-¡Qué bien me sienta! ¿no te parece? -Vaya, de maravilla mujer, de maravilla. -Voy a probarme algo más, que no acaba de convencerme. -Vale, pero no tardes mucho, que… -¿Cómo que no tarde? -Pues porque no te hace falta mujer. Tú, con cualquier cosa estás estupenda -¡¡¡ Ya!!! Y yo, nací ayer… Pasan unos veinte minutos más y sale ella del probador con gesto triunfante: -¡Este, este es el conjunto que buscaba! ¿Tú que opinas? -Creo que… -Mejor no digas nada, porque sé que me vas a decir que me sienta fenomenal. Tú, con que salgamos a tiempo de ver el fútbol… -¡Que no mujer, que no! Ella se pone a danzar de aquí para allá ante el espejo. Le gusta la caída, lo esbelta que la hace, el tono de piel que le provoca. Es perfecto, piensa contenta. Gira para meterse en el probador y se ve de perfil: -¡Dios! -¿Qué pasa cariño? ¿Qué pasa ahora? -¿Por qué no me habías dicho que me hacía el trasero respingón? -¡Oh, vamos mujer, que tienes el trasero más bonito del mundo! -¡¡¡ Ya, claro, con tal de que nos vayamos prontito!!! - Mira, mejor que no me vuelvas a preguntar nada, ya que todo lo que te digo te molesta. -No, si no es eso, es que yo me veo y no me gusta que me mientas. -¿Has pensado que igual es que me gustas con todo, incluido tu trasero respingón? -Síii, pero, ¿entonces por qué me mientes? -¿Pero porqué dices que te miento? -Porque hay cosas que me sientan fatal y a ti te gustan porque quieres irte. -¿A ti te gusta el fútbol? -¡¡¡¡¡ Noooo!!!!! -Pues a mí, me pasa lo mismo con las compras. ¿Tú ves el fútbol conmigo y me das tu opinión? -No, claro, ¡vaya tontería! Si no me gusta, ni lo entiendo. -¿Y qué haces cuando lo hacen en la tele? -Esto se va pareciendo a un concurso de la tele, con tanta preguntita. -Dime, mujer, dime qué haces, anda… -Pues me marcho a la otra tele, o leo, o me voy con mis amigas a tomar un café y charlar. -¡Pues eso! -¡Pero tú también ves el fútbol con tus amigos! -No te j…¡porque a ti no te gusta! -Vaaale, vaaale, tampoco hace falta ser grosero. -¡Es que tienes unas cosas! -Mira vete a la cafetería mientras yo acabo y así tendremos la fiesta en paz.
Ella, se queda deambulando entre la ropa. Por fin, va a poder mirar tranquila. Ahora sí que podrá comprarse lo que le guste. Estos hombres, se empeñan en venir y en realidad no tienen ni pajolera idea de moda. Sus manos perciben un tacto único, un color majestuoso, una caída insuperable. Con la sonrisa abarcándole el rostro se marcha toda dispuesta hacia los probadores.