Cada individuo que trabaja cumple, con anónimo heroismo, una suprema norma de vida. La sentencia bíblica "ganarás el pan con el sudor de tu frente" no fue un castigo, fue la oportunidad y el medio para que cada persona y la humanidad se desarrolle y exprese. Dijo José Ingenieros:"Todo lo que es orgullo de la humanidad es fruto del trabajo. Lo que es bienestar y lo que es belleza, lo que es dignidad del hombre y decoro de los hogares y gloria de los pueblos, la espiga, el canto y el poema, todo ha surgido de las manos expertas y de la mente creadora". No es la suerte, sino la labor realizada con alegría y esperanzas, lo que hace triunfar a los hombres. Esta imprime carácter, revela actitudes, forja el espíritu. Sin trabajo no existe progreso individual ni social. Poseer un rol laboral facilita en el hombre un enfoque de si mismo como miembro productivo en la sociedad, le ayuda a mantener un estatus social, ayuda a respetarse a si mismo. Un hombre que no trabaja es presa fácil de la depresión y la angustia. Un hombre sin trabajo es un hombre vacío, desde el punto de vista de su realización personal, es un hombre sin posibilidad de llevar adelante su proyecto de vida. Por eso quiero terminar esta pequeña reflección basada en un texto del profesor David Viegas Barros, agradeciendo a Dios por todos aquellos que tenemos trabajo y pidiendo para que muy pronto lo tengan todos aquellos que así lo esperan FELIZ DÏA DEL TRABAJADOR