Son poemas, poemas;
son los entusiasmos que para bien nos mienten,
los hundimientos siempre superables,
los errores que quizá no sean errores.
Es el motor de explosión «hombre»,
los fácil-felizmente caprichos sucesivos,
la melancolía con demoras sensuales,
unos versos, restos de cierta hermosa anchura.
Son los grandes gritos por pequeñas causas,
una amada, el deseo que al fin dice su nombre,
y una fecha, un lugar, un sobresalto:
Dios fotografiado al magnesio.
El brillante delirio de una rosa impalpable,
el yo que ahora resulta que realmente existe,
los mil fuegos cambiantes de un anhelo sin meta:
un ala retenida, pero que palpita.
Resbalo en mí mismo cambiando de nombre,
cambiando de forma, cambiando el futuro.
Es el amor —se entiende— o bien —no se entiende—
la libertad abierta: vivir de entregarse.
¿QUIÉN anda por el camino
esta noche, jardinero?
—No hay nadie por el camino…
—Será un pájaro agorero.
Un mochuelo, una corneja,
dos ojos de campanario…
—Es el agua, que se aleja
por el camino solitario…
—No es el agua, jardinero,
no es el agua… — Por mi suerte,
que es el agua, caballero.
—Será el agua de la muerte.
Jardinero, ¿no has oído
cómo llaman al balcón?
—Caballero, es el latido
que da vuestro corazón.
—¡Cuándo abrirá la mañana
sus rosadas alegrías!
¡Cuándo dirá la campana
buenos días, buenos días!
… Es un arrastrar de yerros,
es una voz hueca, es una…
—Caballero, son los perros
que están ladrando a la luna…
Mi sueño, por el mar condecorado,
va sobre su bajel, firme, seguro,
de una verde sirena enamorado,
concha del agua allá en su seno oscuro.
¡Arrójame a las ondas, marinero:
-Sirenita del mar, yo te conjuro!
Sal de tu gruta, que adorarte quiero,
sal de tu gruta, virgen sembradora,
a sembrarme en el pecho tu lucero.
Ya está flotando el cuerpo de la aurora
en la bandeja azul del océano
y la cara del cielo se colora
de carmín. Deja el vidrio de tu mano
disuelto en la alba urna de mi frente,
alga de nácar, cantadora en vano
bajo el vergel añil de la corriente.
¡Gélidos desposorios submarinos
con el ángel barquero del relente
y la luna del agua por padrinos!
El mar, la tierra, el aire, mi sirena,
surcaré atado a los cabellos finos
y verdes de tu álgida melena.
Mis gallardetes blancos enarbola,
¡oh marinero!, ante la aurora llena
¡y ruede por el mar tu caracola!
Llorando guerras o cantando amores,
la vida como en sueño se les pasa,
o como suele el tiempo a jugadores.
Son hechos los poetas de una masa
dulce, suave, correosa y tierna,
y amiga del hogar de ajena casa.
El poeta más cuerdo se gobierna
por su antojo baldío y regalado,
de trazas lleno y de ignorancia eterna.
Absorto en sus quimeras, y admirado
de sus mismas acciones, no procura
llegar a rico como a honroso estado.
Vayan, pues, los leyentes con letura,
cual dice el vulgo mal limado y bronco,
que yo soy un poeta desta hechura:
cisne en las canas, y en la voz un ronco
y negro cuervo, sin que el tiempo pueda
desbastar de mi ingenio el duro tronco;
y que en la cumbre de la varia rueda
jamás me pude ver sólo un momento,
pues cuando subir quiero, se está queda.
Pero, por ver si un alto pensamiento
se puede prometer feliz suceso,
seguí el viaje a paso tardo y lento.
Amor, como dios niño,
es vivo, inquieto, alegre;
y atrevido y artero
los peligros no teme.
De pecho en pecho vuela;
y ora rinde un rebelde,
ora un soberbio oprime
y ora un tibio enardece.
Así se goza y burla
y a un tiempo a todos prende.
De la inconstancia nace
y en la firmeza muere.
Ni el orden de las cosas
inmóvil es, que siempre
con sucesión süave
el cielo nos las vuelve.
Tras la rosada aurora
ya corre el sol fulgente,
mientras su negro manto
la ciega noche tiende.
Sigue al nubloso invierno
plácido abril, y cede
julio al opimo octubre,
corona de los meses.
Su aljófar cristalino
no solo el alba llueve
sobre la rosa, o sola
con el verano crece.
El valle que cubierto
se vio de escarcha y nieve,
loco ya con sus flores
nos descubre la frente.
Los chopos que desnudos
se quejan del diciembre,
y mustios y ateridos
los ojos nos ofenden,
bien presto coronados
de pompa y hoja verde,
nido a las dulces aves
en grata sombra ofrecen.