Esta es una historia real, una de tantas historias de mi vida,
la escribo hoy, porque es algo que viene, como dándome vueltas desde hace tiempo en la cabeza y para ser muy franca, ya me tiene, con mucha rabia, pues pasó hace ya tantos años,
que debería estar sepultada, bajo muchísimas capas de olvido.
Tenia yo como 17 años, la piel lozana, la sonrisa abierta y feliz, cantaba todo el día
Y soñaba muuuuuuuuuucho, como sueñan las niñas a esa edad,
con ese príncipe azul, con el hombre perfecto (uf si!!!!jijiji).
Y créeme, que parece que un día lo encontré.
Era, en ese entonces, un chico hermoso, con la piel color canela Holliwood, una sonrisa que te contagiaba y esos ojos almendrados, que siempre he tenido ahí, como muy cerca, mirándome con esa picardía que tanto me gustaba y que me arrancaba a la vez grandes y excitadas carcajadas y un montón como de pequeños grillitos, saltando dentro de mi estómago.
Era sin duda un muchacho tierno, de palabras suaves y muy sinceras, parecía de miel esa voz suya, cuando hablaba y sus gestos que no olvido, lo mas bello elegante y sutil, que haya visto yo en la vida.
Claro, me pasó que de pronto me vi como envuelta en un extraño embrujo,
mi vida cambio de repente, los días comenzaron a ser todos de un color hermoso,
tenía yo como unas ganas inmensas, de cantar sin parar, la gente toda para mi era hermosa,
mi relación con el mundo parecía mejor.
Si, me había enamorado irremediablemente de MAG.
Nos hicimos novios y al igual que yo él parecía transportado al cielo.
Era un gran ser humano, fuerte, seguro trabajador y estudioso, se que me amaba de pura, pura verdad, me encantaba lo dócil de su carácter, que a la vez era muy determinado y maduro, para nuestra corta edad.
Fuimos muy felices durante el tiempo en que estuvimos juntos, nada alteraba el curso sosegado y tranquilo de esa relación tan bella, tan sin sobresaltos.
Ah, perooooooo, (mira salió un gran pero).
Aunque no lo creas y como pasa tan ridículamente en los novelones de la tele, sucede que yo era una niña sin muchafortuna, lo que podríamos llamar pobre, con apellidos muy comunes y silvestres y M A G, era todo lo opuesto a mi; así al menos lo pensaban sus papás, que se sentían de mejor familia, o que se consideraban la última Coca cola del desierto jijijijiji
Pues el señor padre de mi novio, no tenía títulos de nobleza, ni de estudios, ni cosa considerablemente importante que yo sepa, para sentirse el rey del mundo.