Descripción: La vida es una sola, hay que aprovecharla, disfrutar de los buenos momentos que nos brinda, reunirse con las personas que nos hacen bien y luchar o aprender de los momentos no tan lindos. Siempre tenemos que recordar lo hermoso de vivir.
Hace mucho que no escribo... Hoy de casualidad encontré este artículo, que me pareció interesante de compartir, espero es guste....
Ser feliz es una decisión consciente de elegir, aún durante experiencias de dolor, seguir amándonos. Decía el Padre Mateo Andrés, autor del libro Yo puedo ser otro y feliz que: "El que sufre mucho, se ama poco".
Hemos decidido liberarnos de la neurosis emocional que nos causa el desamor de otras personas. Sobre todo, cuando se nutre de nuestra propia autoestima baja. Amar es nuestra nueva visión, misión y propósito de vida. Ese amor acompañante comienza en nosotras, hacia nosotras, especialmente durante episodios de pérdidas de ilusiones.
Hemos decidido quitarle mérito al sufrimiento como estilo de vida. La resistencia personal a la experiencia del dolor aumenta su impacto. Sabemos que sufrir por lo mismo, y por demasiado tiempo, produce un bloqueo energético que nos drena y nos fija a situaciones de vida que no funcionan. Nuestra autoestima alta es determinante para re-inventarnos y decidir, soltar con el perdón, ese equipaje emocional sin sentido.
Además, integramos la práctica de nuestra fe en la creencia de que nunca la prueba será superior a nuestras fuerzas. El dolor siempre viene acompañado por bendiciones como consuelo, fortaleza y sabiduría. La confianza y seguridad están en sabernos parte de un plan de amor universal que no falla.
Crecer, sanar, perdonar y encontrarle siempre sentido a la vida, son elementos de la dinámica interna de las mujeres que buscamos evolucionar espiritualmente y ser felices, amando. Todas las experiencias de vida nos sirven para ser mejores personas y, desde nuestra superación, apoyar a otros.
Queridas lectoras, pensé en ustedes cuando leí estos pensamientos escritos por Ivette Rivera Morales. Los edité y se los presento como tema de reflexión. Creo que todas, en alguna medida, hemos avanzado por este proceso, antes de llegar a identificarnos y saber quiénes somos.
ALMA DESNUDA
Yo fui alma desnuda que buscó cubrirse el cuerpo con cualquier cosa en el externo para no sentir el frío interno.
Yo fui alma desnuda en pena necesitada de aprobaciones ajenas. Desconocía que mi alma solo deseaba mi calor para sentirse verdadera.
Yo fui alma desnuda hasta que probé descubrirme. Caminé por mi interior. Reconocí que mi valor es solo mío. Que quiero aprender a sanarme en amor.
Yo fui alma desnuda hasta que sentí mi interior. Fui alma desnuda que eligió curarse. Fui alma desnuda que eligió amarse.
Fui alma desnuda hasta que reconocí mi dolor viejo, seco, amargo. Decidí curarlo sintiendo y llorando
Ahora me apoyo en mí, soy tan mía como mi esencia. Ahora soy alma de amor propio, honestidad, pureza. Ahora soy alma repleta de vida, fe y abundancia. Ahora soy alma de amaneceres, ríos, mares y lluvia.
Ahora soy alma de fuerza nueva que siente, consuela, expresa, abraza y ríe. Ahora soy alma de comprensión, compromiso, realidad.
Ahora soy una, mi alma y yo las dos juntas en una misma mirada.
Si queremos vivir con salud integral, vamos a sanar el ego psicológico. Si desaprendemos su programación limitante, podemos hacer que nuestros pensamientos y emociones trabajen a favor de nuestra misión de amar.
En el encuentro con el alma, experimentamos una energía vigorizante que se llama gozo. Es la que nos transforma hasta sentir nuevamente la felicidad y la paz que anhelamos. Esa vivencia es mucho más que un pensamiento positivo; es una apreciación valorativa de toda nuestra vida que une mente, corazón y alma.
¿Es tu alma la fuerza interna que te inspira a amarte, tal cual eres?