Descripción: Mi vida, mis sueños... que para el caso es lo mismo... mi vida es un sueño, una esperanza... y estoy dispuesta a compartir unas pequeñas piezas de este puzzle con todos vosotros, por si acaso un día despierto...
Brilla tibio el sol en el frío cielo de invierno que congela mis pensamientos; a mi lado se sienta mi sombra que insiste, incansable, en tomar ese café que engañe a mis escasas horas de sueño... yo sonrío, el sol está cansado y me dejará a solas por un momento, sé que mi sombra tiene miedo a la oscuridad... A lo lejos canta un pájaro, un villancico quizá; y en la calle empiezan a encenderse las luces de lo que queda de Navidad... Y yo, en mi ventana, buscando cualquier excusa para no decir adiós una vez más... Un año nuevo se acaba, un año nuevo se va...
Dicen que hay un lugar allí donde acaba el horizonte, donde escapan las palabras que quedaron por decir y a donde se pierden las miradas en busca de un sueño... un lugar donde las estrellas brillan como nunca y el cielo se viste de luces de color; donde los árboles se tiñen de blanco y las ilusiones se visten de rojo; un lugar donde los calcetines se llenan de caramelos y los sueños entran por la chimenea; un lugar donde el aire huele a champagne, las calles suenan a panderetas y la vida sabe a mazapán.... quizá aquel lugar se llame Navidad...
Ya ves, soy tu amiga invisible, más amiga y más invisible que nunca... te elegí entre tantos nombres por tantos sueños compartidos, por esas promesas de seguir adelante sin mirar atrás a sabiendas de que no las cumpliríamos, por esas sonrisas de complicidad, por tantas diferencias en nuestras vidas y, sin embargo, tantas similitudes en los sentimientos... Niña, tienes un algo especial que embelesa, que te hace reina de todo aquello que te rodea y hoy lo sé más que nunca... Te he espiado (jeje), ya ves, para poder darte lo que más necesitabas y he encontrado palabras, instantes, emociones que aún me quedaban por descubrir... al final el regalo me lo has hecho tú a mí... Se supone que este es un regalo de Navidad, pero quince días se me quedan cortos para desearte todo lo mejor... por eso dejaré los calendarios y los protocolos aparte para desearte una vida llena de “noches de paz y de amor”... y mi mejor consejo: siempre ES EL MOMENTO para ser feliz... Te quiero muchísimo, tanto que seguro que mi cariño llega hasta Sevilla, hasta la puerta de tu casa y hasta tu corazón... ya que llega hasta allí, le encargaré un mandaillo: que te de un montón de besototes de mi parte, so guapa!!!
Podría llorar desnuda lamentando cada milímetro de mi piel y arrancarme el corazón en un suspiro, aferrarme al instante en que las mentiras eran el recuerdo que me daba la esperanza, encerrarme en una habitación oscura y convencerme a mí misma de mi soledad, perderme en un millón de preguntas y no encontrarme en ninguna respuesta, arrojar la vida en algún rincón del sofá donde un día te esperaba, escribir mil palabras de amor sin sentido y seguir destruyendo mi alma... Pero hoy el cielo está de buenas, las estrellas me susurran canciones y la luna me piropea... Qué bonita es la vida cuando bailas con ella, qué bien sientan las sonrisas cuando son verdaderas...
Escribo desde algún lugar del silencio donde las palabras son demasiadas... El olvido borró los recuerdos y hoy el cielo se me escapa de las manos... Los relojes no se detienen a mi paso y ahí sigo, caminando entre el futuro y el pasado; sin más dolor que lo absurdo, sin más sueños que los olvidados... Y sonrío, ¿qué puedo hacer? Aprendí, quizá demasiado, pero suficiente... ¿Qué más puedo pedirle al dolor?... Las lágrimas me quedan demasiado grandes; el recuerdo, demasiado lejos... Todo va bien, esa es la triste realidad, con la que me tengo que conformar y seguir caminando sin preguntarme por qué, sin mirar hacia atrás...