Y lo he intentado... aquellas frases que nos sacaron de quicio... o las palabras más hermosas, las eternas, las constantes...
Palabras, frases... momentos e ilusiones que tiramos, o que tiraste o que tiré... Como si no fueran hermosas, como si no nos hubieran dado tantas sonrisas, lágrimas, emociones en general.
Esa intensidad, que simplemente por haber salido de nuestras bocas nos hacen más reales y efímeros... nos hacen pasión y locura.
Y lo dejamos ir, lo sé...
Dijimos que lo haríamos por el bienestar del otro... por amor, por que era lo mejor...
...ambos sabíamos, desde entonces, que lo hacíamos por cobardes, por miedo a no volver a ser nosotros mismos... sin saber que somos más nosotros, más sinceros y ciertamente, somos eternos al estar uno al lado del otro.
Pensé que jamás llegaría al punto, en el que tendria que relatar de nuevo cómo me siento cuando estoy sola.
Porque no me siento sola. Tampoco me siento vacía. Me siento perdida.
Son estos los días en que el mundo no da abasto ofreciendo sitios para escapar. La cama se vuelve enemiga, junto con las almohadas, la frazada y todos los sueños que se ponen en mi contra.
Son días soleados y y aromáticos, que me dicen que la vida es bella, qye falta muco por descubrir, pero no... Estos no son mis días.
Mis días -paradójicamente- son esos días grises a tu lado. No desnudos, no alegres, no diferentes a los que paso sin tu compañía. Son días diferentes, no sé cómo definirlos.
Alguna vez te dije que no dejo de sentirme sola cuando estoy contigo, y es verdad. Pero es una soledad que se disfruta, porque sé que puedes hcerme sonreír.
Supongo que eso es lo que me hace falta. Esa sonrisa que me robas con alguna tontería. La sonrisa que me robas aún cuando estoy durmiendo.
Sñolo tú conoces ese sitio, en el que soy más obcura, más miserable. En el que soy yo misma sin ser lo que siempre he sido.
Porque tú posees las imágenes de mí misma siendo todo lo contrario a lo que presumo ser. Sólo tú me sabes igul que yo misma.
Somos ese poema que jamás me treveré a escribir.
Y para alimentar mi tristeza, para vaciar mi soledad al grado de muerte, soy nada en el mundo en el que hoy te encuentras.
Soy ese trozo de papel, ese ticket de cine, soy y seré -a partir de despedida- esa basurita regalada, ese momento que anotas en una libreta, me he convertido en ese recuerdo que se guarda en un cajón al que se le pone llave y nadie -ya nunca- va a reclamar.