para plantar y un tiempo para arrancar lo plantado.
Un tiempo para bailar y un tiempo para lamentarse;
un tiempo para hablar y un tiempo para callar;
un tiempo para dar y un tiempo para recibir...Amar no es mirarse el uno al otro; es mirar juntos en la misma dirección
Había una vez en España un hombre muy rico que habitaba un gran castillo cerca de una aldea. Quería mucho a sus vecinos pobres, y siempre estaba ideando medios de protegerlos, ayudarlos y mejorar su condición. Plantaba árboles, hacía obras de importancia, organizaba y pagaba fiestas populares, y en las Pascuas daba tantos regalos a los niños de la vecindad como a sus propios hijos.
Pero aquella pobre gente no amaba el trabajo, y esto los hacía ser esclavos de la miseria.
Un día el dueño del castillo se levantó muy temprano, colocó una gran piedra en el camino de la aldea, y se escondió cerca de allí para ver lo que ocurría al pasar la gente.
Poco después pasó por allí un hombre con una vaca. Gruñó al ver la piedra, pero no la tocó. Prefirió dar un rodeo, y siguió después su camino. Pasó otro hombre tras el primero, e hizo lo mismo. Después siguieron otros y otros. Todos mostraban disgusto al ver el obstáculo, y algunos tropezaban con él; pero ninguno lo removió.
Por fin, cerca ya del anochecer, pasó por allí un muchacho, hijo del molinero. Era trabajador, y estaba cansado a causa de las faenas de todo el día.
Al ver la piedra dijo para sí:
–La noche va a ser obscura, y algún vecino se va a lastimar contra esa piedra. Es bueno quitarla de ahí. Y en seguida empezó a trabajar para quitarla. Pesaba mucho, pero el muchacho empujó, tiró y se esforzó para hacerla rodar hasta quitarla de en medio. Entonces vió con sorpresa que debajo de la gran piedra había un saco lleno de monedas de oro. El saco tenía un letrero que decía: «Este oro es para el que quite la piedra.»
El muchacho se fué contentísimo con su tesoro, y el hombre rico volvió también a su castillo, gozoso de haber encontrado a un hombre de provecho, que no huía de los trabajos difíciles.
La vi, en la soledad de mi alma. Y enseguida supe que era un ser especial. Un alma sin doblez. Una maravilla del universo. Una joya preciosa, perdída desde hace tiempo en medio de la selva que es este mundo.
Mis ojos maravillados, no podían creer lo que veían. Pero estaba allí y era real. A veces hay personas asi, muy de vez en cuando. Personas que por ser lo que son, sencillamente, se hacen amar. Y se hacen amar de una manera pura y profundamente. Se hacen amar con respeto y delicadeza. Sin lascivia, ni libido. Se hacen amar pulcramente.
A la luz de la luna, la pensé muchas veces. Quizás como creyendo no merecerla. Porque en el fondo uno se siente culpable ante los ángeles. Por comparación se nota inmediatamente que no somos tan perfectos, y que aún nos falta mucho camino por recorrer. La pensé muchas veces, la pensé con la más absoluta humildad.
De vez en cuando hay personas asi, Personas que te ponen a pensar y pensar. Seres que se meten en tu corazón sin pedir permiso. Como si pertenecieran de por si a ese sitio. Y si, se metio en mi corazón como un polizón, a hurtadillas, a pies descalzos, y de puntillas.
Y lejos de correrla, le habrí las puertas para que pasara. Y lejos de asignarle una habitación común y corriente, le dí el mejor de los sitios de mi casa. Tal vez porque la felicidad consiste en sentir que esta clase de seres se siente completamente a gusto. Le dí la habitación real en el castillo que soy. Y retiré mi personalidad para hacer espacio. La recogí hacia mis adentros con ambas manos, acumulandola sobre mis propias faldas.
La luz de la luna, nos dió la paz que solo puede transmitir la mirada hacia el universo. Y allí, inmersos en las mas absoluta inmensidad, sentí la pequeñez de ese hecho como la más brillante maravilla que puede producir un ser humano. Y mirando las mismas estrellas, los mismos soles, y las mismas galaxias, tuve la sensación intima de estar tomado de su mano.
Agradezco muchas veces, esa sola experiencia. Y cada día, cuando miro la luna, la vuelvo a recordar. Quizas porque pretendo no olvidar nunca que el amor precisa siempre, la mejor estancia, la habitación real, el mejor lugar de uno mismo, para poder sentirse a gusto y hallar la felicidad. Acaso porque pretendo recordar, que las cosas más sencillas, son las maravillas mas grandiosas que hay.